Cámara hipóxica para entrenamiento ciclista: ¿son reales sus beneficios?

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La cámara hipóxica ha tomado protagonismo en los últimos años, pues se le suponen beneficios a la hora de mejorar el rendimiento deportivo. ¿Se trata de una simple moda o de verdad resulta determinante como para quedarse entre nosotros?

Más que si es tendencia o no hay que preguntarse por la efectividad. Conoce qué es exactamente una cámara de hipoxia y si de verdad tiene los beneficios que se le atribuyen.

Qué es una cámara hipóxica

Como explica Javier Fernández, director de Alto Rendimiento, se trata del sistema artificial que imita un entorno hipóxico. En medicina, la hipoxia es un estado de deficiencia de oxígeno que se produce por causas como la altitud.

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El organismo tiene menor capacidad de absorción de oxígeno en un entorno hipóxico, lo que le obliga a adaptarse. En este caso, aumenta el número de glóbulos rojos para aprovechar mejor el oxígeno, que es más escaso. De ello se derivan una serie de beneficios.

Los deportistas que se someten a sistemas como este aprovechan las horas de descanso y sueño para adaptarse a la altitud. Los responsables de su entrenamiento configuran un plan a medio-largo plazo para que la adaptación sea progresiva, de manera que los ciclistas duermen, hacen la siesta, leen o ven en la tele en la cámara hipóxica. Un sistema que se ha denominado “live hight, train low” (vivir arriba, entrenar abajo).

Beneficios de la cámara hipóxica para ciclistas

A la cámara hipóxica se le atribuyen beneficios como la mejora de la producción de glóbulos rojos, de la capacidad oxidativa de las células y una recuperación postentrenamiento más efectiva.

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De ello podría derivarse una mejora del rendimiento. Al usar dispositivos como la mascarilla hipóxica durante el entrenamiento pueden aumentar las concentraciones de mioglobina celular, lo que reporta un aumento de los sistemas enzimáticos que producen energía en las mitocondrias por la vía aeróbica.

Pero hay bastante controversia a la hora de valorar los resultados. Una revisión de estudios publicado en la Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, concluye que aún hay mucho camino por recorrer a la hora de analizar el rendimiento deportivo tras las exposición hipóxica.

Se dan grandes contradicciones, lo que tiene que ver con la poca homogeneidad de los trabajos de investigación. Se usan diferentes parámetros, frecuencias, duración, exposición, altitud simulada, tipo de entrenamiento y características de los participantes, lo que no permite comparar correctamente para extraer resultados concluyentes. Las adaptaciones a la hipoxia son individuales.

¿Cómo usarla correctamente?

Lo que se busca con la cámara hipóxica es la adaptación, pero esta debe ser progresiva. Es decir, se debe formular el protocolo adecuado a medio y largo plazo para que funcione.

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Javier Fernández cita algunos ejemplos en el que explica que, dependiendo de la altura a la que te encuentres, tendrás que empezar de una forma u otra. Por ejemplo, si te preparas para mejorar el rendimiento entre el nivel del mar y los 500 metros, deberías pasar una semana a 1200 m, otra semana a 1400 m y una tercera a 1600 m.

Con todo, el descanso es lo más importante. Si estás durmiendo en la cámara, debes alcanzar una calidad adecuada de sueño. Si no lo consigues, tendrás que valorar la posibilidad de empezar un poco más abajo e ir subiendo progresivamente. De hecho, si tienes que abandonar el área durante más de una semana, para asistir a competiciones o por vacaciones, al volver deberías bajar la cámara unos 200 metros, e ir subiendo poco a poco semana a semana.

En cuanto a alimentación, vitaminas y minerales como la vitamina C, el ácido fólico, el complejo vitamínico B y el hierro (si no excedes los valores de ferritina necesarios) son los mejores aliados.

Hay que valorar también el dispositivo a utilizar. Según algunos de los estudios mencionados, lo mejor es plantear la preparación con cámaras en altura real, no simuladores.

En cuanto al uso de máscaras durante el entrenamiento, hay controversia sobre su efectividad. Javier Alonso, Técnico Superior FEDA en Fitness y Entrenamiento Personal, afirma que la máscara no parece actuar como un simulador en altura real que mejore el consumo máximo de oxígeno, sino como entrenamiento de la musculatura respiratoria.

El uso de máscaras no ha arrojado diferencias en parámetros como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el consumo de oxígeno, la saturación periférica de oxígeno en sangre o el lactato en sangre. Donde sí hay diferencias es en la percepción del esfuerzo.

En definitiva, si quieres intentarlo con la cámara de hipoxia, recuerda hacer una planificación adecuada a medio y largo plazo. Debe ser una preparación muy adaptada para que notes algún resultado, siempre partiendo de que se necesitan más estudios para constatar sus verdaderos beneficios.

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Publicado por
Natalia Romero

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