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El día que la Penya rompió su maleficio

La Penya ganó los dos partidos de la final
La Penya ganó los dos partidos de la final | sport

"Ahora ya no somos un equipo de perdedores como dicen", exclamaba un exaltado José Antonio Montero el 28 de marzo de 1990 instantes después de que el Joventut derrotara por 96-86 al Scavolini y se proclamara por segunda vez campeón de la Copa Korac. "Hemos demostrado que somos capaces de ganar una gran final", apuntaba Jordi Villacampa mientras Juanan Morales reivindicaba que la Penya era "un equipo tan grande como hace un mes, después de perder la final de la Copa del Rey".

JOSEP COVES

Este sábado se cumplen 25 años del segundo de los cinco títulos europeos que tiene la Penya. Un éxito con un valor por sí mismo pero que a la vez significó el punto de inflexión para una generación que parecía destinada a perder finales. La Korac de 1990 abrió el periodo más exitoso de la historia del Joventut, que hasta 1994 añadió a su palmarés dos títulos de la Liga ACB y el de la Euroliga de 1994.
 

Atrás quedaban las frustraciones que habían marcado a la generación de Villacampa, Montero y Rafa Jofresa, que hasta entonces se había quedado a las puertas de ganar un buen número de títulos. La Penya había sido finalista de la Liga ACB en 1985 y en 1987, de la Copa en 1985, 1986 y 1987 y de la Recopa de Europa en 1988. Además, el equipo llegaba estigmatizado por la derrota al haber perdido un mes antes, y contra pronóstico, la final de Copa contra el CAI Zaragoza, en Las Palmas.
 

La Penya afrontó la final contra el Scavolini con la novedad de Pedro Martínez en el banquillo. El técnico barcelonés, ayudante de Herb Brown, se hizo cargo del equipo el 9 de marzo, en medio de la eliminatoria de semifinales contra el Bosna. Dos días después del partido de ida en Sarajevo (90-90), la Penya destituyó por sorpresa al entrenador estadounidense "por su manifiesta y reiterada falta de adaptación y entendimiento con los diferentes estamentos del club", según el comunicado oficial que difundió la entidad. Tras esta nota escondían las discrepancias de Brown con Martínez, la falta de comunicación con el capitán del equipo, Josep Maria Margall, y un enfrentamiento directo con el gerente, Miquel Giró.

Con un entorno más estable, el Joventut remató el Bosna (94-72) en el partido de vuelta en Badalona, ​​con 26 puntos de Villacampa y 23 de Montero.

Ahora ya sólo quedaba un obstáculo por superar, pero el potencial del Scavolini (campeón de la Liga italiana en 1988 y que también lo acabaría siendo en ese 1990) hacía temer que la Penya se volviera a quedar a un paso de la gloria. El equipo de la costa adriática, que ya se había enfrentado a los badaloneses en la fase de grupos, tenía una constitución peculiar, ya que los dos pivots titulares eran italianos (los internacionales Walter Magnifico Ario Costa) y los exteriores estadounidenses (Darren Daye Darwin Cook). El cinco titular lo completaba el base Andrea Gracis, también internacional por Italia.

La final, que entonces se jugaba a doble partido, era vista también como un duelo entre los dos entrenadores de élite más jóvenes de Europa. Si Pedro Martínez afrontaba su primer gran reto con 27 años, a Sergio Scariolo le faltaban cuatro días para cumplir los 29. Ello no fue obstáculo para que los dos entrenadores exhibieran una gran madurez a la hora de dirigir a sus jugadores en los dos partidos, jugados de poder a poder.

En la ida, el Joventut consiguió la victoria por un solo punto de diferencia (98-99) en un partido en el que el triángulo Montero (21 puntos), Villacampa (29) y Lampley (21) contrarrestó el acierto anotador Daye (27), Magnifico (27) y Cook (23). Quedaba todo abierto para el partido en Badalona una semana más tarde.
 

El pabellón de Àusias March presentaba un lleno hasta la bandera (5.500 espectadores) una hora antes de que comenzase el partido. Como era previsible fue un encuentro muy igualado hasta la mitad del segundo tiempo en que se pasó de un 65-65 a un 76-67, gracias al acierto de Montero en los triples. La Penya ensanchó las diferencias hasta una máxima ventaja de 13 puntos (90-77) que administró hasta el final (96-86), con Montero (28), Villacampa (23) y Reggie Johnson (18) como máximos anotadores, dejando sin efecto el acierto de los dos cañoneros estadounidenses del Scavolini: Cook (28) y Daye (26). La Penya lo había conseguido.

Nueve años después de aquel dramático 105-104 contra el Carrera Venecia, después de que el estadounidense Joe Galvin forzara la prórroga con una canasta al límite del tiempo, el equipo badalonés volvía a proclamarse campeón de la Korac y, además, dejaba esta vez atrás la maldición de las finales.

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