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Javier Mínguez: una limosna por ganar el Mundial

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El Mundial, que ganó Valverde, siempre tendrá una espina clavada. Fue cuando nos enteramos del sueldo de su guionista, Javier Mínguez: una limosna a esos niveles que acabó provocando su cese. Todo eso dio más valor al Rolex que le regaló Valverde.

 

Y Alejandro Valverde le regaló un Rolex.

Y lo acompañó de una dedicatoria que aún nos pone los pelos de punta: 

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-Javier, sin ti no hubiera sido posible, eternamente agradecido.

Javier era Javier Mínguez (Valladolid, 1949), el director de la selección con la que Alejandro Valverde fue campeón del mundo en Innsbruck (Austria) en 2018 y que acababa de ser despedido por la Federación por denunciar su diminuto sueldo a esos niveles:

25.000 euros.

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25.000 € al año era lo que cobraba Javier Mínguez por ser seleccionador y no es que haya pasado un mundo.

Sólo han pasado cuatro años desde aquel Mundial en el que Mínguez sentó cátedra y que, a los 69 años, iba a significar su final precipitado en el ciclismo.

Quién lo iba a decir tras un éxito de ese tamaño.

Pero así es la vida a veces.

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También se puede resumir en un Rolex y en una dedicatoria que Javier Mínguez exhibió en sus redes sociales:

-Mucha clase, señor -le escribió él a Valverde.

Pero es que Javier Mínguez siempre fue un tipo cabal, un motivador excepcional que uno recuerda en los tiempos del ZOR en los ochenta y al que no sé si el ciclismo trató al nivel que merecía.

Mínguez empezó en el 64  y tuvo que dejarlo en el 2000 en contra de su voluntad.

El mundo le dejó sin equipo, pero no fue una tragedia que le impidiese seguir viviendo.

Regresó a esa correduría de seguros que un día montó en Valladolid, una pequeña empresa de ocho personas con la que supo ganarse la vida, regatear a la crisis y, algo más importante, ser feliz sin hacer lo que más feliz le hacía.

Mínguez fue un hombre que lo ganó todo, hasta dio la vuelta a los Campos Elíseos en los dos últimos Tours de Indurain.

Nadie como él merecía guiar a un ciclista campeón del mundo.

Sobre todo, porque en 2013 cuando no se encontraba a nadie, López Cerrón (que era el presidente de la Federación y que había sido corredor suyo en ZOR) le preguntó si no le importaba volver para dirigir a la selección:

-Me parece bien.

-Pero no podemos pagarte mucho -le avisó.

Y Mínguez aguantó cinco años hasta ganar el Mundial de Insbruk con Valverde con el mismo sueldo.

Quizá a partir de una victoria como ésa hay cosas que no hay ni que pedir.

Pero hay dirigentes que no saben aprovechar las oportunidades.

Por suerte en esta historia se descubrió un señor como Alejandro Valverde  (algo más importante que un triunfador).

Y la única pena es que significó el final de Javier Mínguez al que hoy, a los 73 años, me lo imagino dando un paseo por las mañanas por el Paseo de Zorrilla o por la calle Santiago de Valladolid.

Y, por supuesto, hablando de ciclismo.

Y, sobre todo, siendo él: Javier Mínguez, con esa capacidad suya para diferenciarse.

Al final, como decía Clint Eastwood de sí mismo, ya no hay betún suficiente para oscurecer su pelo ni lija tan potente para suavizar todas sus arrugas.

 

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Publicado por
Alfredo Varona
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