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Canito, la estrella que pudo ser y no fue

El defensa, que falleció a los 44 años a causa de su drogadicción, brilló en el Espanyol y fichó por el Barça donde militó dos temporadas antes de volver a la disciplina blanquiazul

Canito, en su paso por el Barça

Canito, en su paso por el Barça / Archivo

Cristina Moreno

Cristina Moreno

José Cano, más conocido como Canito, lo tuvo todo para ser una de las grandes estrellas del fútbol, pero su brillo se apagó demasiado pronto arrasado por las drogas. Su historia es una de esas tantas en la que el deporte podría haber ejercido de salvador, y lo hizo, al menos durante algún tiempo. El futbolista nacido en la pequeña localidad ilerdense de Llavorsí, a los pies de los Pirineos, tuvo una infancia difícil y tras la muerte temprana de su padre fue internado en una escuela de la que se fugó a los 14 años para sobrevivir trabajando por las noches en Mercabarna.

Vivía en la calle cuando el fútbol lo rescató. Tras su paso por la Peña Barcelonista de Anguera y una cesión en el Lleida, Canito, amante de la moda y bien parecido, debutó con 20 años en el Espanyol, el club de su vida. Un año después, fue llamado al servicio militar pero su carrera futbolística no se frenó y durante ese período jugó en las filas del Cádiz, conjunto con el que disputó casi 2.000 minutos, antes de regresar a la disciplina blanquiazul.

Defensa elegante y polivalente, llegó a ser titular con España y en 1979 recibió la llamada del Barça, que pagó por él una importante cifra para la época: 40 millones de pesetas. El traspaso se llevó a cabo sobre el papel, pero no en su corazón. Bien recordada será la celebración sobre el césped del Camp Nou de los goles que sellaban la permanencia del Espanyol en primera y que se habían anunciado por los videomarcadores. La leyenda cuenta incluso que Canito llevaba la camiseta blanquiazul bajo la azulgrana.

Su paso por can Barça duró apenas dos temporadas, antes de volver al conjunto perico. Un matrimonio que volvió a romperse tras un enfrentamiento con el técnico de entonces, Maguregui. "O él, o yo", y así se cerró esa etapa. Con 26 años fichó por el Betis donde fue titular indiscutible hasta que sus constantes trifulcas, sus excentricidades y los coqueteos con las drogas le dejaron fuera del equipo. Pasó por el Zaragoza y acabó su carrera en Os Belenenses, donde se consumó su caída a los infiernos. En el año 2000, falleció a los 44 años, tras varios intentos fallidos de alejarse de las adicciones.