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El monasterio paranormal: las monjas denuncian ruidos, presencias y teclados que van solos

El programa 'Código 10' ha recogido diversos testimonios

Monjas de Belorado

Monjas de Belorado

Adrià Regàs

Adrià Regàs

Muchas personas afirman haber vivido alguna vez situaciones que rozan lo paranormal. Movimientos poco comunes, ruidos extraños o la sensación de notar una presencia son algunos de los casos más denunciados. Y, ahora, las monjas de Belorado han contado sus curiosas experiencias en el monasterio de Derio (Vizcaya).

Los hechos han sido relatados en el programa 'Código 10', y la exabadesa Laura García de Viedma ha explicado que, desde el 2011, año en el que llegaron al convento, repararon en cuestiones que no suelen ocurrir. "Las hermanas estaban muy enfermas, fue un dato que nos dejó atentas a los que podía pasar. Los trabajos que no terminaban de tirar, se abandonaban cosas... En Derio cuesta todo mucho".

De Viedma ha declarado que una de las hermanas más mayores expresaba que nunca "había tenido paz en este sitio", y otras monjas habían experimentado momentos de miedo que generaban nerviosismo y problemas para dormir. En el año 2017, algunas cuentan testimonios inquietantes. "Me hablaban de visiones del demonio o 'alguien había puesto la mano fría en la espalda', o 'me han agarrado por la noche'".

Algunas hermanas se plantearon abandonar el monasterio estaban cada vez más incómodas, y todo explotó en el año 2020. "Se abrió el infierno", afirma de Viedma, y asegura que una monja "notó la presencia de un demonio intentando abrir la puerta por la fuerza, moviendo el picaporte... ella resistió rezando. La presencia desapareció, pero la dejó afectada".

El portavoz de las monjas de Belorado, Franscisco Canals, ha ofrecido más datos. "Las monjas relatan escenas como risas nocturnas o tijeras que se movían por la mesa". Además, cuentan que esas presencias entraron a través de sus dispositivos electrónicos, ya que se les abrían páginas con representación gráficas del demonio y los teclados se accionaban solos.

Las monjas acudieron al arzobispo Mario Iceta para contarle estos sucesos, y le pidieron la práctica de un exorcismo para expulsar al demonio del monasterio. Finalmente, otros exorcistas sostuvieron que la mejor opción era abandonar el convento.