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Golf-Polo: Verdaderos 'talent cars'

Los dos modelos de la marca alemana configuran la excelencia asociada a las siglas GTi.

Talent cars
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Juan Manuel García Rubio

Que las siglas “GTI” se identifican rápidamente con Volkswagen es casi como decir que después de la noche viene el día. Y mira que hay diferentes modelos en el mercado, de todo tipo, buenos y más buenos. Pero al César lo que es del César.

Lo de la moda o forma de entender la vida como GTI es mérito del Golf, y así lo ostenta, por mucho que haya imitaciones. La versión llamada ahora Performance, con motor de 2 litros y 245 caballos, es perfecta.

Un Golf R es más potente, y estupendo, pero algo más radical. Y la próxima versión GTI TCR será también un modelo a imitar.

Esta variante del Golf no es la más potente, pero sus buenas prestaciones, la calidad indiscutible de todo el conjunto y esa conducción tan extraordinaria que proporciona hacen que siga siendo el rey, la referencia indiscutible después de tantos años. Y sigue siendo objeto de deseo.

Y si hay tantos imitadores, ¿por qué no permitir que las siglas “GTI” estén en otros modelos del Grupo VW? Pues claro que sí, y por eso no es la primera vez que el Polo lleva colgada esta medalla, ni el único modelo distinto del Golf que la tiene.

Lo que pasa es que ahora es cuando más potencia porta. Ya sabemos que esta generación del Polo, el hermano pequeño del Golf si así lo queremos, es más grande y con su motor de 2 litros TSI, como el del Golf, produce unos más que interesantes 200 CV.

Un Polo que casi es un Golf

Que el Polo actual es más grande que la primera generación del Golf, y que la versión GTI es ahora también más potente que varias de las generaciones anteriores del Golf, es un hecho y hace todavía más interesante su análisis y evolución. Mucho. Por eso también se pone en valor frente al mismísimo Golf GTI. Y por eso están juntos en este número.

Más pequeño que el Golf, el Polo juega con ventaja en algunas cosas. Por ejemplo en el precio, aunque, como en el resto, no sean exactamente comparables. Pero, ¿qué padres no comparan alguna vez a sus hijos?

Otra de ellas es el peso. Y como ahora el motor de 2 litros (el mismo del Golf en esencia, porque tiene también las mismas cotas internas, aunque diferente relación de compresión) produce 200 caballos, hay una cifra que sale especialmente ventajosa para el pequeño de esta historia.

El Polo GTI arroja una relación de 125 caballos por litro, o sea, superior a la del Golf GTI Performance, que es de 122. Primera ventaja en cuestión de dinamismo. Claro que comparando la de peso/potencia no es capaz de superarle y al final lo que sucede es que se compensan las características y el hermano pequeño logra prácticamente estar a la altura del mayor. Los dos corren casi lo mismo, aunque el grande hace valer su supremacía, pero seguido muy de cerca por el benjamín, que no quiere dejarle escapar.

Cuestión de ADN

Una cosa que ha heredado siempre el Polo, y últimamente más, es parte del exquisito ADN del Golf. Por un lado, ahora su tamaño le acerca mucho. Aunque el Golf ha crecido también, no lo ha hecho en la misma proporción que el Polo. Con transmisiones iguales, amortiguación “inteligente” –Sport Select, de serie– porque es regulable y el mencionado motor de 2 litros TSI, Volkswagen ha conseguido un clon en pequeño de las cualidades dinámicas de la referencia entre los GTI con predicamento. Bravo.

Si el Golf GTI Performance es objeto de culto, y de deseo sobre todo, porque se maneja con la gorra, lo mismo le pasa al Polo GTI. Ventaja para ambos, no hay duda. Aunque la sombra del Golf siempre planeará sobre todo lo que en Volkswagen tenga esas siglas. Para lo bueno y para lo malo.

Desde luego, tanto el Polo como el Golf GTI resultan recomendables frente a otros modelos de esta orientación, más duros de suspensión y menos cómodos. Lo son porque son rápidos, ágiles y también permiten conducciones de todo tipo, siempre con confianza.

