Tibidabo Cycling Club: “Queríamos sacar una sonrisa a los ciclistas después de meses difíciles de pandemia”

Esta es la historia de dos parisinos que, por casualidades de la vida, se conocieron en México y que en apenas medio año han creado una comunidad ciclista en Barcelona de diez mil seguidores. De dos amigos que, desde hace unos años, recorren el mundo en bicicleta en busca de nuevas aventuras. Esta es la historia de Tibidabo Cycling Club. Una historia con un denominador común: la pasión por el ciclismo.

Raphaël Menu y Benoit Vidal llegan, puntuales a la cita, a l’Eroica Caffè. Lugar de culto para cualquier ciclista que pasee por las calles de ‘L’Eixample’ barcelonés. Uno con su bicicleta y un día después de completar los 200 quilómetros de la prueba de gravel The Traka; y el otro con la camiseta de Tibidabo Cycling Club que han diseñado y después de salir a rodar por Collserola.

Ninguno de los dos se podía imaginar, cuando empezaron esta andadura, que llegarían a tanta gente en tan poco tiempo. En plena pandemia, se inspiraron en los fotógrafos de los grandes puertos de los Alpes y ahora ya piensan en como hacer crecer este proyecto. La mezcla de frescura, cercanía, desenfado y pasión es la clave del éxito de dos de los ciclistas más populares de las carreteras del Tibidado, el punto más alto de la ciudad de Barcelona.

¿Cómo surgió la idea?

Benoit Vidal: Todo empezó durante el confinamiento. A los dos nos encanta hacer fotos cuando salimos en bicicleta. Y cuando fuimos a los Alpes, nos dimos cuenta que había fotógrafos situados en los puntos clave del Alpe d’Huez, del Galibier, del Croix de Fer… haciendo fotos espectaculares que luego vendían en su web. Un día, subiendo al Tibidabo con Rapha durante el confinamiento, dijimos: ¿Por qué no hacemos lo mismo aprovechando que hay tantos ciclistas? Creíamos que podía hacer gracia. Era una manera de romper el hielo y de sacar una sonrisa después de unos meses difíciles de pandemia. Queríamos que la gente se divirtiera y se lo pasara bien. Además, Rapha me propuso subir disfrazado como el famoso diablo del Tour de Francia.

Raphaël Menu: Aunque al principio dijiste que no al disfraz… [risas].

B.N: Claro. Lo primero que pensé fue: “¿Como reaccionará la gente? Nos va a parar la policía”. Pero al final conseguimos el disfraz y nos fuimos a hacer fotos. La reacción de la gente fue automática. Sonrisas, caras de felicidad…

R.M: Lo hicimos de forma desinteresada, totalmente gratis, y recibimos comentarios muy positivos de los ciclistas que subían al Tibidado. Todos nos mandaron mensajes de agradecimiento. La página de Instagram que creamos, empezó a crecer de golpe. En dos semanas conseguimos más de 1.000 seguidores. Teníamos que repetir. Y lo hicimos disfrazados de dinosaurio.

Raphaël y Benoit durante un momento de la entrevista – Foto: Aitor Fusté

Para los que no conozcan el Tibidabo Cycling Club, ¿cómo lo definiríais?

R.M: Más que un club, diría que es una comunidad. Existen muchos clubes ciclistas, pero nosotros usamos las redes sociales para unir a la comunidad y para crear contenido que agregue valor. Intentamos hacer videos divertidos y útiles. Queremos compartir nuestra experiencia y las redes sociales nos permiten hacerlo a gran escala, a diferencia de un club más local y con una sede física. Somos un club muy internacional y ya llegamos a gente de Colombia, México, Chile, Argentina y de toda España, no solo de Barcelona. Además, el Tibidabo Cycling Club bebe de nuestra personalidad. Nos encanta reunirnos con cualquier tipo de ciclista. Siempre hemos rodado con ciclistas de todos los niveles, de distintos países, de todo tipo de características socioeconómicas… amamos tanto el ciclismo y el poder que tiene para conocer a gente nueva que así lo entendemos y lo comunicamos.

B.N: Exacto. Usamos las redes sociales para crear una comunidad. Durante mi etapa en Sudamérica, tenía una cuenta de Instagram que usaba mucho para el ciclismo. Era una herramienta muy útil para viajar, descubrir nuevas rutas, conocer a gente… Cuando empezamos con este proyecto, también nos inspiramos en eso.

