Lael Wilcox: “Si conseguimos que más gente vaya en bici, la conexión con la naturaleza será mayor”

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Hace unos días me preguntaba si había una palabra concreta, ya fuese en catalán o en castellano, para referirse al concepto inglés de commute — desplazarse al trabajo diariamente, en el caso de muchos ciclistas, en bicicleta — y no encontré una respuesta definitoria. Puede parecer una tontería, pero conceptualizar las cosas es importante para que trasciendan. Precisamente, la protagonista de esta entrevista, Lael Wilcox, se aficionó a la bicicleta yendo al trabajo: “Empecé a montar en bici para ir a trabajar”, comenta en inglés y por Zoom. Es decir, commuting. Desde entonces, no ha parado de pedalear hasta convertirse en una referente del ciclismo de ultra-resistencia. Una de sus últimas aventuras ha sido completar la ruta de Montañas Vacías junto a otras 54 ciclistas. Un evento apadrinado por Komoot que reunió a algunas de las principales figuras del bikepacking femenino. La bicicleta como forma de empoderamiento. 

¿Recuperada ya de la última aventura, en Montañas Vacías?

Sí. Fue increíble. Lo pasamos muy bien. Ernesto Pastor, el organizador de la ruta, nos acogió de maravilla. Está creando una gran comunidad y de una forma muy bonita. Creo que dejamos una impresión muy buena en la zona, trayendo a 55 mujeres en esos pequeños pueblos de España. Los habitantes de la zona nos decían: “¿Qué está pasando aquí?”. Llamaban incluso a sus amigos para que vinieran a vernos. Sobretodo, los hombres de los bares. Fue una locura. En esos pueblos dormidos, que aparezcan de golpe una cincuentena de mujeres y en bicicleta… todo el mundo estaba muy emocionado. 

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Y se volcaron con vosotras…

La gente fue súper amable. Dejaron lo que estaban haciendo para ayudarnos. Hubo incluso quien nos preparó la cena. Además, las condiciones meteorológicas no fueron las más sencillas. Llovió e incluso granizó, por lo que dependíamos de encontrar refugio y comida. Eso hizo que todo el grupo se uniera aún más.

¿Quién organizó esta aventura? ¿A quién se le ocurrió?

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El año pasado ya organizamos un evento similar en Italia y Francia. La Torino Nice Rally. Y antes de acabarlo, ya dijimos que teníamos que organizar otro. Pensé que España era un lugar ideal porque nunca había pedaleado por allí — y tenía muchas ganas — y porque es un país con una gran cultura ciclista. Esa misma semana, dos amigos me comentaron que debíamos hacer la ruta de Montañas Vacías porque era un sitio especial para ir. Así pues, escribí un correo a Ernesto y me dijo: “Hagámoslo. Te ayudaré a que esto sea posible”. En setiembre del año pasado empezamos a trabajar y en enero abrimos las cincuenta inscripciones. Se llenaron en treinta segundos. A partir de ahí, comenzamos a organizarlo todo con un gran grupo de WhatsApp hasta el día de la salida.

“Decidí organizar un evento con 50 mujeres porque sabía que muchas querían”

¿Es un evento que ha servido para visibilizar el ciclismo femenino y demostrar a la comunidad que está más vivo que nunca?

Exactamente. La razón por la que decidí organizar esto es porque durante los últimos siete años, en los que he estado compitiendo, en cada prueba que participaba era la única mujer o había una o dos más. Parecía que las mujeres no participábamos en este deporte pero yo sabía que muchas de ellas sí que querían. Cuando viajaba, conocía a mujeres que practicaban el ciclismo por su cuenta y pensaba: qué diferente sería si lo hiciesen juntas. Para intercambiar ideas, para pedalear juntas, para conocer a gente, para mostrar que mujeres con diferentes antecedentes y edades son capaces de hacer algo así. Y no tenía que ser una carrera. Simplemente una aventura. Esa fue mi motivación. Este vez las edades iban de los 21 a los 56 años. Había madres con sus hijos en casa e incluso una de las participantes estaba embarazada. Fue increíble escuchar sus historias. No es fácil encontrar tiempo para hacer algo así, pero lo consiguieron. Todas sacamos el lado positivo de las cosas.

Las 55 mujeres antes de empezar Montañas Vacías – Foto: Belén Castelló

¿Una de las claves del bikepacking es esta percepción de no darle tanta importancia al tiempo? ¿De disfrutar de la bicicleta en su estado más puro con un grupo de gente que siente lo mismo que tú?

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Y no solo eso. También aprendes que las cosas no siempre salen bien. La bici se rompe. Te quedas sin comida. Te atrapa una tormenta. Pero te das cuenta que esto no tiene por qué ser una cosa terrible. Y que solo se trata de encontrar una solución. Y que cuando la encuentras, es el mejor momento. Porque has perseverado. Y de repente, aparece el arcoíris y todo es bonito. Durante una semana, tienes que simplificar las cosas. Lo único que tienes que hacer es pedalear, dormir, encontrar algo para comer, hablar… no tienes que preocuparte de resolver los problemas del mundo o los de tu día a día. Simplemente, sales y disfrutas de la naturaleza. Además, te preocupas y te interesas por la zona por donde pasas, por su gente. Te hace conectar más con el territorio. Y la mejor parte es que descubres nuevos caminos, nuevos senderos que te pueden inspirar cuando vuelves a casa, como le pasó a Ernesto. Así pues, cuanto más podamos hacer esto, si conseguimos que más gente vaya en bicicleta, la conexión con la naturaleza será mayor y entenderemos por qué esos lugares son importantes o merecen ser visitados.

