Jay Vine: “Vendí todo lo que tenía en Australia para ser ciclista profesional”

Las oportunidades hay que aprovecharlas. Y sino que se lo digan a Jay Vine (Canberra, 1995). Con 25 años y después de apostarlo todo al ciclismo, una pandemia le trastocó sus planes. Pero lejos de venirse abajo, dobló su apuesta y después de meses de trabajo y de muchos esfuerzos, consiguió ganar el programa Zwift Academy 2020, competición impulsada por la reconocida aplicación de ciclismo indoor. Un triunfo que le cambió la vida: le abrió las puertas del ciclismo profesional con un contrato con el Alpecin-Fenix. Las nuevas formas de llegar al pelotón internacional están cambiando, pero los sacrificios que hay detrás siguen intactos.

¿Cuándo y cómo empezó tu relación con la bicicleta?

Empecé a montar en bicicleta de carretera en 2017. Yo venía del Mountain Bike. Corrí en Cross Country y en el circuito nacional de Australia durante dos o tres temporadas antes de dar el salto a la carretera. Mi primera competición UCI a nivel internacional fue en 2019, en la Clásica Ciclista de Nueva Zelanda. Y me gustó tanto que, desde entonces, mi objetivo fue convertirme en ciclista profesional. También disputé el Tour de Filipinas. Ya en 2020, terminé quinto en la general del Herald Sun Tour antes de que la pandemia detuviese el mundo. Después, ya no pude correr más.

Si no tengo mal entendido, en 2019 decidiste dejar el trabajo que tenías para centrarte completamente en el ciclismo…

Sí, después de la Clásica de Nueva Zelanda, dejé mi trabajo. Lo dejé todo en suspenso para intentar convertirme en ciclista profesional. En 2020, todo se complicó durante la pandemia. Pero por suerte, gracias al Zwift Academy, pude conseguir un contrato para el 2021.

¿Cómo fue todo el proceso en el Zwift Academy?

Ese año fue el primero que se ofrecía un contrato profesional con el Alpecin-Fenix y decidí apostar por ello. No me quedaba otra. El proceso estaba abierto a todo el mundo, no solo a los menores de 23 años. También a nivel élite. Así que hice dos meses de entrenamiento específico en Zwift con tests de potencia de 20 minutos, de un minuto, de resistencia al ácido láctico y todo este tipo de pruebas. El objetivo era evaluar cuáles eran mis puntos fuertes y débiles. Luego, siguieron cinco días de más tests, tanto mentales como físicos, antes de llegar a la fase final en diciembre donde solo quedamos cinco atletas.

¿Podemos decir que te cambió la vida?

Absolutamente. Sin la Zwift Academy probablemente no sería profesional. Tengo ya 25 años, cumplo veintiséis en noviembre, y mi equipo continental del año pasado no disputó ningún evento UCI porque no han podido salir de Australia. Sin la Academy, nada de esto hubiese ocurrido.

Jay Vine junto a Sepp Kuss en La Vuelta 2021 – Foto: Alpecin-Fenix

¿Crees que un ciclista australiano tiene menos posibilidades que un europeo de convertirse en ciclista profesional?

Creo que sí. Es un poco más complicado teniendo en cuenta que cuando viajas a Europa desde Australia tardas unas 28 horas [risas]. Si eres del Reino Unido, por ejemplo, llegar a Bélgica para competir un fin de semana te puede costar 60 euros y en dos horas lo tienes.

“No quería estar aquí solo un año. Lo vendimos todo en Australia, no tenemos nada allí”

¿Y cómo ha sido este primer año como profesional en el Alpecin-Fenix?

Ha sido muy bueno. Pero no estaba seguro de cuántas oportunidades iba a tener. Así que quería aprovechar todas las que se me presentaran. Terminar segundo en la general del Tour de Turquía fue el primer paso. Eso ya fue increíble. Pero también quería conseguir extender mi contrato dos años más. Era otro de mis objetivos. Porque si había ganado la Zwift Academy, era para continuar con mi carrera y progresar. No quería estar aquí solo un año. Lo vendimos todo en Australia, no tenemos nada allí. Queríamos quedarnos en Europa y quería seguir compitiendo con mi bicicleta.

¿Lo vendiste todo en Australia para venir a Europa y convertirte en ciclista profesional?

Todo. No tengo nada en Australia. Hemos venido con mi mujer y ahora estamos mirando de mudarnos a Andorra, que tiene sus costes… es un gran compromiso.

Porque ahora estáis en Girona.

Exacto. Es un lugar muy bonito. Además, las carreteras por aquí son perfectas para entrenar.

¿Ha valido la pena dejarlo todo?