“Amamos tanto el ciclismo y el poder que tiene para conocer gente nueva que así lo entendemos y lo comunicamos”

¿Os imaginabais la acogida que ha tenido el proyecto, en tan solo medio año?

B.N: Fue algo que nos sorprendió. Cómo decía antes Rapha, en una semana conseguimos más de 1.000 seguidores y empezamos a ver que podíamos crecer. Había que seguir.

¿Y por qué Tibidabo?

B.N: Porque queríamos que el nombre tuviese algo típico de la ciudad de Barcelona.

R.M: Simplemente porque la primera sesión de fotos la hicimos en el Tibidabo. Un nombre que, por cierto, no te gustó al principio [risas]. Pero creo que la gente se identifica muy bien con este nombre. Es el lugar más mítico de Barcelona para los ciclistas, el más emblemático.

Entonces, nada que ver con el famoso capítulo de la serie Friends…

R.M: No [risas]. Pero mi cuñado siempre me dice “Oh, Tibidado”, haciendo broma con la serie.

B.N: Además, siempre que vives en una ciudad nueva, el objetivo de todo ciclista es subir al punto más alto. Y en Barcelona es el Tibidado.

Porque claro, vosotros sois franceses, pero antes de venir a Barcelona también habéis vivido en México. 

R.M: Sí. De hecho, nos conocimos en Ciudad de México, aunque somos los dos de París. En una cena de amigos en común, empezamos a hablar de ciclismo y desde entonces no hemos parado.

B.N: Yo empecé a montar en bici en México. Estuve viviendo allí durante ocho años. Después de conocernos con Rapha y de ver que compartíamos pasión, empezamos a buscar una grupetta ciclista. Por internet encontramos un grupo que salía los domingos y fuimos a probar. Ya nos ves a los dos, en una de las avenidas principales de Ciudad de México, con un grupo enorme de ciclistas. Allí conocimos a Roberto Díaz, que fue nuestro mentor. Nos cuidó, nos enseño todas las rutas y rincones de la zona. Pasamos grandes momentos. Y en ese grupo había gente de todo tipo, de todas las clases y edades. Gente que solamente compartía la pasión por el ciclismo. Algo que hacían desde hace más de 40 años cada domingo.

R.M: Conocimos a gente muy humilde, que todos compartían la misma pasión. Nos quedamos fascinados por esa cultura de convivencia entre todos los ciclistas.

A parte de bidones y camisetas, también han hecho pegatinas – Foto: Aitor Fusté

Y después, Barcelona…

R.M: A finales de 2019, terminé un proyecto de emprendimiento sobre alquiler de coches entre particulares en Ciudad de México y decidí volver a Europa. Tenía varias opciones para trabajar en la industria de la movilidad, entre ellas una en París, pero escogí Barcelona porque Benoit me sugirió que era el lugar más adecuado para practicar el ciclismo. Con mi estilo de vida, 50% trabajo y el otro 50% ciclismo, no tenía mucho sentido irme a París. Renuncié a la familia y a los amigos para poder vivir en una ciudad que se adaptaba mejor a mi estilo de vida ciclista. Llegué en febrero de 2020, justo antes de la pandemia.

B.N: Mi intención era regresar a Europa después de ocho años en México porque tenía una oferta de trabajo en Milán. Entonces, antes de empezar en septiembre en el nuevo puesto, vine a Barcelona a pasar el verano. Y todo cambió. Me gustó tanto y disfruté tanto de la bici en tres meses, que decidí tomarme un año sabático concediendo también con la idea de empezar con Tibidabo Cycling Club.

Más allá de los 10.000 seguidores, la sensación es que gente de todo tipo que va en bicicleta por Collserola os conoce.

R.M: Esto nos llena de orgullo. Nos encanta. Más de una persona nos ha comentado: “Os sigue mi padre”. Esto demuestra que lo que estamos haciendo no solo funciona con una generación en concreto. Quizás parte del éxito es que el contenido que estamos subiendo consigue agregar valor a cualquier edad. Era una duda que tuvimos al principio: “¿A qué público nos dirigimos?” Pero era un poco difícil segmentarnos. Ahora vemos que tenemos muchos tibiriders [nombre que le han puesto a sus seguidores] de 20 años muy activos y, al mismo tiempo, un público muy amplio entre 25 y 35 años que también comparten el contenido con sus familiares y amigos de generaciones mayores.

