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Entrará en vigor: La UE cambia las normas y pagará automáticamente a los españoles que reciclen su ropa

Europa prepara un cambio en la gestión de residuos textiles que obligará a modificar cómo se recicla la ropa y podría traducirse en incentivos económicos para los ciudadanos

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su comparecencia

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su comparecencia / NICOLAS TUCAT / AFP

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Ramón Gutiérrez

Ramón Gutiérrez

Durante años, reciclar ropa ha sido más un gesto simbólico que una solución real. Mientras toneladas de prendas terminan acumulándose en vertederos o enviadas a otros países bajo la etiqueta de “donaciones”, la Unión Europea quiere cambiar por completo la forma en la que se gestionan estos residuos.

Para ello, ha comenzado a probar un sistema de contenedores inteligentes capaces de identificar la ropa depositada y recompensar económicamente a los ciudadanos que participen en el reciclaje textil. España formará parte de este proyecto piloto, que busca incentivar una práctica que hasta ahora apenas tenía impacto entre la población.

Te pagarán por aquella ropa que ya no uses

La idea nace dentro del proyecto europeo TexMat y busca cambiar por completo la manera en la que se gestionan los residuos textiles desde el primer paso. El sistema plantea la instalación de contenedores inteligentes capaces de identificar automáticamente cada prenda que se deposita en ellos.

Gracias a un análisis de su composición, estado y calidad, el dispositivo decidirá si la ropa todavía puede tener una segunda vida en el mercado de reutilización o si, por el contrario, debe destinarse al reciclaje para recuperar materiales y fibras.

Prendas de ropa en una tienda

Prendas de ropa en una tienda / SPORT

La necesidad de soluciones así queda reflejada en los datos más recientes de la Unión Europea. En 2022 se generaron cerca de 6,94 millones de toneladas de residuos textiles, lo que equivale a unos 16 kilos por persona.

Sin embargo, solo una pequeña parte se recogió de forma separada para intentar reutilizarla o reciclarla. La mayoría terminó mezclada con basura doméstica y acabó en vertederos o incineradoras, evidenciando las limitaciones del sistema actual.