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SALUD

Boris Cyrulnik, psiquiatra: "A los 60 años ya no podemos engañarnos: el cuerpo y la memoria hablan al mismo tiempo"

Interesante reflexión la de este neuropsiquiatra y experto en resiliencia

Boris Cyrulnik, psiquiatra

Boris Cyrulnik, psiquiatra

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David Cruz

David Cruz

Que no te engañen. Cumplir 60 años es mucho más que sumar simplemente décadas. Y lo ha explicado recientemente muy bien el reconocido neuropsiquiatra y experto en resiliencia Boris Cyrulnik, quien asegura que esta etapa obliga a enfrentarse a una verdad que durante años muchas personas consiguen aplazar: el cuerpo, la memoria y las emociones dejan de ir por separado.

"A los 60, ya no podemos engañarnos. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación", explica el especialista francés, una de las voces más influyentes en el estudio de la llamada resiliencia psicológica.

Su reflexión ha reabierto (una vez más) el debate sobre cómo cambia la forma de afrontar la vida cuando ya somos personas mayores.

La teoría de Cyrulnik pare de una idea muy clara: la resiliencia no consiste en olvidar el dolor, sino en aprender a reconstruirse después de que se haya producido.

El psiquiatra conoce muy bien ese proceso porque lo vivió en primera persona. Perdió a sus padres durante la II Guerra Mundial y convirtió esa experiencia traumática en el centro de su investigación sobre la capacidad que tiene el ser humanos de recomponerse emocionalmente.

Ejercicio en personas mayores

Ejercicio en personas mayores / Sport.es

Según explica ahora, cuando cumplimos los 60 años se produce un punto de inflexión. Muchas certezas acumuladas durante años empiezan a perder fuerza.

El trabajo deja de definir completamente la identidad y las prioridades cambian casi sin darse cuenta. Lo importante es encontrar el equilibrio emocional y sentido personal.

El experto sostiene que algunas heridas tardan décadas en cicatrizar. Por eso insiste en que la resiliencia no es una meta concreta, sino un proceso continuo que acompaña toda la vida. Quienes han aprendido a convivir con sus dificultades suelen afrontar mejor esta etapa, mientras que quienes evitaron mirar sus problemas pueden sentirse más vulnerables cuando el ritmo vital disminuye.