“Más de una persona nos ha comentado: “Os sigue mi padre”. Esto demuestra que lo que estamos haciendo no solo funciona con una generación en concreto”

 

Ahora que ya lleváis un tiempo en Barcelona y que el proyecto funciona, ¿por dónde pasa el futuro de Tibidabo Cycling Club?

B.N: Queremos seguir compartiendo nuestra pasión por el ciclismo con videos y publicaciones de pequeños tutoriales, pero también de experiencias que podamos vivir. Ahora que hay menos restricciones, podremos hacer muchas más cosas. La semana pasada, por ejemplo, hicimos una salida con un pequeño grupo de gente por la zona de Girona.

R.M: Queremos hacer todo esto, y tener un trabajo en paralelo, tener una vida social… está difícil, pero ahí estamos.

Ciclistas de los pies a la cabeza – Foto: Aitor Fusté

En este sentido, no sé si os habéis planteado crear algo más que una comunidad… ¿un negocio, por ejemplo? 

R.M: Sí que nos lo hemos planteado. Poder vivir de tu pasión debería ser el objetivo de cualquier persona en esta mesa. Si lo logramos algún día será genial. Pero sé, por experiencia en el mundo del emprendimiento, que un negocio no se crea de un día para otro. Crear una comunidad y crear un negocio son cosas completamente distintas. Y aunque nos encantaría vivir de nuestra pasión, no sabemos aún si lo haremos a través del club.

B.N: Realmente sería genial. En mi caso, ahora voy a empezar a trabajar de nuevo y voy a dedicarle el tiempo que me permita el nuevo trabajo. Pero nuestra idea es seguir. Por lo menos como hobbie.

R.M: Imagínate poder crear contenido para ciclistas, organizar rutas, viajes… y poder trabajar de ello. Sería un sueño.

¿Os ha contactado alguna marca?

R.M: Nos ha contactado alguna, pero no tantas. Sí que hemos visto interés de marcas para posicionar productos, pero sé que, en otras industrias y países, una comunidad de 10.000 seguidores puede tener más interés. Aquí creo que funciona un poco más lento y por ahora hemos trabajado con alguna que nos gusta. De hecho, si algún día empezamos a colaborar con más, será con aquellas que nos identifiquemos. Pero no, de momento no nos pagan por hacer product placement. Significa que tenemos que seguir creciendo. Ojalá en un futuro.

¿Habéis notado el boom de la bicicleta?

R.M: Sí, pero no creamos el proyecto a raíz de este boom. No fue por una oportunidad de tendencia. Nosotros somos apasionados de la bicicleta desde hace muchos años. Pero si que hemos notado que muchos de nuestros seguidores empezaron a montar en bicicleta después del confinamiento.

“Lo increíble del ciclismo deportivo es que, al mismo tiempo, muchos de estos ciclistas también se pasan al urbano. Es bidireccional”

 

¿Y creéis que el futuro de la movilidad en grandes ciudades, pasa por la bicicleta?

R.M: Mira, te voy a contar algo interesante. Nosotros somos una comunidad de ciclistas recreativa, que usa la bicicleta para practicar deporte. Pero nos hemos dado cuenta durante estos años que muchos de los ciclistas que llegan a nuestro deporte se han iniciado gracias al ciclismo urbano. Empezaron a ir al trabajo con una bici muy sencilla y se dieron cuenta de lo práctico que era, que les ponía en forma… y decidieron dar un paso adicional con el deporte. Experiencias como esta, te impulsan a usar la bici en tu tiempo libre.

B.N: Que es mi caso…

R.M: Además, lo increíble del ciclismo deportivo es que, al mismo tiempo, muchos ciclistas deportivos también se pasan al urbano. Es bidireccional. Por lo tanto, si de alguna forma promocionas el ciclismo deportivo, también promueves el urbano.

Raphaël y Benoit tienen ganas de que el proyecto siga creciendo – Foto: Aitor Fusté
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Pau Mitjans

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