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ECONOMÍA

Este será el futuro de las pensiones en 2045 y 2070 según el economista Manuel Álvarez: "Entra la generación del 'baby boom' y el enfoque a 20 años es insuficiente"

La entrada de la numerosa generación nacida entre 1957 y 1977 en la jubilación incrementará notablemente el número de pensionistas, alcanzando un máximo de 17,3 millones de pensiones alrededor de 2055, ejerciendo una fuerte presión sobre el gasto

Manuel Álvarez Economista

Manuel Álvarez Economista

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

La viabilidad del sistema público de pensiones está entrando en una nueva etapa marcada por un cambio en la forma de proyectar su futuro. La clásica mirada puesta en los próximos 20 años, con horizonte en 2045, ha sido sustituida por un análisis mucho más amplio, que se extiende hasta 2070, siguiendo las recomendaciones de instituciones como la Unión Europea y la AIReF.

El economista Manuel Álvarez, en su obra Pensiones: La promesa rota, alerta de que evaluar el sistema con cálculos a corto plazo es insuficiente ante la próxima jubilación masiva del ‘baby boom’ y las grandes diferencias en las previsiones demográficas y de productividad que existen entre organismos.

Un horizonte de análisis que se queda corto

Durante décadas, los estudios sobre la Seguridad Social se centraron en un plazo de dos décadas, en gran parte influenciados por el Pacto de Toledo, que alcanzará los 30 años de vigencia en 2025. Sin embargo, la entrada en edad de jubilación de una generación tan numerosa como la del ‘baby boom’, unida al rápido envejecimiento de la población, obliga a adoptar una perspectiva mucho más extensa.

No haber evaluado de forma sólida períodos más largos, según Álvarez, ha limitado la capacidad de realizar un debate serio sobre la sostenibilidad real del sistema en el futuro. Por ello, hoy tanto la Seguridad Social como la AIReF y la Unión Europea apuestan por un análisis a largo plazo a través del Ageing Report, un informe clave que pretende evitar decisiones centradas solo en el presente, como incrementos inmediatos del gasto o recortes de cotizaciones, que puedan comprometer la estabilidad financiera.

El Ageing Report elaborado por la Comisión Europea constituye el documento principal para coordinar las políticas económicas y medir la salud del sistema de pensiones. Sus previsiones son esenciales, pues evalúan cómo afectará el envejecimiento no solo al gasto en jubilaciones, sino también al mercado laboral, los servicios sanitarios y el crecimiento económico de los próximos años.

Retos principales: productividad, migración y esperanza de vida

Aunque las proyecciones hasta 2070 son necesarias, también están sujetas a una incertidumbre elevada, ya que dependen de variables que pueden cambiar de manera drástica. Álvarez señala que, pese a que las previsiones demográficas, como alcanzar los 16 millones de personas mayores de 65 años, coinciden entre el INE y Eurostat, hay otros elementos que siguen siendo meras hipótesis.

La Seguridad Social prevé que la productividad aumente alrededor de un 1,5% anual, lo que permitiría un crecimiento constante del PIB. El economista considera que esta expectativa carece de suficiente base, dado que es imposible predecir cómo influirán la tecnología, las nuevas formas de trabajo o los acontecimientos geopolíticos en el mercado laboral.

Las estimaciones sobre la llegada de población extranjera muestran enormes diferencias entre instituciones. Calcular los flujos migratorios a medio siglo vista resulta muy incierto, ya que depende de decisiones políticas, ciclos económicos o conflictos internacionales. A ello se suma la longevidad, donde algunas proyecciones europeas anticipan una esperanza de vida mayor que la contemplada por organismos nacionales, lo que elevaría el gasto futuro en pensiones.

Otro factor determinante es la posibilidad de que los trabajadores retrasen voluntariamente su retiro. Aunque esto favorecería la sostenibilidad, la Seguridad Social considera que el efecto de la reforma será moderado. Para 2050 se espera que solo un tercio de los trabajadores se retire a los 65 años (frente a la mitad actual), mientras que la mayoría lo hará a los 67, lo que limitaría el impacto sobre la edad efectiva de jubilación.