Haciendo un poco de memoria, Lael, ¿cuándo empezaste a montar en bici y a aficionarte por el bikepacking y la larga distancia?

Empecé a montar en bici cuando tenía 20 años solamente para ir al trabajo. Antes, iba andando. Pero conseguí una bicicleta y pensé que podía ir con ella a todas partes. Después me entraron ganas de recorrer los Estados Unidos, algo que nunca había escuchado hacer a nadie. Fue en 2008 cuando decidí salir a recorrer nuevos lugares con una tienda de campaña y una bicicleta. Pensé que sería un simple viaje, así que volví a la facultad de medicina para convertirme en doctora, pero desde entonces, nunca he parado de recorrer el mundo en bicicleta. Los primeros siete años, trabajaba medio año y viajaba la otra mitad. Hasta que en un viaje en Israel empecé a competir. Nunca antes había visto la bicicleta como un deporte. Lo veía como un medio de transporte para viajar. Una forma económica de ver el mundo. Pero desde que empecé a competir, conseguí sponsors y lo pude hacer durante todo el año. Nunca dejo de pensar en que otras mujeres deberían saber que esto es posible; también para ellas. Trabajo con niñas para que se suban a una bicicleta y vivan aventuras. También con mujeres para crear oportunidades para que salgan en bici. A mí me ha cambiado tanto la vida, que creo que a otras mujeres les gustaría. Quiero que vean que es algo que pueden hacerlo. Yo nunca he perdido la pasión.

“Desafiarse a una misma te ayuda a creer que eres capaz de hacer cualquier cosa”

¿Crees que historias como la tuya, pueden inspirar a otras mujeres? ¿Sientes que estás haciendo algo que puede ayudar a otras ciclistas?

Pero no solo yo. Todas las otras mujeres también. Porque cuando vuelven a casa, cuentan sus historias. Suben fotos a Instagram. Y quizás, gracias a esto, la próxima vez se animarán a hacer algo así o a salir en bici por su cuenta. No hace falta que sea tan largo. Puede ser algo al lado de casa. De hecho, el otro día me escribió una mujer y me dijo: salí a correr cuando no tenía muchas ganas porque te vi pedaleando bajo la lluvia. Desafiarse a una misma te ayuda a creer que eres capaz de hacer cualquier cosa.

¿Y qué tipo de rutas te gustan más?

Siempre quiero estar en las montañas porque mi fortaleza como ciclista son las subidas. También porque es donde puedes ver los sitios más espectaculares, aunque puedan parecer muy duros. Para mí es más interesante. Y después, cuando voy a un sitio nuevo, me encanta que la gente de la zona me recomiende lugares donde ir. Las redes sociales han ayudado mucho en este sentido, a intercambiar rutas. Aplicaciones como Komoot te permiten compartir tus sitios favoritos para que cuando alguien venga a tu zona, pueda seguir tus rutas. Hacer las rutas de alguien local es algo muy especial. Es mucho mejor.

Algunos de los paisajes de Montañas Vacías – Foto: Sami Sauri

¿Este tipo de aplicaciones han ayudado al bikepacking?

Sí, han ayudado mucho. Hay gente muy buena analizando y haciendo rutas con mapas, pero en mi caso, no me gusta perder mucho tiempo… yo solo quiero salir en bici. Por eso cuando alguien me manda una nueva ruta con este tipo de aplicaciones, estoy feliz porque solo tengo que seguirla. Ayudan a encontrar mejores rutas. Además, también te dan cierta tranquilidad porque ya sabes que alguien la ha hecho antes. 

¿Y qué piensas del gravel? ¿Por dónde pasa el futuro de esta disciplina?

Es mi disciplina favorita. No es muy técnica y te aleja del tráfico. Te acerca a sitios muy interesantes. Creo que cambia la forma en que la gente piensa sobre los lugares a los que puede ir. Aunque sean rutas más largas, lentas y duras, la experiencia es más especial. En este sentido, pienso que seguirá creciendo. Los eventos ayudan, pero también las rutas que se planifican. Porque éstas permanecen allí. Y la gente las puede recorrer cuando quiera. Esto es algo increíble.

¿Te gusta que el mundo de la competición y que la UCI hayan entrado en el gravel?

Creo que hay espacio para todo. Los eventos que prefiero son muy largos y de autosuficiencia, así que no estoy preocupada porque se involucre la UCI. La ultradistancia no será nunca un deporte olímpico. No es suficientemente popular. Pero si quieren hacerlo más estricto y con normas, no lo veo un problema. La gente puede decidir si quiere participar o no. Creo que como más versiones de un mismo deporte, mejor. A veces escucho: si estás compitiendo, no puedes disfrutar de las vistas; mientras que si estás de viaje, no estás compitiendo lo suficiente. ¡Pero a mí me gustan las dos cosas! [Risas] ¿Por qué no dejamos a la gente que encuentre lo que quiera y nos alegramos de que quiera montar en bicicleta? 

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Pau Mitjans
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