El hijo de la dueña del videoclub cierra el negocio

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Vicenzo Nibali, el ciclista enamorado del cine, se retirará a final de temporada tras una magnífica carrera en la que siempre se sintió mejor de lo que era. Y eso es lo que hizo aún más grande al hijo de la dueña de aquel videoclub en Messina.

 

El ciclismo ha sido su hogar desde hace 16 años.

En el ciclismo lo ha ganado todo (Vuelta, Giro y Tour).

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Pero, por encima de todo, Vicenzo Nibali nos ha enseñado a atacar sin miedo a ganar y sin miedo a perder: la imagen de un ciclista insaciable que no se da por vencido ni debajo del agua.

Por eso nos sentimos tan a gusto escuchando su nombre y hasta nos parecía que iba a durar siempre.

Pero este miércoles en Messina, en su ciudad, 30º clasificado en el Giro de Italia, nos ha recordado que todo tiene un final, nos ha anunciado que, a final de temporada, ya lo deja, que entonces tendrá 38 años y que, como nos recuerdan las películas, nada es para siempre.

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Yo me he acordado de aquel periodista que, tras ganar el Tour de Francia 2014, le recordó a Nibali que, como su madre trabajaba en un videoclub, “usted habrá visto usted muchas películas”

Nibali entonces se echó a reir y habló, sobre todo, de una película que le había marcado:  ‘La leyenda del pianista en el océano’ de Giuseppe Tornatore.

Desde entonces, establecimos un paralelismo entre el protagonista de esa película (un niño huérfano que vive en un barco y que resultó ser un prodigio para la música) y Vicenzo Nibali (un ciclista que siempre se ha sentido mejor de lo que era).

Quizá eso es lo que le permitió llegar a todo y lo que le permite continuar hoy, a los 37 años, sin absolutamente nada que demostrar.

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Pero todo eso es Vicenzo Nibali.

A su lado, nos hicimos mayores. Nos dio tiempo para terminar la carrera, para ascender en la empresa y hasta para pagar hipotecas.

No encontramos mejor ápodo para él que ‘El Tiburón’ lo que es una manera de reconocer a un ciclista total, capaz de pelear por la Milán San Remo o por el Tour de Francia.

Y, por encima de todo, su biografía nos ha insistido estos últimos años que, si amas lo que haces, eres un triunfador y que, si ya no ganas como ganabas antes, no pasa nada: sigues amando lo que haces.

Pero como en el cine, como él aprendió en las películas de ese videoclub de Messina, en el que trabajaba su madre, no hay películas que duren siempre: los finales también forman parte de la vida.

Así que en estos meses que nos quedan no podemos hacer nada mejor que disfrutar de él.

Conociéndole apuesto que ganará algo, pero sea como sea gracias al ciclismo por habernos permitido conocer a un ciclista insólito, inabarcable en unas líneas, tan talentoso como 1900 en ‘La  leyenda del pianista en el océano’ 

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Publicado por
Alfredo Varona
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