Los Camps Nous que pudieron ser (y no fueron)

El fin de de un proyecto maldito

Los Camps Nous que pudieron ser (y no fueron)

El fin de de un proyecto maldito

Estoy convencido de que en 2021 podremos decir que tenemos el mejor estadio del mundo"

Josep Maria Bartomeueu

El 23 de septiembre de 2007 Joan Laporta hacía una proclama que anunciaba una nueva era con la solemnidad del que se sabe en un momento histórico: “Igual que el Camp Nou fue una joya arquitectónica que se avanzó a su tiempo, ahora, con la idea de Foster, se proyecta hacia el futuro”.

El arquitecto Norman Foster presentaba la maqueta del nuevo estadio y demostraba saber qué teclas tocar para ganarse a una audiencia predispuesta: “Hay aquí una influencia de Gaudí. Los colores de Cataluña y Barcelona envuelven de forma simbólica el estadio con un tejido de baldosas. Tendrá unos efectos muy bonitos por el día y muy dramáticos por la noche".

La euforia de Laporta era evidente ante un proyecto que era el mejor anuncio posible por cómo entraba por los ojos. El proyecto de Foster era una mezcla de tradición (tenía el esqueleto del viejo Camp Nou) y futuro (la espectacularidad del progreso).

"Será una joya arquitectónica y una olla a presión para los rivales. Para nosotros, usted es más que un arquitecto", soltó el entonces presidente, ajeno a lo que estaba por venir.

"Igual que el Camp Nou fue una joya arquitectónica que se avanzó a su tiempo, ahora, con la idea de Foster se proyecta el futuro"
Joan Laporta (2007)

Más que un campo de fútbol aquello parecía una de esas obras gaudinianas que te sumergen en un mundo fantástico y sugerente. 18 años después, sigue pareciendo más moderno que el Spotify Camp Nou que se estrenará en 2025.

Sin embargo, no todo fueron elogios al atrevimiento de Foster. Como ocurre con las obras arriesgadas, también tuvo sus críticos, sobre todo entre los de su sector. Hubo arquitectos que acusaban de efectismo a la obra de Foster y reivindicaban la consistencia del otro finalista.

“Foster es a Ronaldinho lo que Carlos Ferrater a Guardiola”, quedará como una de las frases de la época que circulaba entre algunos miembros del jurado.

El proyecto se estimó en 250 millones pero las previsiones fueron creciendo hasta los 500. El calendario que manejaba el club era que las obras empezaran en 2009, pero el proceso tenía una fecha que lo enredaba todo: en 2010, Laporta concluía su mandato y ya no podía volver a presentarse.

Los ‘ismos’ y la crónica de una muerte anunciada

Sandro Rosell se convirtió en presidente del FC Barcelona en julio de 2010, y una de sus primeras decisiones fue enterrar definitivamente el proyecto Foster. En el entorno se intuía que difícilmente Rosell iba a asumir como propio un plan ideado por su antecesor: un Joan Laporta con el que mantenía un pulso cada vez más intenso.
En octubre de ese mismo año, el nuevo presidente confirmó la decisión y el club solicitó a la Generalitat la suspensión de toda la tramitación relacionada con la remodelación.
Laporta lamentó entonces el cambio: “El proyecto de Foster era para mí un estadio extraordinario, el mejor. Fue elegido entre muchos, pero no se pudo hacer porque la Directiva entrante no quiso hacerlo. Una decisión que fue un error".

Rosell tenía su propia visión: un ambicioso plan bautizado como ‘Espai Barça’, que contemplaba la remodelación del Camp Nou, la construcción de un nuevo Mini Estadi y un nuevo Palau Blaugrana.
El presupuesto alcanzaba los 600 millones, financiados en tres fases: un patrocinador que daría nombre al estadio, un crédito de 200 millones y los 200 millones restantes mediante la explotación comercial del estadio. Pero Rosell tampoco pudo ver completado su proyecto. De hecho, ni siquiera lo vio nacer. Dimitió en enero de 2014, víctima del ‘caso Neymar’.

Cuatro meses después, el 5 de abril de 2014, el club llevó a cabo un referéndum entre sus socios para decidir el futuro del Espai Barça. Los resultados no dejaron lugar a dudas: el 72,3 % de los socios dio su visto bueno al proyecto. Con Josep Maria Bartomeu ya al frente del club, el presidente mostró su satisfacción y anunció que las obras comenzarían en 2017 y concluirían en 2021.

Los proyectos olvidados de 2016

Bartomeu y el Camp Nou más japonés

El 10 de mayo de 2016, Bartomeu dejó otra de esas frases que se recuerdan con socarronería con el paso de los años. “Estoy convencido de que en 2021 podremos decir que tenemos el mejor estadio del mundo”.

