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¿Tu vecino pasea al perro sin bozal en zonas comunes? La ley puede jugar a tu favor

Qué hacer si un vecino tiene a un perro de una raza que lo requiere sin bozal en zonas comunes.

Perro paseando en el exterior

Perro paseando en el exterior

Álex Pareja

Álex Pareja

Un problema habitual en muchas comunidades de vecinos es ver cómo algunos propietarios sacan a sus perros sin bozal en las zonas comunes del edificio, a pesar de que en algunas razas sea obligatorio. La duda entre muchos vecinos es si esto está permitido o si se puede reclamar.

Un respaldo legal para los vecinos

Aunque la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) no establece reglas específicas para la tenencia de animales ni menciona expresamente el uso del bozal, su artículo 7.2 sí condiciona la convivencia al respeto y al uso adecuado de los espacios comunes, prohibiendo actividades molestas, nocivas o peligrosas para la finca y los residentes.

Esto abre la puerta a que los vecinos que se sientan amenazados puedan apelar a este artículo para exigir el uso del bozal en zonas comunes. Eso sí, siempre y cuando el perro forme parte de las razas obligadas o pueda demostrarse que supone un peligro, de lo contrario, el perro puede ir sin él.

A esto se suma la Ley de Bienestar Animal, que obliga a los propietarios a evitar que sus mascotas causen molestias, ruidos o generen peligros a las personas y otros animales, reforzando así la idea de que un perro que requiere bozal no debería circular sin él en áreas compartidas.

Además de estas leyes, los estatutos de cada comunidad juegan un papel importante, pues pueden contener normativas concretas respecto al uso del bozal, medidas para la tenencia responsable o reglas sobre la circulación de mascotas en las zonas comunes.

Si no hay una regulación clara, lo recomendable es tratar el asunto en junta vecinal y llegar a un acuerdo colectivo. Así, aunque no exista una norma explícita que prohíba llevar al perro sin bozal en los espacios comunes, la legislación vigente y el sentido común respaldan a quienes quieran velar por la seguridad y tranquilidad del edificio.

Mantener el control y respetar las normas es fundamental para evitar conflictos y garantizar una convivencia armoniosa en la comunidad, incluyendo a nuestras mascotas.