ATLÉTICO DE MADRID
Marc Pubill, un fichaje estratégico: "El fútbol termina pagando"
El egarense se ha consolidado, a base de trabajo y resiliencia, como una pieza clave para el Cholo en el Atlético

Marc Pubill y Jude Bellingham durante la semifinal de la Supercopa de España / Kai Forsterling
Marc Pubill (Terrassa, 2003) es un claro ejemplo de resiliencia y perseverancia. De no bajar nunca los brazos pese a la adversidad. Porque, tarde o temprano, su momento iba a llegar... y tendría que estar preparado. Y vaya si lo estaba. Traía semejante talento de casa. No sorprende en absoluto que Diego Pablo Simeone se esté frotando las manos al ser partícipe de su brutal impacto en el Atlético de Madrid.
El camino, como el de tantos otros, no fue de rosas. Antiguo deseo culé tras exhibirse en el Almería y colgarse el oro en París 2024, puso rumbo a la capital el pasado verano para unirse al ambicioso proyecto rojiblanco a cambio de 16 millones de euros. En la cúpula atlética aún no lo sabían, pero acababan de invertir los mejores 16 millones de su vida en un chico que, meses después, demostraría su enorme potencial y se asentaría en el once del Cholo.
Intocable
No hay quién lo mueva de ahí. Nadie le regaló nada. Se lo ganó a pulso. Seis partidos consecutivos jugándolo todo. De central... o de lateral. Donde le pongan. A priori, el egarense era un lateral con mucha proyección, pero Simeone lo visualizó como un central fiable con y sin balón. Y no se equivocó.
Tiene un buen juego aéreo, planta, velocidad y una impecable salida de balón. Supo ver el Cholo que tenía mucho más potencial en el eje que en el carril, pues goza de esa personalidad y valentía necesarias para sacar el balón jugado desde atrás, de agresividad sin él y de la colocación y/o el instinto para defender a campo abierto.

Marc Pubill, con Simeone detrás de él. / AFP7 vía Europa Press
Es un futbolista especial. De esos que entran rápidamente por el ojo. Pese a la derrota, firmó un excelso partido ante un Real Madrid que vive de las transiciones. Empezó de central, formando pareja con Hancko, y terminó el encuentro de lateral derecho, ocupando el sitio natural de un Marcos Llorente que ocupó zonas interiores, haciendo honor a sus inicios. No le pasó factura el desgaste físico de una emocionante eliminatoria, pues no retiró el pie del acelerador en ningún momento.
"Esperó su momento"
“Cuando llegó era lateral derecho, pero siempre le dije que lo veía más como central por el sector derecho, como un central ‘stopper’. Lo íbamos a trabajar”, desgranó Simone en 'Movistar+' a finales de diciembre. “Esperó su momento, trabajó con humildad, con dedicación, sabiendo que sus condiciones eran importantes. No tuvo la oportunidad antes porque había compañeros que lo estaban haciendo muy bien”, añadió, poniendo en valor su predisposición pese a su secundario rol de inicio.
“Esto ya lo vivimos con Moyá cuando llegó Oblak. Había una inversión importante, pero Moyá siguió jugando porque estaba rindiendo. El fútbol termina pagando a los que trabajan y esperan”, concluyó. Marc entendió su rol, no dejó de trabajar y, cuando llegó su hora, respondió. Tiene 22 años y un brillante futuro por delante.
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