Entrevista de verano
Entrevista de verano | Goyo Jiménez Monologuista
Goyo Jiménez, humorista: "Quiero disfrutar de la Champions con el Betis"
Entre escenarios y platos, el popular cómico atiende a SPORT para reflexionar sobre los límites del humor, la responsabilidad de hacer reír y una pasión por el Betis que heredó de su padre
Goyo Jiménez (Melilla, 1970) lleva más de dos décadas siendo uno de los grandes referentes de la comedia en España. Monologuista, actor, guionista y presentador, alcanzó la popularidad gracias a sus monólogos sobre Estados Unidos, aunque su trayectoria abarca teatro, televisión, cine y radio. En plena gira de su nuevo espectáculo, América Forever: The final refrito, recibe a SPORT para repasar su carrera, la situación del humor y, como no podía ser de otra manera, la pasión que lleva dentro de 'su' Betis.
Hola, Goyo. Gracias por estar con SPORT. ¿Cómo va todo?
Me doy con un canto en los dientes. Soy muy afortunado: tengo un trabajo que me apasiona y la gente me demuestra cariño. No soy especialmente ambicioso; hay que dejar a los demás un poco de felicidad.
Monologuista, guionista, actor, presentador… Ha hecho de todo. ¿Qué le falta a Goyo Jiménez?
Pelo, aparte de pelo (ríe). También he sido exfutbolista.
Cuéntenos esa etapa como futbolista.
Jugaba mucho de pequeño. Empecé como defensa central porque era muy alto y después acabé como delantero clásico, de bajar el balón y asistir. Un día marqué un hat-trick y mi padre me dijo: «¡Qué chiripas has tenido!».
¿Cuál fue la máxima categoría a la que llegó?
Juveniles Provinciales. Eran otros tiempos. Si eras buen estudiante y decías que querías ser futbolista, tus padres se preocupaban. Hablo de Albacete y de una generación con chavales que después llegaron a Primera, como Catali.
Tras la pandemia entendí que hacer reír puede aliviar
¿Cómo recuerda sus inicios en la comedia?
Nunca quise ser específicamente cómico. Mi sueño era ser escritor o ilustrador. Hice teatro contemporáneo, clásico y trabajé en la compañía de La Fura dels Baus, pero todo acababa llevándome al humor. El salto llegó gracias a Javier Veiga, compañero de la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático) y presentador de El Club de la Comedia. Me vio haciendo el ganso en un bar y me dijo: «Tenemos que hacer un programa de esto». Estaba centrado en el teatro, pero la televisión se me daba bien.
En mi vida cotidiana soy bastante serio, aunque todos esperan que el cómico sea siempre gracioso. Es una profesión de la que nunca desconectas. Somos como los médicos o los sacerdotes: estamos de servicio las veinticuatro horas.
¿Es casi un trabajo social?
Sí, es vocación. Antes hacía humor para llamar la atención, como hacemos de jóvenes. Tras la pandemia entendí que hacer reír puede quitar la angustia a la gente. Desde entonces pienso más en los demás. El público invierte tiempo, ilusión y dinero, y tú debes estar a la altura. Quien va a ver una comedia espera reír; si no lo logras, sientes que has fallado. Esa es la tensión del comediante.
¿Cuáles fueron sus referentes?
Gila fue imprescindible. Descubrí el stand-up gracias a 'Punchline', una película con Tom Hanks que recomiendo para entender este oficio. En España admiraba a Gila, Pepe da Rosa, Faemino y Cansado o Rosa Maria Sardà. Fuera, a George Carlin, Richard Pryor, Jerry Seinfeld o Joan Rivers. Después he trabajado con referentes como José Mota, Florentino Fernández, Miki Nadal o Pablo Motos. Es bonito compartir profesión con quienes admirabas.
Ahora arranca gira con América Forever: The final refrito ¿Lidera también los famosos 'remakes' de Hollywood pero en los monólogos de nuestro pais?
