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El psicólogo Sergi Rufi desmiente el mito: Ser sensible es una fortaleza en lugar de ser un problema

Reprimir tus emociones puede hacerte mucho más daño de lo que imaginas

El psicólogo y autor Sergi Rufi.

El psicólogo y autor Sergi Rufi. / RTVE

David Cruz

David Cruz

Quizás el nombre de Sergi Rufi no te diga nada, pero este docente e investigador en la Universidad de Barcelona y autor del libro 'Abiertos a sentir'.

Ahora es noticia por sus palabras en La Voz de la Salud acerca de las emociones. Aunque muchas veces pensamos que reprimirnos es preferible a expresar lo que sentimos, estamos equivocados.

Sergi Rufi, doctor en psicología y terapeuta con más de 26 años de experiencia, lo dice así: "la sensibilidad se vive mal casi siempre, pero no es una debilidad, es una fortaleza", asegura el especialista.

En dicha entrevista, el experto asegura que la sensibilidad es la capacidad de sentir y conectar con las emociones básicas: alegría, tristeza, rabia y miedo. El problema surge cuando estas emociones quedan reprimidas: "la rabia no expresada se convierte en violencia o culpa y el miedo reprimido en fobia".

Desde pequeños, aprendemos a ocultar lo que sentimos para adaptarnos socialmente. Pero ese aprendizaje, útil en la infancia, se vuelve dañino cuando somos adultos: "nuestras emociones están directamente ligadas a nuestras necesidades y a nuestro sentido vital. Si no las escuchamos, perdemos la dirección", afirma.

La neurociencia respalda esta visión. Rufi explica que las decisiones no se toman desde la razón, sino desde la parte emocional del cerebro, incluso segundos antes de que la mente racional sea consciente. "La sensibilidad es nuestra brújula interior y uno de los mejores centros de decisión que tenemos", señala.

El psicólogo también defiende el valor del llanto y de la rabia bien gestionada. Llorar, lejos de ser una señal de debilidad, es una forma saludable de liberar carga emocional. Y la rabia, cuando se expresa sin violencia, permite poner límites y proteger la dignidad personal.

Para Rufi, aprender a vivir la sensibilidad sin culpa es clave para una vida más auténtica, empática y coherente con lo que realmente somos.