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TRABAJO

Adiós a tomar café en el trabajo: el Gobierno propone un polémico cambio con la reducción de la jornada laboral

La nueva reforma sobre la ley laboral genera un intenso debate aún sin resolver

Imagen de Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo

Imagen de Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo

Ramón Baylos

Ramón Baylos

La reducción de la jornada laboral es uno de los asuntos que más debate ha generado en los diferentes entornos de trabajo, desde los que se han señalado ventajas e inconvenientes a partes iguales en base a lo dictaminado por el Gobierno.

El quid de la cuestión es que este último trabaja en una propuesta para reducir la jornada laboral semanal de las 40 horas a las 37 horas y media. Algo que se haría llevando un control mucho más estricto de las horas que un empleado pasa en su puesto de trabajo.

Esto último se haría a través de un sistema digitalizado que ha generado mucha controversia por un motivo muy concreto: no solo hará falta fichar al entras y al salir de trabajar, sino en cualquier interrupción que se haga en la jornada.

Los más escépticos con este nuevo sistema señalan que esto podría suponer el adiós a las pausas por el café durante la jornada laboral, dado que también habría que señalizarlas con este nuevo procedimiento.

Esto último se haría con el objetivo de contabilizar las horas reales que el empleado estaría trabajando a lo largo de la semana. En este sentido, si una persona pierde varios minutos de su jornada con este tpo de interrupciones, debería recuperarlos de alguna manera.

Algo que también va en la otra dirección con el objetivo de establecer una vigilancia má exhaustiva en relación a las horas extra con tal de que las empresas no abusen de las mismas y queden reflejadas de manera óptima.

En este mismo sentido, el Gobierno exigirá multas de entre 1.000 y 10.000 euros por cada empleado que haya trabajado más horas de las que se estipula en su contrato, lo cual constaría como una protección extra para el gremio de los trabajadores.

No obstante, es evidente que nos encontramos ante una medida que está generando mucha controversia al respecto: el café de la mañana se ha convertido en un ritual imprescindible en muchos entornos laborales, y alterar su naturaleza probablemente genere más descontento de lo que cabría esperar.