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El Giro que perdimos por 16 malditos segundos

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Fue hace 10 años y el protagonista fue Joaquim Purito Rodriguez, uno de esos ciclistas que nos encorajinaba. Hoy, Purito es un hombre de 43 años cuyo recuerdo nos rejuvenece y saca lo mejor de nosotros mismos.

 

Todos sabíamos que era difícil.

Que en el Stelvio esperábamos más.

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Que los 31 segundos con los que salió Purito sobre Hesjedal para la contrarreloj de Milan no eran suficientes.

Y el propio Purito nos lo decía:

-Necesito un milagro.

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Pero puestos a elegir preferíamos tener esperanzas.

Y Joaquim Purito Rodríguez era un ciudadano sorprendente y un ciclista inclasificable, curtido en mil batallas, incapaz de renunciar ni siquiera a lo imposible.

Todavía recordamos su ataque en el Stelvio  y los diez días que estuvo de líder y las dos etapas que ganó.

Lo queríamos mucho y a partir de ese Giro (derrota tan dolorosa) lo quisimos más.

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Porque Purito corrió la mejor contrarreloj de su vida.

Se lo dejó todo en  Milán, pero Hesjedal, aquel canadiense, era un contrarrelojista con mayúsculas.

Y no: no pudo ser como recuerda hoy Purito Rodríguez, a los 43 años, sin una cana, muy bien conservado para su edad y hasta en un peso óptimo (ciclista para toda la vida).

-Llegué hasta el último día de líder y fue la primera vez que demostré que podía ganar una Vuelta grande.

Por las calles de Milán, por esas avenidas tan amplias, todos fuimos Purito.

Todos fuimos a muerte con él.

Pero cada kilómetro aumentaba la diferencia entre Purito y Hesjedal que, al final, se quedó en 47 segundos, suficiente para Hesjedal.

Nadie nos puede quitar ese recuerdo agridulce de la cabeza.

El orgullo de estar ahí (todo amor propio Purito) y la pena de  no ganar, de quedarse tan cerca, de compartir lágrimas con él en la Piazza del Duomo de Milán.

Y fue así y hoy lo damos por bueno, hasta nos conformaríamos con repetir una experiencia semejante este domingo con Mikel Landa en la contrarreloj de Verona.

Pero será difícil.

Purito fue un ciclista muy grande, un seguro de vida para la general, un tipo que volvió a subir tres veces más al podio en las tres grandes (Vuelta a España 2012 y 2015 y Tour de Francia 2013).

No le faltó nada para ganar una grande más que suerte: esa palabra tan caprichosa. 

Todavía recordamos el Mundial 2013 de Florencia y ese momento en el que no se pone de acuerdo con Valverde y en como aparece Rui Costa y en como nos quedamos sin subir a lo más alto del podio.

De alguna manera fue el sino de Purito, pero eso no nos impide recordarlo como un ciclista único en su especie y en como supo administrar lo mejor de su vida a partir de los 30 años.

De hecho, alguna parte de nosotros siempre que volvemos a Milán, nos acordamos de él.

Y de esa contrarreloj que se nos hizo tan larga.

Y de ese nombre Ryder Hesjedal que nunca debería haberle ganado, pero.

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Publicado por
Alfredo Varona
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