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SUCESOS

Conchita Pedrós, ingeniera industrial, analiza el accidente de los trenes en Adamuz: "A esas velocidades, la frenada es imposible"

El último balance oficial confirma 39 fallecidos y más de un centenar de heridos

Estado de uno de los trenes siniestrados entre cuyos restos investiga la Guardia Civil

Estado de uno de los trenes siniestrados entre cuyos restos investiga la Guardia Civil

Andrea Riera

Andrea Riera

El pasado domingo, un tren de alta velocidad de Iryo que viajaba de Málaga a Madrid sufrió un grave accidente a su paso por Adamuz (Córdoba). El convoy, en el que viajaban 317 personas, descarriló por la parte final del tren poco antes de las ocho de la tarde, invadiendo la vía paralela por la que circulaba otro tren con destino a Huelva, que también acabó fuera de la vía.

El último balance oficial confirma 39 fallecidos y más de un centenar de heridos, 73 de ellos hospitalizados, con 24 en estado grave, incluidos menores. Mientras continúan las labores de emergencia y la investigación, los expertos coinciden en que se trata de un suceso muy poco habitual en la red ferroviaria.

Álvaro Fernández de Heredia, presidente de Renfe, ha asegurado en RNE que el accidente no se debió a un fallo humano, ya que "el propio sistema corrige" cualquier error del maquinista. También ha descartado un exceso de velocidad, porque el tren circulaba "por debajo del límite del tramo", y ha apuntado a un posible problema del material de Iryo o de la infraestructura.

La ingeniera industrial Conchita Pedrós, miembro de la junta del Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya, ha hablado con 'El Periódico' y ha explicado que el descarrilamiento podría haberse producido por un cambio de agujas, un punto especialmente sensible de la infraestructura ferroviaria: "Normalmente no pasa nada, pero aquí se han juntado varias circunstancias".

Entre ellas, menciona una posible alineación no completamente perfecta de la aguja y un estado de la rodadura del tren que, aun estando dentro de los parámetros correctos de funcionamiento, no sería óptimo. La combinación de ambos factores podría haber provocado que algunos vagones acabaran saliendo de la vía, aunque insiste en que se tratan de "elucubraciones técnicas preliminares".

La ingeniera ha comentado que, en un escenario así, no hubo margen para que los sistemas de seguridad actuaran a tiempo: "A esas velocidades, la frenada es imposible en cuestión de segundos; el tren se lo encuentra encima".

Pese a la gravedad del accidente, Pedrós defiende que la alta velocidad en España funciona correctamente y considera que se trata más bien de una cadena de mala suerte y de una sucesión de acontecimientos extremadamente poco frecuentes.