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Expertos en entrenamiento y en longevidad coinciden: "No puedes entrenar con 45 años como con 25, porque tu cuerpo no se recupera igual"

El experto explica por qué la recuperación del cuerpo cambia con la edad y cómo adaptar el entrenamiento para seguir progresando sin aumentar el riesgo de lesiones

Hombre descansando del entrenamiento

Hombre descansando del entrenamiento

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Cada vez son más los especialistas que insisten en que el entrenamiento debe adaptarse al paso del tiempo. Aunque mantenerse activo sigue siendo una de las mejores decisiones para la salud a cualquier edad, la forma de hacerlo no puede ser exactamente la misma a los 45 años que a los 25.

La capacidad de recuperación del organismo cambia, las responsabilidades del día a día aumentan y el cuerpo responde de forma diferente a los estímulos físicos, por lo que seguir entrenando como décadas atrás puede convertirse en un error.

Sobre esta cuestión reflexionó recientemente Eduardo Barrecheguren durante una conversación con Oriol Roda, compartida en un reel de Instagram extraído de uno de sus pódcasts. Preguntado por qué discurso tradicional sobre el entrenamiento de fuerza considera que ya no se ajusta a personas de mediana edad, Barrecheguren fue contundente: "No puedes entrenar con cuarenta y cinco como con veinticinco porque tienes muchos más estresores en tu vida y porque tu cuerpo no recupera igual".

Mujer mayor entrenando el equilibrio

Mujer mayor entrenando el equilibrio / 5

Con esta afirmación, el experto pone el foco en un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido. El rendimiento físico no depende únicamente del entrenamiento o de la alimentación, sino también del contexto en el que vive cada persona. A partir de cierta edad es habitual acumular una mayor carga laboral, responsabilidades familiares, menos horas de descanso y niveles de estrés superiores, factores que afectan directamente a la capacidad de recuperación tras el ejercicio.

Precisamente esa recuperación es uno de los pilares sobre los que se construye la mejora física. Si el organismo necesita más tiempo para reparar el tejido muscular y adaptarse al esfuerzo realizado, mantener la misma intensidad, frecuencia o volumen de entrenamiento que en la juventud puede incrementar el riesgo de fatiga acumulada, lesiones o incluso provocar un estancamiento en el progreso.

Pareja en el gimnasio

Pareja en el gimnasio / Sport

Barrecheguren también destacó que este cambio de mentalidad resulta especialmente complicado para quienes ya practicaban deporte de forma intensa cuando eran jóvenes. En sus palabras, "lo más difícil" es aprender a aceptar que aquello que antes funcionaba ya no tiene por qué seguir siendo la mejor opción. En lugar de intentar replicar entrenamientos del pasado, considera que es preferible adaptar la forma de ejercitarse a la nueva realidad física y personal de cada individuo.

Según explicó, muchas personas siguen intentando alcanzar las mismas marcas, mover los mismos pesos o entrenar con la misma frecuencia que hace veinte años, pese a que las circunstancias han cambiado por completo. Esa resistencia a modificar los hábitos puede generar frustración cuando el cuerpo ya no responde de la misma manera. En cambio, aceptar esa evolución permite encontrar métodos de entrenamiento más sostenibles y compatibles con una buena salud a largo plazo.

Entrenamiento de hombre fuerte en el gimnasio

Entrenamiento de hombre fuerte en el gimnasio / Freepik

El experto también lanzó un mensaje dirigido a quienes comienzan a entrenar por primera vez en edades más avanzadas. En su opinión, uno de los errores más habituales consiste en compararse con personas mucho más jóvenes o intentar seguir rutinas diseñadas para ellas. Cada etapa de la vida presenta unas condiciones físicas distintas y, por tanto, también requiere objetivos y estrategias diferentes.

Su recomendación pasa por no fijarse en lo que hacen quienes tienen veinte años menos, ya que cuentan con otra capacidad de recuperación y unas circunstancias completamente distintas. En lugar de buscar rendimientos difíciles de igualar, la prioridad debería ser construir una rutina adaptada a las necesidades individuales, progresando de forma gradual y respetando los tiempos que necesita el cuerpo.

El mensaje compartido por Eduardo Barrecheguren coincide con el de numerosos profesionales del entrenamiento y la longevidad: envejecer no significa dejar de hacer ejercicio ni reducir las aspiraciones deportivas, sino entender que el cuerpo cambia con el paso de los años.

Adaptar la intensidad, priorizar la recuperación y abandonar las comparaciones con etapas anteriores o con personas más jóvenes puede ser la clave para seguir obteniendo beneficios del entrenamiento durante décadas, minimizando el riesgo de lesiones y favoreciendo una práctica física más saludable y sostenible.