Llevar el Golf GTI por curvas es fácil, casi un juego de niños, con apoyos nobles y de confianza, con reacciones predecibles y, sobre todo, fácilmente corregibles si nos excedemos un poco en alguna maniobra. Esto también pasa en el caso del Polo GTI, lo cual es toda una virtud y no hay discusión. Y más si sabes que el tamaño es algo menor, y las inercias por peso, tres cuartos de lo mismo. Así, los dos hermanos son capaces de pasar de una situación normal a una deportiva en cuestión de segundos, lo que tarde su conductor en provocarles. El cambio DSG en ambos casos es rápido en conducción deportiva, y un gran aliado.

Es por eso que el Golf GTI sigue siendo el rey, por un equilibrio general absolutamente envidiable. Un equilibrio no solo en uso normal, también en los más altos niveles de conducción racing, lo que le hace especialmente recomendable. Y sí, ya sabemos, y también lo hemos dicho, que hay otros GTI del segmento que destacan más en prestaciones, por ejemplo, incluso en deportividad, pero no tienen ese equilibrio en todo lo que hace o puedes hacer con el coche. 

El Polo es mucho Polo

Lo que hemos dicho del Golf también es aplicable al Polo. Un Mini Cooper o un Peugeot 208 GTi, por ejemplo, son mucho más ágiles, pero el Polo GTI es todavía un juguete de armas tomar. En conducción deportiva es un coche divertido y efectivo. Hace lo mismo que su hermano mayor, e incluso la confianza que transmite resulta aún mayor si cabe. Y para mí casi da lo mismo que lo lleves en modo Normal o Sport, no te digo más.

El Polo frena bien, la dirección es lo suficientemente directa y, sin ser un tiro explosivo en cuanto al funcionamiento del propulsor, las aceleraciones y recuperaciones jugando con acelerador y cambio hacen de este coche un modelo muy ágil y divertido, aunque digamos mucho esto.

Lo mismo le pasa al Golf GTI. Puedes salir más rápido en algunas ocasiones, sobre todo si las curvas son más amplias, y puedes dar gas más a fondo y antes; como el Polo, tiene diferencial autoblocante. Y aunque es más grande y pesa más, el apoyo resulta franco y es difícil que te asustes. Si sobrevira no lo hace bruscamente, e intuitivamente basta con dejar de acelerar y quitar algo de dirección si acaso, pero es muy lineal, predecible. Y sucede igual en el caso de su hermano pequeño, claro.

¿Diferentes públicos?

Se supone que sí, que estos modelos tienen distintos públicos. Aunque, como tanto se ha dicho, el Polo es un pequeño Golf GTI.

Partiendo de los precios, hay una gran diferencia, y mientras el Polo solo está disponible en una única carrocería de 5 puertas, el Golf se vende tanto en 3 como en 5, por lo que está claro que están enfocados a públicos distintos, aunque como siempre muchas veces se mezclan.

Un Polo GTI tiene guiños hacia el Golf GTI. ¿Cuáles? La tapicería a cuadros de los asientos, por ejemplo, algo que el Golf hereda de las primeras generaciones de este coche.

El nuevo Polo, como el resto de la gama, tiene algo característico: el salpicadero de color. Mira el interior y lo verás. Y si de serie cuenta con el Sport Select para la suspensión, también tiene Virtual Cockpit, faros y pilotos de leds, pantalla táctil de 8 pulgadas o la franja roja transversal de la parrilla, que incluso se mete en los faros. De lejos, en conjunto, parece un Golf GTI… Y tanto, porque de serie también lleva ruedas de 17 pulgadas, que pueden convertirse en 18”.

En mi opinión, el Golf es un coche para quien busque un mayor nivel de comodidad y algo más de desempeño frente al crono. También para quien quiera distinguirse más con el coche y con el precio. La versión Performance añade de serie el autoblocante. Y un Golf GTI no se confunde con un Polo GTI. Y por equipamiento no hay nada que discutir, aunque habrá siempre quien quiera más o que algunos de los elementos no fueran con precio aparte.