Siempre me ha fascinado Estados Unidos, más desde lo estético que desde lo político. Ninguna cultura se ha vendido al mundo como la estadounidense. Han construido una épica tan poderosa que incluso ellos han acabado creyéndosela. Después de más de veinticinco años haciendo espectáculos sobre el país pensé en preparar un recopilatorio, pero preferí reescribir gran parte del material. El humor necesita sorpresa: si conoces el final de un chiste, pierde fuerza. El espectáculo ha quedado casi nuevo y todas las funciones han agotado entradas. Es una satisfacción enorme.

Goyo Jiménez durante una actuación / GOYO JIMÉNEZ
Desde su primer espectáculo sobre Estados Unidos, ¿cree que el país ha cambiado mucho?
Ha cambiado muchísimo y, con él, todo el mundo. Lo que cambia allí acaba llegando al resto del mundo. Las transformaciones sociales, desde los debates sobre la identidad hasta la cultura 'woke', han modificado los arquetipos del humor. Ya no puedes contar las cosas igual. Hay que adaptarse y aprovechar los cambios. Nunca he creído que cualquier tiempo pasado fuera mejor; simplemente, era más antiguo. Pasa también con el fútbol: ahora los futbolistas son atletas, hoy el delantero es el primer defensa, el portero juega adelantado y el nivel físico es mayor. La especie que sobrevive es la que se adapta antes.
¿También ha cambiado su manera de hacer humor?
Muchísimo. No me gusta verme en mis inicios porque no tenía la técnica ni la experiencia de ahora. Sobre los límites del humor, la clave está en cómo se dicen las cosas. Se puede hablar de cualquier tema si seduces, convences y no impones. El humor exige sensibilidad.
¿Ha cambiado también el espectador? Se dice que ya no se puede hacer humor como antes.
No lo veo como algo negativo. La cultura es sofisticada y evoluciona, lo mismo con el humor. El espectador cambia y pide propuestas más elaboradas, somos tendientes a la sofisticación. A mí me pasó con El Quijote: de niño no lo soportaba y me daba asco; años después me propusieron hacer el personaje... Las cosas llegan cuando tienen que llegar.
¿De dónde nace su fascinación por Estados Unidos?
Siempre me ha encantado el cine. Mis recuerdos de infancia es ver cine con mi padre y el cine americano me marcó. Después entendí que cuando hablaba de esos arquetipos la gente reaccionaba. Todos conocemos al juez al que despiertan de madrugada o al héroe que se saca una bala y sigue corriendo. Esos tópicos me sirven para hablar de la realidad a través de esta visión hiperbólica que tienen ellos.
¿Conocen su trabajo en Estados Unidos?
Sí, sobre todo el público hispano. He actuado en Nueva York y muchos estadounidenses se sorprendían al reconocerse. Yo les decía que ellos también tienen una imagen estereotipada de nosotros.
Antonio Banderas es un gran ejemplo...
El problema no es interpretar a alguien de otra nacionalidad, sino construir el personaje solo desde el tópico.
La improvisación está muy de moda. Los 'Impro Show' son el claro ejemplo. ¿Se pierde la esencia del monólogo escrito?
Cada artista debe hacer lo que quiera y el público decidir. La improvisación tiene muchísimo mérito, pero es distinta al stand-up tradicional. Son formatos diferentes y ambos requieren trabajo. Es fácil decir que cualquiera puede hacerlo; lograr que una sala entera se ría es otra cosa.
Estuve en la despedida de Xavi antes de marcharse a Catar
Cada vez más humoristas como tu dan el salto al cine. ¿Cómo vive ese cambio?
Para mí hacer cine es como escribir un libro: le tengo muchísimo respeto y siento cierto síndrome del impostor. No creo que porque se me dé bien el teatro tenga que hacer cine automáticamente. Es como pedirle a quien toca el violín que se ponga con el piano. Estoy muy bien en el teatro. Si me llaman para un personaje que me permite explorar otra faceta, voy encantado. Lo último que hice fue interpretar a un tipo desagradable, lo contrario de lo que hago en escena. Eso conecta con mi faceta de actor. He rechazado proyectos que no me convencían. A mis 56 años ya no necesito perseguir la gloria ni el reconocimiento. Cada compañero debe hacer su camino; cada uno tiene sus reglas.
