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NAVIDAD

El truco de una pescadera para descongelar el marisco esta Navidad

¿Planeando la cena navideña con marisco? El consejo que nos da María Eugenia con el marisco no tiene desperdicio.

Marisco en una pescadería

Marisco en una pescadería

Álex Pareja

Álex Pareja

La Navidad se acerca y el marisco se posiciona como uno de los reyes indiscutibles de las mesas festivas, con familias que compran sus piezas antes de las fiestas para no quedarse sin sus favoritos en el último instante. En este caso, ¿cómo es mejor descongelar el pescado?

Cómo descongelar el marisco estas fiestas

María Eugenia, experimentada pescadera de la plaza de Lugo en A Coruña, revela el secreto para que el marisco cocido recupere esa textura jugosa y natural: basta con sacarlo del congelador temprano la mañana de Nochebuena y dejarlo descongelar a su ritmo, listo para disfrutar directamente sin complicaciones.

Para el marisco crudo, el método cambia radicalmente: introdúcelo congelado en agua hirviendo y retíralo tras unos minutos para un cocinado perfecto que preserve toda su esencia. Centollas y nécoras van idealmente cocidas al congelador, mientras que cigalas, bogavantes o camarones se congelan vivos y se cuecen al momento para maximizar la frescura.

Esta estrategia permite adquirir el producto con semanas de antelación, esquivando aglomeraciones, subidas de precios y escasez, como confirma Puri, otra placera local que nota cómo las compras antes de los días clave suelen ser más habituales con el paso de los años.

Desde hace generaciones, centollas, nécoras, langostinos, percebes y bogavantes copan los menús navideños por su intenso sabor y su estatus de delicatessen, convirtiendo las cenas navideñas en auténticos rituales gastronómicos que unen a la familia alrededor de unos platos bien sabrosos.

Esta costumbre, arraigada en la cultura española especialmente en regiones costeras como Galicia, eleva el marisco a símbolo de celebración, con un consumo que multiplica por diez el del resto del año según patrones habituales de las fiestas.

Congelarlo con antelación no solo asegura disponibilidad ante la fiebre compradora (que suele agotar existencias días antes), sino que, bien ejecutado, mantiene esa frescura sin necesidad de compras de última hora.