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El rincón de Barcelona con las dos fuentes más antiguas de la ciudad: pasear por sus calles medievales es recorrer las huellas del pasado romano

El barrio Gótico de Barcelona esconde este maravilloso rincón que nos traslada hasta la vida de hace siglos.

Font de Sant Just, en Barcelona

Font de Sant Just, en Barcelona

Álex Pareja

Álex Pareja

Barcelona esconde rincones donde el agua sigue fluyendo desde hace siete siglos, y el barrio Gótico concentra dos de sus fuentes más antiguas: la Font de Santa Anna y la Font de Sant Just. Estas joyas medievales, rodeadas de callejuelas empedradas y vestigios romanos del siglo I, convierten cualquier paseo en un viaje histórico.

No son simples fuentes, sino testigos vivos de cómo los barceloneses medievales aseguraban el suministro de agua en una urbe que crecía sobre las ruinas de la antigua Barcino. Entre plazas y fragmentos de muralla, caminar por aquí permite tocar parte de esta historia con las manos.

Font de Santa Anna, del siglo XIV

En la calle Cucurulla, esta fuente del 1356 presume de ser la decana de la Barcelona que todavía permanece activa. Cerca del antiguo Portal de l'Àngel, servía a los viajeros y a sus monturas, con su caño central brotando agua que servía para la vida diaria.

Reformada en 1918 con azulejos modernistas del ceramista Josep Aragay, conserva su esencia gótica bajo la fachada del Reial Centre Artístic. Pararse ante ella es imaginar caravanas de comerciantes medievales saciando su sed, o los habitantes próximos recolectando su agua diaria.

Font de Santa Anna, en Barcelona

Font de Santa Anna, en Barcelona / Viquipèdia

Font de Sant Just, un milagro medieval

A pocos pasos, en la plaza de Sant Just, la fuente de 1367 rinde homenaje a una leyenda local. Se dice que Joan Fiveller halló un manantial milagroso en Collserola, salvando a la ciudad de la sed durante una crisis, y allí se erigió este monumento para conmemorar tal hazaña.

Con caños neoclásicos tras su restauración en el sgilo XIX, sigue ligada a la basílica de los Santos Justo y Pastor. Sus máscaras pétreas y el rumor del agua evocan a la Barcelona gótica, cuando estos tres chorros de agua abastecían a todo un barrio.

De Barcino al Gótico entre callejones

El verdadero encanto surge al perderse por las calles que unen estas fuentes: en la plaza del Rei asoman restos del palacio real medieval sobre el subsuelo romano, con columnas del templo de Augusto visibles en el Carrer del Paradís.

En Regomir o Ciutat, afloran tramos de la muralla del siglo I y puertas como la del Mar, mientras el Pati Llimona revela baños termales de la Barcino imperial. Plazas como la dels Traginers mezclan lienzos visigodos con torres medievales, creando un mosaico temporal único en la ciudad.