¿Quién fue mejor: Lucho Herrera o Fabio Parra?

No hay mal día para recuperar esta maravillosa pregunta en el ciclismo colombiano, cuya pregunta yo tengo muy clara. Ahora explicaré por qué.

Todo empezó en el Tour de Francia de 1984 cuando un ciclista amateur como Lucho Herrera se impuso en Alpe d’huez. Y continuó un año después en aquella memorable etapa de Morzine-Avoriaz cuando Lucho Herrera se lo hizo pasar peor a Hinault que si le sacasen la muela del juicio. Pero es que los colombianos eran así: todos queríamos ser tan valientes como los colombianos, narrar las carreras como las narraban los locutores de radio colombianos y hasta perder como perdían ellos: los colombianos. Y entre todos ellos Lucho Herrera (1961) era como Robert de Niro en ‘Mystic River’: el mejor.

O a nosotros nos parecía el mejor. Un ciclista tan atrevido en las montañas con capacidad para reventar la Bolsa de Wall Street y  para adueñarse del maillot de lunares rojos (rey de la montaña) con la naturalidad de un recién nacido. Y todo eso fue Lucho Herrera, el precursor de los ciclistas colombianos: el primero de los primeros que vinieron a competir en Europa. Teníamos la sensación de que venían despreocupados, como si viniesen a hacer el Camino de Santiago. Pero nos encontramos a tipos capaces de reventar las montañas de los Alpes y los Pirineos. Y entre todos ellos Lucho Herrera tenía un talento especial con esa mirada en la que parecía que nunca pasaba nada. Y nos dejó huella.

Pero, a su lado, antes de que fuese tarde, apareció Fabio Parra (1959). Otro ciclista colombiano que era de armas tomar. Es más, con el tiempo descubrimos que era incluso más completo que Lucho Herrera. Y Colombia se dividió en dos bandos. Pero si algún ciclista colombiano se acercó en los ochenta a ganar el Tour de Francia ése fue Fabio Parra, que era como una piedra en el zapato. Los semáforos nunca le pillaban en rojo. No se le recuerda ni una pájara y peleaba las cosas hasta el último segundo como aquella Vuelta a España del 89 que estuvo a punto de remontarle a Perico Delgado el penúltimo día, en Navacerrada. Aquel día sólo él creía en la remontada.

Fabio Parra, en realidad, era un seguro a todo riesgo. Herrera, sin embargo, era un tipo genial. Excepto en la Vuelta a España del 87 (donde rozó la perfección), nunca sabías si podía salir cara o cruz. A veces nos preguntamos si Herrera fue tan bueno o le recordamos mejor de lo que fue. Pero es que Lucho Herrera era como los días de fiesta. Gracias a él entendimos que los colombianos eran los escarabajos.

Hasta pudo ser el ciclista más impactante que encontré en la infancia. Su victoria en los Lagos de Covagonda. La poca importancia que él se daba a sí mismo. Y, mientras tanto, en aquella  Colombia tan problemática de los 80 escribían de él: “Los pueblos necesitan sus días de gloria y Lucho Herrera nos lo ha dado”.

Cuando ganó la Vuelta a España 87 lo recibieron en la calle 26 como al mejor del mundo. No existía mayor felicidad. Fabio Parra, sin embargo, no tuvo esa opción. Nunca ganó una gran Vuelta. Pero eso no menosprecia su recuerdo de ninguna manera. De hecho, fue  el primer ciclista colombiano en subir al podio en un Tour de Francia (1988). Parra, en realidad, parecía un ciclista europeo. Un tipo muy regular que dio lo mejor de su vida en un equipo español, el Kelme de Rafa Carrasco, que en aquella época no lo cambiaba por ningún jefe de filas del planeta. “Con Fabio siempre hay opción a todo”, decía.

Así lo recuerdo yo también. Es más, ahora que llega el momento de la decisión, para mí Fabio Parra fue mejor que Lucho Herrera. Creo que fue más ciclista. Duró más tiempo entre los mejores. Se asomó a lugares hasta entonces inadmisibles para Colombia. Lucho Herrera, por encima de todo, fue un escalador. No había término medio. Pero sea como sea, en aquellos tiempos, que nos dejaron marcados para siempre, los dos abrieron el camino para todos los ciclistas colombianos que han venido después (Rincón, Botero, Mejía, Nairo, Bernal…) y que han llegado, incluso, más lejos. Pero ya no ha sido como en el Tour del 84.

Sólo por eso hoy les debemos a estos señores mayores, que ya son Lucho Herrera y Fabio Parra, un recuerdo eterno. No hay mal día para acordarse de ellos. Es más, ahora tenemos la suerte de que Fabio Parra desde su usuario de Twitter @fabioparracol imparte a menudo lecciones de ciclismo. Maravillosos recuerdos que nos recuerdan que todo esto que he escrito hoy fue verdad en una época en la que los ciclistas eran como los buenos escritores. Nunca te cansabas de ellos. Yo no recuerdo ni un solo día de perder la paciencia frente al televisor esperando ese ataque que no llega nunca. O que como ahora ya llega muy tarde.

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Alfredo Varona

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