Lo dijo durante la inauguraron de la exposición ‘Espai Barça: concurso nuevo Camp Nou y nuevo Palau Blaugrana’, que incluía los proyectos finalistas, entre ellos el ganador: Nikken Sekkei en colaboración con Pascual-Ausió Arquitectes (Barcelona) y otras propuestas estimulantes como la de un genio como Ricardo Bofill junto a Arup Sport.
La propuesta de Nikken Sekkei (Japón) fue la que más convenció al jurado por su equilibrio entre innovación y respeto al legado del estadio original, además de su apuesta por la sostenibilidad, la integración con el entorno urbano y la mejora de la experiencia del aficionado.

"Tiene influencia de Gaudí. Los colores de Catalunya y Barcelona envuelven de forma simbólica el estadio con un tejido de baldosas"

Las diferencias entre el proyecto de Foster y Nikken Sekkei

La cubierta exterior

A simple vista la cubierta exterior era la diferencia más grande que presentan ambas propuestas arquitectónicas. El proyecto de Foster tenía una piel exterior compuesta por baldosas. En cambio en la propuesta realizada por Nikken el proyecto se caracterizaba por la inexistencia de cobertura alguna en los laterales del Camp Nou y quedaban las plantas abiertas a la calle mostrando el esqueleto del edificio. Así lo anunció el club: "Destaca por su relación con el entorno, dando profundidad, generando sombras y haciendo que los socios sean los protagonistas de la fachada y participen del espacio libre en todo momento".

El precio

Ambos proyectos se caracterizaban por ser una remodelación del estadio y seguir manteniendo la estructura constructiva actual del estadio del FC Barcelona y los dos debían realizarse mientras seguía la actividad futbolística en el Camp Nou.
El proyecto de Foster estaba presupuestado en 250 millones y el de Nikken Sekkei en 420 millones incluidos en los 600 millones totales de presupuesto del Espai Barça que también incluye la construcción del nuevo Palau Blaugrana y toda la zona alrededor del Camp Nou.

El aforo

El proyecto de Foster llegaba hasta los 106.000 espectadores: "El reto de este proyecto consiste en reinventar el estadio existente, ampliarlo para alojar a 106.000 aficionados y ofrecer espacios públicos mejorados y un mayor número de instalaciones de hostelería". El de Nikken Sekkei lo hacía hasta los 105.000 espectadores, una diferencia mínima.

Diseño e inspiración

El diseño de las dos propuestas es claramente diferente y también lo ha sido su inspiración. La propuesta del equipo Nikken Sekkei se autodefinió como “abierta, elegante, serena, intemporal, mediterránea y democrática”. La inspiración del de Foster era gaudiniana.


Duración

La duración de las obras desde la presentación del proyecto también variaba. La de Foster se presentó en 2007, el inicio de las obras estaba previsto a partir de 2009 y se esperaba terminarlas como máximo en 2012. Tres años de obras en total.
La de Nikken Sekkei se presentó en 2016, las obras tenían que empezar la temporada 2017-18 para finalizar la temporada 2021-2022. Cuatro años de obras en total.

El sueño congelado del Espai Barça

Seis años después del referéndum, las grúas aún no habían entrado en el Camp Nou. Es cierto que el Barça fue capaz de cumplir una parte del Espai Barça -derruir el Mini Estadi y levantar el Estadi Johan Cruyff, inaugurado en agosto de 2019-, pero el gran proyecto del ‘nou Camp Nou’ siguió encallado.

Los plazos del Espai Barça se fueron alargando por diversos motivos: primero hubo que superar la resistencia de los vecinos del barrio de Les Corts, que al principio se opusieron totalmente a los planes del club. Después, la reticencia del ayuntamiento de Barcelona: algunos partidos, especialmente la CUP, hicieron todo lo posible por impedir el avance del proyecto, que finalmente fue aprobado por el consistorio de Ada Colau en junio de 2018.

La luz verde del ayuntamiento parecía también la luz al final del túnel: pero tanto los vecinos de Les Corts como la CUP volvieron a impugnar el proyecto meses después, a finales de 2018. Por el camino el presupuesto se fue disparado (de 600 a 800 millones), la situación deportiva extraviando y la pandemia fue el revés económico definitivo para desmoronar el proyecto del Espai Barça.

El socio volvió a confiar en Laporta en 2021 once años después tras superar a Font i Freixa con el 54,28% de los votos otra y, de nuevo, el proyecto de nuevo Camp Nou pasó por el referéndum. Aún con los arquitectos japoneses, pero añadiendo modificaciones y actualizaciones, y con la irrupción de la constructora Limak, a pesar de ser la peor valorada por los expertos en el concurso del proyecto, según desvelo el programa ‘Què T’hi Juegues’.

Laporta apostó por derribar la tercera gradería y por la construcción de una nueva completamente simétrica. También por aumentar la oferta de asientos vip con dos anillos de palco. Menos suerte ha tenido el nuevo Palau Blaugrana, una de las iniciativas que incluía el famoso Espai Barça, que sigue congelada. Un proyecto maldito que se concretará parcialmente este año por más de 1.200 millones pero que deja por el camino a los Camps Nous que pudieron ser, pero que nunca fueron.