Pedro Nimo: la Bella y la Bestia

Pedro Nimo: la Bella y la Bestia

3144
2
Compartir
El domingo competirá en el maratón de Los Ángeles con una idea de ley: “Hasta los 40 años todavía podemos superarnos a nosotros mismos”. 

En una conversación con Pedro Nimo uno pone rumbo a lo desconocido. Las leyes las marca él, que podría ser un personaje de otra época o un ídolo de jovencitas. Cualquier idea vale en un hombre, de casi 37 años, que defiende que “hasta los 40 todavía podemos superarnos a nosotros mismos”. La prueba está en él, que fue capaz de envejecer con dignidad o de levantarse a las siete de la mañana para salir a entrenar. “Me administro para encajar las piezas de este rompecabezas en el que pesan los años y pesan los kilómetros”. Pero tampoco desea que nadie, que no sean sus caballos o su abuela, a la que irá a ver después de terminar esta conversación, lo idealice, “porque no soy ni más ni menos que nadie. Supongo que habrá vidas más duras que la mía”. Y, en cualquier caso, a él siempre le quedará la carretera, que es como su amuleto. “Mientras pueda sacar tiempo para entrenar, mi vida puede ser la mejor del mundo”. La motivación puede ser muy inteligente. “Busco ordenar todo el día para tener tiempo para correr”.


“Puedo llevar la vida que me gusta, seguir intentándolo y buscando el día perfecto”.


Al fondo queda un hombre enigmático que llegó a ser subcampeón de España de maratón en La Coruña con una media de 70 u 80 kilómetros a la semana. De ahí que la lógica no sea la herramienta más importante en esta conversación, en la que Pedro Nimo también viaja al pasado y se acuerda de sus pecados de juventud “como aquellos días en la residencia Blume en Madrid”. Tenía 20 años y recuerda que  “Manuel Pascua ponía una atención desmedida en la técnica de carrera y en la elasticidad”. Un Master en prevención que, sin embargo, Pedro sólo aceptó un año y hoy, que se acerca a los 40, se pregunta por qué. “Pero mi cabeza entonces me falló y se empeñó en que dejase el atletismo y lo dejé por dos años”. Hoy, no sabe si esa es parte de su longevidad. “Tampoco sabría decir, porque nunca fui un atleta de grandes cargas. Nunca abusé de las zapatillas de clavos, que son las más lesivas. Así que tal vez por eso ahora no me levanto con sobrecargas ni con dolores en los Aquiles. Puedo llevar la vida que me gusta, seguir intentándolo y buscando el día perfecto”.

Sin embargo, nada de eso le ha divorciado de la pista. “Sería imposible. Sería como pegarme un tiro a mí mismo, porque la quiero con locura. En la pista es donde se encuentra la excelencia, la que realmente diferencia entre el atleta y el corredor“. De ahí que Pedro siga aterrizando en la pista para hacer las series para el maratón “como esos 10×1.000 de la pasada semana a 2’58” con 1’00 de recuperación en los que me olvido del GPS y de todo lo que no tenga que ver con correr, con empujar a mi cuerpo y con recordarle que no hay nada tan bello para el atleta como el tartán”.  Son, en realidad, los silencios de atleta que nos recuerdan que “todavía podemos aprender” y que, en un partido que va empate a cero, “la paciencia será lo mejor”. Así lo explica Pedro, que siempre abrirá nuevas puertas.  “Me resigno a no aprender, me resigno a no preguntar y a no pensar que las cosas se pueden hacer de otra manera. Hace dos años estuve en el maratón de Londres y coincidí con el entrenador, Renato Canova. Me picó la curiosidad de los métodos que aplicaba con sus atletas. Me di cuenta de que alternaba días de muchísima intensidad en los que podían hacer series de 1.000 por la mañana y 32 kilómetros por la tarde con otros de recuperación total”.

“Con la palabra se puede llegar a todos los sitios”.

Pedro Nimo ha aplicado esta táctica para Los Ángeles. “A mi manera, sí”. El resultado han sido domingos de 42 kilómetros de rodaje “como el del maratón de Tarragona que lo empleé de preparación”. No fue un amor esporádico. “He llegado a combinar semanas de 70 u 80 kilómetros con otras de 180, porque muchas veces no es lo que tú puedes hacer, sino lo que el día a día te deja hacer”. Y él trabaja en una tienda en Santiago lo que, naturalmente, tiene su esclavitud. “Y eso que a mí me encanta el trato con el público. En realidad, no sólo se trata de dar una zapatilla, de cobrarla y de despedirse del cliente. También se trata de escuchar a ese cliente o de ponerse en su piel. Con la palabra se puede llegar a todos los sitios. Por eso yo siempre digo que la zapatilla es la misma, pero la persona no es la misma. Y descubrir eso es importante en estos tiempos tan complicados, porque es lo que realmente nos diferencia a los pequeños comercios de vender unas zapatillas por Internet. De lo contrario, acabaremos siendo historia”.


Los recuerdos perdieron el miedo. “El maratón que más me enseñó fue el que más sufrí”.


No hay futuro sin paciencia. “Te das cuenta esos días en los que a lo mejor sólo vendes unas zapatillas, un gel o unas mallas”. Máxime en Santiago, una ciudad de unos 100.000 habitantes donde las posibilidades no son tan monumentales como en Madrid o Barcelona. “Pero la idea es luchar, la idea es explicar tu mensaje a una persona que lo necesita, porque a lo mejor empezó tarde a correr o, simplemente, le falta talento”. Y eso no sólo es trabajo. También es pasión para un hombre como Pedro Nimo, que podría ser hasta el Dylan del atletismo español. Y, si lo fuese, seguiría defendiendo que, a día de hoy,  no sabría dejar de correr. Todavía es pronto. “Hace unos meses me hacía esta misma pregunta con Martín Fiz; los dos nos preguntábamos, ‘¿sabríamos dejar de correr?’ y a ninguno de los dos se nos ocurrió contestar que sí”. Quizá porque la inteligencia es eso, entender que todavía quedan balas por gastar. “Podré fallar en miles de cosas. Mi descanso no será el mejor;  mi entrenamiento invisible se aleja de ser el más indicado; mi propio día a día… Pero para defenderme siempre me quedará la cabeza”.

La realidad es que han pasado casi diez años desde que debutó en Viena, en un maratón solo para debutantes, a orillas del Danubio. “Entonces no sabía lo que era esta distancia. Podía tener prejuicios. La mayoría de mis semanas habían sido de 110 o 130 kilómetros”. El tiempo, sin embargo, ha sido más fuerte. Ha escrito sus propias leyes en las que se hizo mítica aquella frase que pronunció una vez, “Pedro, tu mente tiene muchas cosas de mujer”, y que hoy podría tirar de él hasta el infinito. La diferencia es que el atleta ya descubrió lo más importante: la anarquía es posible y las emociones no lo dejarán libres. Los recuerdos perdieron el miedo. Por eso no pasa nada si mañana llueve en Galicia o el domingo hace un calor imperdonable en Los Ángeles. La guerra no está en el dolor sino en la cabeza, la bella y la bestia en un mismo hombre, Pedro Nimo del Oro, de 36 años de antigüedad. “El maratón que más me enseñó fue el que más sufrí”.

@AlfredoVaronaA

Compartir

2 Comentarios

Dejar una respuesta

Comentarios bajo condiciones en nuestro Aviso legal

Comentarios bajo condiciones en nuestro Aviso legal.