Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Consumo

El truco invisible de los supermercados para que compres más (y casi nadie lo nota)

Además, tampoco encontrarás relojes en la mayoría de supermercados

Supermercados

Supermercados

David Cruz

David Cruz

Cuando entras a un supermercado, es muy habitual perder la noción del tiempo, y siento decir que esto no es fruto del azar, sino que forma parte de una estrategia cuidadosamente diseñada que combina psicología del consumo, eficiencia operativa y rentabilidad comercial. Porque detrás de cada decisión, hay un estudio.

¿Por qué no hay ventanas en la mayoría de supermercados?

Comencemos hablando de un detalle que probablemente no habrás analizado: desde el punto de vista logístico, las paredes ciegas permiten aprovechar cada metro cuadrado. Sin ventanas, se pueden instalar estanterías de suelo a techo, ampliar el surtido de productos y maximizar el rendimiento del espacio.

Además, también hay razones de seguridad: un perímetro completamente cerrado reduce puntos vulnerables, complica robos y facilita la vigilancia interna. Aunque es cierto que en el último año han aumentado un 60% los robos en supermercados españoles.

Aunque algunos supermercados más pequeños empiezan a incorporar ventanas por motivos de imagen y sostenibilidad, suelen hacerlo en zonas concretas como entrada o cajas. Porque sin ventanas, el supermercado controla mejor el tiempo, la atención y cuánto compramos.

La eficiencia energética es otro motivo de peso: fachadas sin ventana facilitan el mantenimiento de una temperatura estable en un espacio con muchas cámaras frigoríficas, congeladores y lineales de frío que funcionan de forma continua.

Además, si eliminamos referencias temporales, el cliente no percibe si anochece, está lloviendo o hace buen tiempo. Esta desorientación temporal favorece estancias más largas y recorridos más pausados, lo que incrementa la probabilidad de compras impulsivas como ya han comprobado diversos estudios sobre el comportamiento del consumidor.

A ello se suma el control absoluto de la iluminación. La luz artificial permite resaltar productos estratégicos como frutas, verduras, panadería o carnes, empleando temperaturas de color que los hacen parecer más frescos y apetecibles. Con luz natural, esto se acaba perdiendo.