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Álvaro (39 años), viviendo solo en un pueblo: "Mi padre me contaba muchas anécdotas de cuando venía de pequeño en verano, que todavía vivía mi bisabuelo, y él amaba mucho esta tierra"

Álvaro mantiene viva la memoria de su familia y lucha por conservar un enclave abandonado desde los años sesenta, donde aún resisten casas, objetos y relatos que forman parte de la historia rural de España

Álvaro en su pueblo de Asturias

Álvaro en su pueblo de Asturias / Archivo

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Mariona Carol

Mariona Carol

En una de las zonas más deshabitadas de Asturias, entre pueblos cubiertos por la vegetación y viviendas que llevan décadas sin un solo residente, Álvaro, de 39 años, ha decidido impedir que el lugar donde creció su abuela desaparezca para siempre.

Volvió hace seis años por motivos laborales y, desde entonces, se convirtió en el único habitante del pueblo. En su canal de YouTube @hilux_aventura, dedicado a pueblos olvidados y lugares abandonados, muestra las ruinas y la historia del enclave que intenta mantener vivo.

Álvaro recuerda las anécdotas que su padre le contaba de los veranos en los que visitaban al bisabuelo, un hombre profundamente ligado a aquella tierra. Ese vínculo familiar es el motor que lo ha llevado a quedarse y a trabajar para que el pueblo no desaparezca.

El objetivo: conservar lo que queda

Álvaro no vive allí solo por nostalgia. Su propósito es claro: mantener el acceso por carretera, asegurar el suministro de agua y permitir que quienes visiten el lugar puedan disfrutarlo. En el vídeo explica cómo era llegar de pequeño, cuando el pueblo ya estaba abandonado: debían dejar el coche en el pueblo superior y bajar andando con mochilas, víveres y cámping gas para pasar unos quince días. Una aventura que marcó su infancia.

Álvaro en su pueblo de Asturias

Álvaro en su pueblo de Asturias / Archivo

Su padre soñaba con tener algo propio en el pueblo. Compró una propiedad, contrató a trabajadores de la zona y utilizó materiales locales para construir una casa que replicara la del bisabuelo, como homenaje familiar. Aunque solo pudo disfrutarla unos años antes de fallecer en 2018, Álvaro decidió mudarse para cuidarla y mantener vivo ese legado.

Una casa de 1794 llena de historia

La vivienda familiar, construida en 1794, conserva objetos que son auténticos tesoros del pasado: gramófonos, baúles de piel de cocodrilo traídos de América, un diploma universitario de 1906, periódicos de la Segunda República con la noticia de la muerte de Thomas Edison y un banco de carpintería original.

También se mantienen intactas habitaciones con camas de hierro forjado, armarios y sombreros que no se han movido desde mediados del siglo XX, cuando las últimas familias abandonaron el lugar.

Álvaro en su pueblo de Asturias

Álvaro en su pueblo de Asturias / Archivo

La escuela que nació de una historia de amor

Entre los edificios más significativos del pueblo destaca la antigua escuela. Su origen es peculiar: una maestra de un pueblo cercano buscaba trabajo y, al llegar, descubrió que la plaza ya estaba ocupada. Terminó cruzando el monte y llegó al pueblo donde vivía el bisabuelo de Álvaro. Él se enamoró de ella y, para evitar que se marchara, mandó construir una escuela para que pudiera ejercer su profesión. Con el tiempo, el centro acogió a numerosos alumnos de los pueblos de alrededor.

Álvaro cuenta que aún hoy algunos de esos antiguos estudiantes, ya ancianos, le dicen que asistieron a clase en aquella escuela levantada por amor.

La historia de Álvaro refleja la realidad de muchos pueblos españoles que guardan relatos extraordinarios pero que se desvanecen con el paso del tiempo. Gracias a personas como él, la memoria de estos lugares sigue viva y continúa teniendo quien la cuide, la cuente y la preserve.