SALUD
Los psicólogos coinciden sobre los efectos de vivir en una isla: "Existe un fenómeno relacionado con cómo el aislamiento geográfico puede influir en la manera de pensar, sentir y relacionarse"
¿Sabías que vivir en una isla puede acabar influyendo en la persona que eres?

Un lugar idílico en una isla espectacular / Jean-Bernard ADOUE
Alguna vez en nuestras vidas, muchos hemos pensado en la posibilidad de vivir en una isla remota, buscando la tranquilidad y la calma que no se encuentran en las grandes ciudades. Vivir en una isla se suele asociar con tranquilidad, playas y una mejor calidad de vida.
Sin embargo, varios expertos en salud mental llevan años advirtiendo de que el entorno insular también puede tener efectos emocionales menos visibles a primera vista y que pueden marcar definitivamente quién eres.
Psicólogos especializados explican que existe un fenómeno conocido como 'isleñidad psicológica' que está intrínsecamente relacionado con el impacto que puede generar el aislamiento geográfico en la forma de pensar, sentir y relacionarnos con los demás.
Se trata de un 'efecto' que no afecta a todos por igual, que puede provocar sensaciones de encierro, agotamiento emocional o necesidad constante de escapar a otros destinos.

Es Pujols, Formentera / SPORT.es
Una de las pioneras en hablar de esta consecuencia es la psicóloga Inmaculada de la Hera, quien asegura que "hay islas que se parecen a un abrazo y otras que, con el paso del tiempo, empiezan a parecerse más a una frontera física". Según explica, el mismo entorno que para algunas personas transmite calma y pertenencia, puede ser para otras una sensación de límite permanente.
La falta de anonimato es uno de esos factores que más influye. En territorios pequeños, donde vecinos y rutinas se repiten constantemente, algunas personas sienten que están siempre expuestas y que resulta imposible desconectar del entorno social.
"No siempre pesa la soledad. A veces pesa no poder desaparecer nunca", destaca la especialista. Imagina querer estar tranquilo un par de día y tener siempre a un conocido cerca tuyo.
La rutina constante y la percepción de pocas oportunidades también pueden aumentar la ansiedad o la irritabilidad, sobre todo entre jóvenes, perfiles creativos o personas que atraviesan momentos muy complicados. Es lo que se conoce como 'fiebre insular', una sensación de cansancio mental acompañada de una necesidad urgente de abandonar el lugar similar al 'burnout' en el trabajo.
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