“Sin estudios también se puede triunfar”

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Iñaki Gastón fue uno de los ciclistas que más simpatías despertó en la década de los ochenta. Hoy, a los 58 años, se gana la vida de comercial. “En esta vida no hay nada fácil. Ni siquiera jugar a las canicas”.

 

Hijo de Florencio, un boxeador profesional (al que le tuvieron que cortar las piernas tras un accidente), Iñaki Gastón fue un ciclista muy, muy combativo que llegó a ganar tres etapas en la Vuelta a España.  Hoy, tiene 58 años, vive en el centro de Bilbao y trabaja de comercial. Conserva todas las bicicletas que tuvo desde los 13 años y se enorgullece, sobre todo, de haber tenido una vida feliz. “Pero ya quiero jubilarme a los 60 años”, dice.

Le diría que fue usted uno de los mitos de nuestra infancia.  
No. No llego a esa categoría. Era uno más. Solo uno más. Unos tuvieron más suerte que otros.

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¿Y tuvo suerte usted?
Sí, mucha. Hice lo que me gustó. Estuve en los mejores equipos del mundo. Gané dinero para no deber nada a nadie. Y, después del ciclismo, no me ha sido mal. Tengo una buena familia y tengo un buen trabajo. Soy comercial. He estado 16 años en la industria farmacéutica y ahora para una empresa de gases.

El ciclismo no lo resolvió la vida. 
No gané tanto, no. Pagaba un 56% de lo que ganaba a Hacienda. Se puede imaginar. Pero hice lo que más me gustaba. Eso no se paga con dinero, y hubo gente que disfrutaba de lo que yo hacía.

Yo mismo. 
Es lo que me llama la atención.  Pero la gente se acuerda de todos los ciclistas de mi época, porque fue un ciclismo muy cercano en el que estábamos en contacto con la gente.  No había barreras. La gente te decía con toda la naturalidad del mundo, ‘oye dame una gorra’, y tú ibas a buscarla y se la dabas.

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Le faltó ganar a usted una gran Vuelta. 
No me lo propuse. Ni siquiera creo que tuviese ese nivel. Pero alguno de los monumentos sí podía haber ganado. Sí gané la Clásica de San Sebastián y estuve cerca en Lombardia, en la Milán San Remo… Pero al final sólo gana uno y te das cuenta de que es muy difícil y de que no sólo debes ser el mejor. También debes tener suerte. Mira a Miguel Indurain. Nunca tuvo un problema mecánico. Nunca se cayó en un Tour de Francia y eso también es suerte.

¿Y entonces usted tuvo suficiente suerte?
Si, porque la suerte no sólo es ganar. La suerte es ser feliz y yo lo fui.

Trabajó para gente muy buena.
Supe cuál era mi papel. Le puedo contar una anécdota que en su momento me sentó mal en el Kelme pero explica cómo era mi trabajo. Fue en los Lagos de Covadonga. Iba escapado con Pino y Unzaga, que se quedó.  Y, de pronto, me dice el director ‘tienes que parar’ cuando veía que podía ganar.  Pero acababa de atacar Fabio Parra desde atrás y nos jugábamos ganar la Vuelta a España. Y a mí no me pagaban por ganar, sino por hacer ese trabajo.

Uno se tira trabajando media vida.
Así es. Pero yo ya voy viendo el final. Tengo 58 años. Quiero jubilarme a los 60 y ya le he dicho a la empresa que vaya buscando un relevo, tienen que hacerlo.

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¿Cómo se hizo comercial? 
Estuve un año sabático tras dejar el ciclismo. Pero eso se acabó. Y me salió el trabajo de la industria farmacéutica en un laboratorio por un amigo. Jamás había hecho una entrevista en mi vida. Pero fui y el director de personal me dijo: ‘yo te cojo sólo si tú quieres aprender’ Y empecé a hacer cursos de ventas, de marketing y de fármacos en Madrid.

¿Es usted buen vendedor? 
Bueno, los jefes no se quejan.

Y es difícil vender.
Hoy en día, no es fácil ni jugar a las canicas. Yo no tengo estudios y he tenido que aprender. ¿Qué sabía yo de la industria farmacéutica? Nada, pero he pasado muchas noches de mi vida aprendiendo, tratando de aprender. Y creo que he demostrado que sin estudios también se puede triunfar en la vida. Tengo un buen trabajo que me ha permitido pagar la universidad a mis hijos.

Sí señor. 
El tonto no es el que pregunta sino el que no pregunta. Y no me ha importado nunca preguntar. Y como decía un mito como Jesús Loroño “hay que dar dos pasos para adelante para aprender y un paso hacia atrás para asimilar lo que has aprendido”. Recuerdo que se lo escuché decir cuando entró en la tienda en la que yo trabajaba de chaval de mecánico de bicicletas. Él  ya tenía una edad y se me quedó grabado.

Se retiró usted pronto del ciclismo. 
A los 31 años. Pero es que llevaba desde los 20 de profesional. A los 21 ya corrí Vuelta a España y Tour de Francia. Y lo tenía claro. Nunca hubiese estado más años. Quería probar otros mundos. La vida no sólo es la bicicleta. Y no me arrepiento.  He aprendido mucho en mi trabajo. ¿Quién me iba a decir que yo me iba a dedicar a esto? Parecía un trabajo difícil para un hombre como yo y, sin embargo…

Y, sin embargo, te quiero.
Bueno, ya le he contado mi vida. Esta es mi vida. Yo no me hubiese imaginado vivir sin hacer nada tras el ciclismo. No lo podría haber hecho. Necesitaba un aliciente y la vida vino así y quizás mejor que haya sido fuera del ciclismo. No se me ocurre para mí una vida mejor que la que he vivido: ya no quería que el ciclismo siguiese siendo una obligación.

 

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Ver comentarios

  • Jesus Loroño, por favor. Una página de deportes y haciendo una entrevista a un ciclista profesional… pero citando mal a un mito… gran error.

Publicado por
Alfredo Varona
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