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ECONOMÍA

Niño Becerra, economista, lanza una advertencia demoledora sobre la vivienda: "Sabemos cómo acabó"

Comprar o alquilar una vivienda en España se ha vuelto cada vez más difícil

Santiago Niño Becerra

Santiago Niño Becerra / Guillermo Mestre

Andrea Riera

Andrea Riera

Santiago Niño Becerra, economista español y catedrático de Estructura Económica en el Instituto Químico de Sarriá de la Universidad Ramón Llull de Barcelona desde 1994, se ha pronunciado sobre la vivienda a través de la red social X (antes Twitter).

Comprar o alquilar una vivienda en España se ha vuelto cada vez más difícil. Los precios suben sin parar y muchos hogares ven cómo su sueldo apenas alcanza para cubrir el alquiler, mientras otros gastos básicos como luz, gas o comida también aumentan.

Según los últimos datos del Observatorio de Vivienda Asequible, impulsado por Provivienda, revelan que la propiedad de la vivienda está cada vez más concentrada. En 2025, de las 24,2 millones de viviendas, más de 22 millones pertenecen a personas físicas, pero un 24 % de los propietarios tiene más de una vivienda y controla casi la mitad del parque residencial.

Aunque solamente un 0,2 % de grandes tenedores posee más de diez viviendas, su influencia sobre precios y oferta es enorme.

El economista alerta de que esta situación podría tener consecuencias históricas: "No sé. Da la sensación de que en España, con la vivienda hoy, lleva camino de suceder lo que ocurrió con la tierra en los siglos XVIII y XIX. Y ya sabemos cómo evolucionó aquello".

El experto recuerda que, en esa época, la tierra estaba concentrada en manos de nobles, la Iglesia y grandes terratenientes, mientras la mayoría de la población debía alquilarla o trabajarla, pagando precios altos y con pocas posibilidades de mejorar su situación.

Becerra teme que la vivienda siga un camino parecido, con inmuebles cada vez más pensados para invertir y acumular riqueza que para vivir. Y los datos lo confirman: un 20 % de los españoles vive de alquiler, y desde 2007 la cifra ha aumentado en casi 3,5 millones.

Los arrendadores suelen tener ingresos hasta 2,5 veces superiores a los de los inquilinos, según el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA), lo que evidencia una creciente brecha económica.