Un Alaphilippe desencadenado revalida el título de campeón del mundo en Flandes

Menos de 6 horas. Para ser exactos, 5 horas, 56 minutos y 34 segundos. Este fue el tiempo que Julian Alaphilippe dejó de vestir el maillot arcoíris. El francés sacó a relucir todo su repertorio de ataques en Flandes y revalidó el título de campeón del mundo de ciclismo en ruta. Uno de los ciclistas más ofensivos del pelotón volvió a dar una exhibición de savoir faire encima de la bicicleta que será difícil de olvidar. El gran derrotado del día fue Wout Van Aert, que no tuvo piernas para luchar por la victoria en casa. La plata se la llevó el neerlandés van Baarle y el bronce el danés Valgren.

Flandes nunca defrauda. Los 268,3 kilómetros de la prueba en ruta masculina fueron un auténtico espectáculo desde el inicio. Ciclismo en mayúsculas en un circuito que demostró que menos desnivel positivo no quiere decir aburrimiento si la ruta está bien diseñada para el espectáculo. Y con una atmósfera inmejorable que nos dejó clara la dimensión del ciclismo en Bélgica; prácticamente una religión, con calles repletas de ambiente, aficionados y color.

La carrera no dio tregua en ningún momento. Primero con la escapada de un grupo de corredores como Evenepoel, Roglic, Asgreen o Cort-Nielsen que se movieron a 180 kilómetros de meta – sí, a 180 de meta – y que el equipo italiano se encargó de neutralizar. Después con un ataque del español Iván García-Cortina que seleccionó aún más la carrera. Y más tarde, a 58 de meta, con el primer hachazo de Julian Alaphilippe que redujo las aspiraciones de victoria a un grupo de 16 elegidos, entre los que estaban Wout van Aert, Neilson Powless – gran actuación del norteamericano -, Matej Mohoric, Sonny Colbrelli o Tom Pidcock, entre otros.

El francés, campeón en Imola el año pasado, estaba juguetón. Tenía piernas y quería defender el maillot arcoíris a su manera, es decir, al ataque. Y volvió a dejar atrás al grupo a poco menos de 50 de meta. Esta vez, Colbrelli se pegó a su rueda, aunque pronto vieron que solos no irían a ningún lado. Reagrupamiento y a esperar otra vez. Pero volvería. Vaya si volvería. El tercer ataque supuso el aviso definitivo. El cuarto, a 17 de meta y en la famosa cota de Saint Antoniusberg, la sentencia. Jaque mate.


Mención a parte para Remco Evenepoel. Si había dudas de su entrega y sacrificio con el equipo belga – Eddy Merckx comentó en la previa que quizás era mejor prescindir del joven talento porque tenía dudas sobre si trabajaría para sus compañeros, haciendo la guerra por su cuenta-, quedaron despejadas en Flandes. Evenepoel se vació. Un esfuerzo que, paradójicamente, no sirvió de nada porque sus compañeros se quedaron sin fuerzas en los momentos decisivos de la carrera.

Después de la estacada final, Alaphilippe se dedicó a ampliar y gestionar su ventaja respeto a un cuarteto perseguidor formado por Stuyven, Powless, Valgren y Van Baarle. Por detrás, el resto de favoritos como Van Aert, Colbrelli y Van Der Poel veían como las opciones de victoria y de podio se desvanecían. El francés se encontraba en su salsa en las callejuelas de Lovaina. Con muecas de sufrimiento, miradas a cámara, gestos de celebración con los aficionados belgas… vimos a un Loulou en estado puro que llegó en solitario y con los brazos en alto a meta para proclamarse, por segundo año consecutivo, campeón del mundo.

“El año pasado fue como cumplir un sueño, esta vez llegaba con la experiencia de una temporada luciendo el arcoíris y ya sabía lo que se siente […] En el tramo final final había muchos seguidores de Van Aert que no estaban contentos y eso aún me ha dado más rabia para pedalear hasta la victoria”, comentó Alaphilippe una vez cruzada la línea de meta.

Con este triunfo, el ciclista que ha devuelto la alegría a los aficionados franceses es el séptimo que entra en el selecto club de los campeones que han conservado el maillot arcoíris de forma consecutiva. Antes lo habían conseguido los belgas Ronsse, Van Steenbergen y Van Looy, los italianos Bugnot y Bettini y el eslovaco Peter Sagan, este en tres ocasiones.

Alaphilippe dejó de vestir el arcoíris durante menos de 6 horas. Pero visto lo visto en Flandes, es el más indicado para seguir defendiendo con honor esta pieza tan preciada. Porque, al final, el ciclismo nos gusta por esto: por los ataques y por el espectáculo que nos brindó el bueno de Julian.

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  • Los mundiales deberían de contar con varias etapas: Con montaña, llana, media montaña y contrarreloj. Al formato actual me parece que le falta algo. Aunque se le llame “Mundial” no es la prueba más importante ni mediática del ciclismo

Publicado por
Pau Mitjans

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