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SALUD

Byung Chul Han, filósofo coreano: “La depresión es porque sufrimos excesiva positividad”

El Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades analiza el concepto de la depresión en la sociedad

Byung-Chul Han, filósofo, sobre el problema de la sociedad de la depresión

Byung-Chul Han, filósofo, sobre el problema de la sociedad de la depresión / SPORT.es

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

Byung-Chul Han es uno de los filósofos contemporáneos más influyentes, conocido por sus breves y afilados ensayos que diseccionan la vida en la era del capitalismo digital. Aunque nació en Corea del Sur, se formó en Alemania, donde estudió Filosofía, Literatura y Teología tras abandonar sus estudios de metalurgia. 

Recientemente fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 por su capacidad para interpretar los retos de la sociedad tecnológica. 

En su obra 'La sociedad del cansancio', el filósofo Byung-Chul Han propone una reflexión que ha generado amplio debate: cada época presenta sus propios males, y en la nuestra predominan los problemas relacionados con la salud mental. La sociedad del cansancio analiza la patología de la sociedad contemporánea, caracterizada por la autoexplotación y el agotamiento crónico debido a una presión incesante por el rendimiento y el éxito. “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre de un exceso de positividad”, sostiene. Para Han, no se trata de un trastorno aislado del individuo, sino de un reflejo de un modelo social que empuja constantemente a rendir más, mejorar y aparentar felicidad.

La sociedad del rendimiento

El pensador alemán explica que hemos pasado de un modelo disciplinario, donde la autoridad externa imponía límites, a una sociedad del rendimiento, en la que la presión se internaliza. Ya no necesitamos un supervisor que controle o castigue: nos autoexigimos y nos explotamos voluntariamente. En este escenario, la positividad se convierte en una obligación más: debemos ser productivos, eficaces, felices y optimistas, aunque cuerpo y mente nos indiquen lo contrario.

Esta presión por mostrarse siempre positivo deja escaso margen para la frustración, la tristeza o el agotamiento. Cada experiencia debe ser interpretada como una oportunidad de crecimiento personal. Las redes sociales refuerzan esta lógica al exhibir únicamente los logros y la parte agradable de la vida, ocultando los fracasos, el dolor y la vulnerabilidad. Así, se genera una negación sistemática de emociones consideradas negativas, que en realidad son parte esencial de la experiencia humana.

Cuando las personas no logran alcanzar este estándar de felicidad constante, el peso de la culpa recae sobre ellas mismas. No se permite descansar, detenerse ni mostrarse vulnerables; cualquier debilidad se percibe como un fallo individual. Esta dinámica provoca un agotamiento emocional crónico y un desgaste mental que, a largo plazo, puede derivar en depresión. En este sentido, la enfermedad no surge únicamente de factores internos, sino como respuesta a un entorno que exige siempre más.

Una ansiedad social

Para Han, el problema no es la actitud positiva per se, sino su absolutización. La idea de que todo es posible y que debemos ser capaces de afrontarlo todo elimina los límites humanos y convierte la fragilidad en una debilidad. Esta positividad excesiva desplaza los momentos necesarios de reflexión, pausa y cuidado personal, esenciales para mantener la salud mental.

El filósofo advierte que la depresión funciona como una señal de alarma. Indica que vivimos en una sociedad que no acepta la vulnerabilidad ni el sufrimiento como parte natural de la vida. La incapacidad de tolerar la debilidad humana genera un entorno donde el descanso, la contemplación y la conexión emocional quedan subordinados a la productividad.

Asimismo, Han señala que este fenómeno está profundamente vinculado al consumo de las tecnologías digitales y las redes sociales, que refuerzan la necesidad de mostrarse feliz y exitoso. La vida virtual se convierte en un escaparate de logros y emociones positivas, generando presión y comparaciones constantes que alimentan la ansiedad y la sensación de insuficiencia.