Fórmula 1

una carrera de prestigio

Una carrera gloriosa: Niki Lauda y los momentos que forjaron una personalidad de campeón

"La velocidad de su vehículo jamás le restaba tiempo para pensar las cosas con la calma necesaria"

Niki Lauda fue uno de los máximos exponentes de la Fórmula 1
Niki Lauda fue uno de los máximos exponentes de la Fórmula 1. (AFP) | sport

Eduardo Zani

No solo el automovilismo está de luto. Todo tipo de personas que luchan día a día contra las adversidades que se presentan pueden verse definitivamente en Niki Lauda, una vida llena de profesonalismo, éxito y lucha constante. Si bien sus tres títulos mundiales en 1975, 1977 y 1984 son lo más resaltante, es la superación y constancia lo que más sobresale en su fantástica carrera.

El campeón sobrio

Muchos dicen que su mayor virtud era la sangre fría, y no se equivocan. Un profesional en todos los sentidos. La velocidad de su auto jamás le restaba tiempo para pensar las cosas con la calma necesaria. 

Niki Lauda ganó 25 carreras y, con ellos, vinieron sus tres títulos mundiales. El primero fue en 1975, donde gracias a sus victorias en Gran Premio de Mónaco, Bélgica, Suecia, Francia y Estados Unidos se coronó campeón con 64.5 puntos, casi 20 más que el brasileño Emerson Fittipaldi.

Su carrera más memorable: vencer a la muerte

El 1 de agosto de 1976 se juntaron dos factores letales: inexperiencia en organización y una pista mojada. Nüburgring era un reto que nadie quería posponer, razón por la que se decidió competir a pesar de que el mismo Lauda recomendó no hacerlo. No tardó mucho en perder el control de su Ferrari e impactar contra un terraplén. Segundos después el fuego rodeaba el auto y los gritos del público reafirmaban lo peor. 

Harald Ert, Arturo Merzario y Guy Edwards se detuvieron a ayudar al austriaco. unger tironeó del cuerpo mientras los otros vacían sus extinguidores sobre Lauda. La cara de Niki estaba deshecha. Ensangrentado, en carne viva, la parte superior de su cara parecía construida con cera derretida y se temió lo peor. 

El regreso y sabiduría fueron su mejor victoria

El Monte Fuji le permitía a Lauda ser el campeón de ese año debido a la gran cantidad de puntos que había obtenido antes del accidente. Un mes y medio después y con una cambiada apariencia física producto del fuego, volvió a competir y todo lo definiría contra James Hunt, su rival. En una curva, el austriaco se retiró. Aprendió la lección y no iba a arriegar su vida para ser el campeón. 

Lo que viene después es felicidad en la vida de Lauda. Campeonó en 1977 luego de haber dado una clase maestra de personalidad y superación. 

Un tiempo después decidió retirarse del automovilismo. Fundó una línea aérea que luego vendió. Retornó a la Fórmula 1 en el 82. Creía que todavía podía dar algo más. En 1984 consiguió su tercer título al vencer por medio punto a Alain Prost.

Secuelas del accidente

El accidente lo obligó a hacerse dos trasplantes de riñón y uno de pulmón, siendo este último el que lo dejaría luchando contra la muerte y el cual le quitaría la vida a los 70 años. 

Lauda jamás quiso operarse las cicatrices que le dejó el accidente. Su mayor enseñanza es la que en todo momento es bueno analizar las cosas y que la mayor victoria es vivir.