Los pinganillos en el ciclismo. ¿Problema o solución?

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Los pinganillos son junto a los potenciómetros el mayor objeto de discordia del ciclismo actual. Los famosos intercomunicadores son a menudo duramente criticados por parte del gran público que afirma que estos frenan el espectáculo y el ciclismo de ataque.

Hoy nos preguntamos por las ventajas y los inconvenientes de este cuestionado aparato que no ha dejado de crear dudas desde su llegada. ¿Realmente son necesarios los pinganillos en el ciclismo profesional? ¿Y en el campo amateur? ¿Frenan el espectáculo o son en beneficio de la seguridad del ciclista?

Cuestión de seguridad

El gran argumento desde la instauración del pinganillo llega de la mano de la seguridad para el corredor. Con el pinganillo los directores de equipo pueden avisar a sus corredores de los diferentes peligros que van apareciendo a lo largo del recorrido y de esta forma evitar sustos o caídas innecesarias.

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Ahora bien, ¿realmente es tanta la seguridad que ofrece el pinganillo? Está claro que los intercomunicadores son de gran utilidad a la hora de anticipar un peligro. Es decir, los directores y el staff técnico que está visualizando la etapa puede ver como por ejemplo un corredor de la fuga se ha caído en una determinada curva, empieza a llover en la parte cabecera de la carrera o llega un cruce que, por el viento, el estado de la carretera o la estrechez puede ser crucial en el devenir de la carrera. En este sentido es evidente que los directores deportivos tienen más información que los propios corredores y pueden anticipar ciertos peligros o situaciones complicadas.

Sin embargo, por mucho pinganillo que lleven los corredores, que por cierto acostumbran a fallar con bastante asiduidad, resulta imposible que los directores puedan anticipar determinadas situaciones. Las caídas forman parte de este deporte y resulta imposible controlar los baches de la carretera, la gravilla acumulada en el asfalto, las averías mecánicas o los posibles accidentes con el público.

Así pues, resulta incuestionable que el pinganillo aporta cierta seguridad al ciclista pero también una radio informativa idéntica para todos los corredores podría hacer la misma función. Es decir, que por el pinganillo únicamente existiera una frecuencia y que esta únicamente se utilizase para temas de seguridad. De esta forma el espectáculo no se vería afectado, el ciclista percibiría la misma sensación de seguridad y la UCI se seguiría curando en salud.

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Los pinganillos son objeto de discordia

Condicionamiento táctico

Lo que también parece incuestionable es que los pinganillos van siempre en detrimento del espectáculo. El control que ejercen los directores de equipo frente a sus corredores viene más condicionado por la utilización de los intercomunicadores que por la táctica o reunión al inicio de la competición.

Los ataques cada vez son menos, y aunque con la llegada de los Van der Poel, Van Aert o Evenepoel la cosa parece haber cambiado bastante, los pinganillos siguen condicionando el número y la intensidad de los ataques.

Es evidente que los directores transmiten a sus corredores el miedo a perder y un excesivo conservadurismo que no hace sino frenar el todo o nada tanto en la lucha por la etapa como en la general de las vueltas.

Llega un punto en el que los directores informan a sus corredores de que tiene que conservar la 4,5 o 7 posición. Que esta es la prioridad y por este motivo cada vez cuesta ver más ataques lejanos o a cara de perro. Los también cuestionados puntos UCI tampoco ayudan nada en este sentido ya que los directores son plenamente conscientes de ello y luchan por mantener a flote sus equipos en una clasificación que tiene más trascendencia que interés.

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Además, con el pinganillo las discusiones entre compañeros de equipo o directores y corredores también se intensifican. Ya vimos lo que sucedió con Miguel Ángel López en La Vuelta a España del año pasado y es que las malas interpretaciones o la tensión con la que se vive una etapa, pueden distorsionar la imagen real de una determinada situación. Es muy difícil contenerse en determinadas situaciones y el corredor también palpa el estrés del director con lo que es normal que en más de una etapa se pueda ver a los ciclistas rodar con el pinganillo descolgado.

En cuanto a las diferencias de carrera y a las distancias entre grupos exactamente lo mismo. Sería suficiente con una radio conjunta para que todo el mundo pudiera estar informado de la situación de carrera, siempre y cuando se considere que este es un tema relevante. Hace años se corría sin pinganillo y la noción de las diferencias era más visual que otra cosa.

Campo amateur

Otro tema interesante de analizar sobre este tema es la utilización de los pinganillos en el campo aficionado. ¿Qué sentido tiene que un Sub23 lleve pinganillo? ¿Y lo que es peor, qué sentido tiene que algunos equipos tengan suficiente infraestructura para tenerlos, mientras que otros tengan que competir en la misma carrera sin pinganillo?

Las desigualdades son una injusticia y no es normal que un corredor de un determinado equipo tenga constantemente información desde el coche, mientras que otro no. Lo mismo ocurre en caso de pinchazo. ¿Cómo se entiende que un ciclista pueda avisar a su equipo, mientras que otro tenga que esperar a ser visto en la cuneta por su coche de equipo?

Además, en estas categorías lo que se debe de priorizar es el aprendizaje, la visión autónoma de carrera, el trabajo solidario en equipo, y los ataques ofensivos en busca de ganar la carrera. ¿Si a un Sub23 o a un Elite le formamos para conservar una tercera posición, que podemos esperar de él cuando este llegue al profesionalismo?

El trabajo de formación es imprescindible en todas las categorías y a un ciclista se le debe formar más a nivel teórico para que este pueda tomar decisiones importantes en carrera de forma autónoma y no prepararlo para ser un robot que únicamente obedece a las órdenes del director.

¿Tu qué opinas? ¿Te gusta el pinganillo o eres de los que lo quitaría para correr más a lo loco?

 

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Publicado por
Aleix Serra
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