Echando la vista atrás, este año ha sido increíblemente aterrador y emocionante, pero ha valido mucho la pena. No había estado nunca en Europa, ni había experimentado nada de lo que he hecho este año. Por ejemplo, en mi primera carrera fui a Turquía y si no hubiese sido por el ciclismo, nunca habría ido seguramente. Ahora, con mi mujer, vamos a poder vivir en Europa por lo menos tres años. Es una oportunidad única en la vida y estamos muy agradecidos.

¿Y qué te dijo tu familia cuando les comentaste que lo dejabas todo para ir a Europa y convertirte en ciclista profesional?

Ellos sabían que yo tenía este objetivo y que estaba trabajando para ello. Obviamente, se asustaron un poco cuando estalló la pandemia pero supongo que estarán satisfechos porque mi trabajo ha dado sus frutos.

Qué gran responsabilidad.

Sí… Estar tan lejos de casa y no poder llamar a tus padres cuando quieres para que vengan a ayudarte porque están a más de un día de distancia… Aunque es cierto que, en estos tiempos, somos unos afortunados. Tenemos las videollamadas y este tipo de herramientas que nos ayudan a estar en contacto.

“Echando la vista atrás, este año ha sido increíblemente aterrador y emocionante, pero ha valido mucho la pena”

¿Y qué tal con los nuevos compañeros de equipo? ¿Ha sido fácil la adaptación?

La primera vez que conocí al equipo fue en Turquía, el día antes de la primera etapa. Además, ese día nevó y nos tuvieron que reubicar. Pero más allá de la anécdota, la parte más difícil de todo el proceso fue llegar desde Australia por todas las restricciones que conlleva. Durante este año, por eso, he hecho mi propio entrenamiento. Adaptarme al estilo de comunicación ha sido un poco complicado.

Además de Turquía, este año también corriste la Vuelta a Andalucía, la Vuelta a Burgos y ni más ni menos que La Vuelta a España, la competición más importante que has disputado hasta la fecha. ¿Cómo recuerdas esos días y la sensación de poder competir en una grande el primer año de profesional?

Cada día era una nueva aventura. Incluso en los días que no estaba en la fuga o que no salía a los ataques, eran días muy duros. Pero mi objetivo era terminar la carrera. Aprendí muchas cosas nuevas sobre mí mismo en los momentos que más cansado estaba. Fue una experiencia muy buena para aprender a moverme en un pelotón World Tour día tras día. Estas experiencias me servirán seguro de cara al 2022.

¿No sé si eres consciente de que después de la etapa en el Pico Villuercas – dónde acabaste tercero a pesar de la caída con el coche – ganaste mucha visibilidad? ¿Nos podrías explicar cómo viviste ese momento?

Sí. La recuerdo perfectamente. Iba muy bien hasta que caí. Pero de ninguna manera iba a dejar pasar esa oportunidad. Estaba tan cerca de meta, que habría sido una tontería abandonar y rendirse. Y más aún si todavía quedaba alguna opción para poder disputar la etapa, por poca que fuera.

Una metáfora de tu vida.

No rendirse nunca.

En el Alpecin-Fenix compartes equipo con Mathieu Van der Poel, un ciclista que está marcando una época junto a otros jóvenes talentos como Pogacar o Evenepoel. ¿Cómo crees que están cambiando este deporte?

Están haciendo que las carreras sean más abiertas y emocionantes, con ataques desde más lejos. Pero también podría verse como que se está reduciendo la emoción en pruebas donde solo compiten algunos de ellos porque, en situaciones así, la gente puede cederles la iniciativa y jugar más a la defensiva. Así que tiene puntos positivos y negativos. Pero si tienes a los mejores corredores en una misma carrera, como pasa en los mundiales, es algo increíble y espectacular.

¿Y qué tal es correr al lado de Van der Poel?

Pues todavía no lo conozco personalmente. Pero en diciembre y en enero tenemos una concentración con el equipo y espero conocer a muchos más compañeros y miembros del staff. Con quien sí que he podido competir es con Jasper Philipsen. Fue increíble formar parte del equipo con el que conseguimos dos victorias en La Vuelta. No hay muchos equipos que puedan decir que este año han logrado dos triunfos en una Gran Vuelta.

La última, Jay. ¿Por dónde pasa tu futuro?

Espero consolidarme como un buen escalador en el pelotón profesional. Me encantaría representar a Australia en unos mundiales. En los de Wollongong del año que viene, por ejemplo. Y también quiero desarrollarme como un ciclista que pueda luchar por las clasificaciones generales. Estos son mis objetivos de futuro, pero ahora toca centrarse en el 2022.

Jay Vine, antes de una etapa de La Vuelta – Foto: Alpecin-Fenix
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Pau Mitjans

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