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Los veterinarios coinciden: el fallo común en la educación que aumenta la agresividad de los perros y compromete la seguridad del hogar

Muchos dueños lo repiten sin saberlo, pero corregirlo a tiempo puede marcar la diferencia entre un perro equilibrado y uno con problemas de conducta

Perros

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Ramón Gutiérrez

Ramón Gutiérrez

La vida con un perro puede cambiar de un día para otro cuando empiezan a aparecer comportamientos que no encajan: gruñidos, desconfianza o una actitud más tensa de lo habitual. Aunque a veces sorprenden, estos cambios rara vez son casualidad y suelen estar ligados a cómo se le ha educado desde el principio.

Veterinarios y expertos en comportamiento coinciden en señalar un error bastante extendido que termina afectando al bienestar del animal y a la convivencia en casa. Es más común de lo que parece… y muchos dueños ni siquiera son conscientes de que lo están cometiendo.

Veterinarios advierten

Muchos dueños caen sin darse cuenta en el mismo fallo: corregir al perro a base de gritos, castigos o métodos que buscan imponer miedo. Lejos de ayudar, ese tipo de trato crea justo lo contrario de lo que se pretende.

El animal empieza a vivir en tensión, pierde la seguridad y deja de confiar en quien debería ser su referencia. Cuando se siente constantemente amenazado, no entiende, se defiende. Y ahí es cuando aparecen reacciones agresivas que, en realidad, son fruto del miedo y la inseguridad acumulados.

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Quienes trabajan a diario con el comportamiento canino insisten en algo que a menudo se malinterpreta: un perro no actúa “mal” por querer imponerse o desafiar. Detrás de muchas de esas conductas hay miedo, frustración o, simplemente, confusión porque no tiene claro qué se espera de él.

El problema llega cuando la respuesta humana se basa en el castigo o la intimidación. En lugar de corregir, eso coloca al animal en un estado de tensión constante, como si siempre tuviera que estar en guardia.

Con el tiempo, ese estrés acaba pasando factura: su sistema nervioso se altera y cualquier situación cotidiana puede convertirse en el detonante de una reacción desproporcionada.

Desde la etología canina se entiende que castigar puede funcionar como un “freno” inmediato: el perro deja de hacer lo que está haciendo en ese instante. Pero ahí se queda todo. No aprende qué debería hacer en su lugar, ni se aborda la causa real de ese comportamiento, que es donde está el problema de fondo.