¿La industria del cine ve bien ese salto por parte del mundo de la comedia?
Hace poco hablaba de ello con Álex de la Iglesia y Santiago Segura. Al final decide el espectador. Pensamos que alguien tiene más derecho por llevar años en un oficio, pero después llega una persona con talento y triunfa. En este trabajo solo vale lo último que haces. Es como el fútbol. Puedes haber sido una leyenda y que las nuevas generaciones apenas sepan quién eres. Soy amigo de Bernd Schuster y mucha gente joven ya no lo recuerda. Dentro de unos años ocurrirá con Xavi, Iniesta o Busquets. Es ley de vida: no puedes afersrarte al pasado. Pasa igual con la inteligencia artificial. Intentar frenarla es ponerle puertas al mar. Lo importante es adaptarse y sacar lo mejor de cada cambio.
¿Qué relación tiene con el deporte?
Siempre ha sido muy cercana. Además de ser del Betis, he actuado para el Barça. Estuve en la despedida de Xavi antes de marcharse a Catar: con Messi, Neymar Luis Suárez... Fue inolvidable. También actué en la boda de Andrés Iniesta. La mitad de los invitados eran manchegos y la otra mitad catalanes, así que me venía perfecto. Estuve sentado al lado de Joan Laporta y me reí lo que no está escrito.
¿Alguna anécdota que pueda contar?
Lo que pasó se queda allí (entre risas). Pero sí recuerdo con mucho cariño la boda de Andrés Iniesta. Fue una actuación muy divertida y pasé una noche estupenda compartiendo mesa con Joan Laporta y hablando de fútbol y del Barça.
¿Cómo vive esta etapa del Betis y el regreso a la Champions?
Quiero disfrutar de la Champions con el Betis, aunque también cierto respeto. Lo único que espero es que no pase como la última vez que la jugamos, cuando hicimos un gran partido contra el Chelsea, pero acabamos con medio equipo lesionado y aquello terminó costándonos la temporada. Fue una auténtica victoria pírrica. Espero que esta vez la plantilla sea lo suficientemente amplia para competir en todas las competiciones sin dejarse la vida en ello.
Como bético, creo que donde realmente podemos aspirar a ganar es en la Copa del Rey. La Liga exige una regularidad enorme y la Champions es otra dimensión. Ahí el objetivo debe ser disfrutar, llegar lo más lejos posible y hacer felices a los aficionados, pero siempre con cabeza y sin hipotecar el resto de la temporada.
¿Cuál ha sido su referente futbolístico?
Del Betis, Cardeñosa. Era demasiado pequeño para recordar aquel fallo contra Brasil, pero a mi padre le marcó mucho. Siempre me han gustado los centrocampistas: Busquets, Xavi e Iniesta me parecen extraordinarios. El fútbol funciona cuando funciona el centro del campo.
Recuerdo una conversación con Luis Aragonés en la COPE. Bernd Schuster decía que podías pedirle un pase y ya lo había visto antes de que terminaras la frase, pero que Xavi veía otro que nadie había imaginado. Esa es la grandeza de los grandes centrocampistas. Y, por supuesto, Messi. Entiendo el debate con Cristiano Ronaldo, que es magnífico, pero para mí Messi está en otra dimensión.
Hace unos años el Betis reconoció su carrera invitándolo al estadio. Aquello debió de ser un sueño...
Sí. Además, acababa de fallecer mi padre, así que fue muy emocionante. Estuve con Gordillo, Joaquín y Borja Iglesias, con quien me llevo muy bien y a quien deseo toda la suerte del mundo. Visitar el Benito Villamarín con mi camiseta, mi nombre y el dorsal fue increíble. Todavía hoy, cuando lo recuerdo, se me pone la piel de gallina.
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