Mullera, hoy

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42.000 euros invertidos en abogados, dos años en el ‘calabozo’ y la idea de que, a los 33 años, puede volver a ser el de antes. “Sé que hay gente a la que no ofrezco confianza, pero no puedo luchar frente a ellos”, explica Ángel Mullera, que regresa el domingo en Lloret tras dos años sancionado.

No sé ni por dónde empezar esta conversación y a estas alturas de la vida lo último quizá sea plantearse si Ángel Mullera lleva o no razón. Ha pasado dos años en el ‘calabozo’ por un extraño asunto de dopaje que, si uno le escucha a él, fue una cuestión de honor por su parte y, si se escucha a quienes le condenaron, no quedaba más remedio. Por eso intento borrar prejuicios y hacerle caso a él, “que de ninguna manera quiero una entrevista a medida”. Así que me insta a preguntar sin miedo que es como entrar a cuchillo. Pero así es su carácter de hoy, motivado como si fuese una canción de Serrat en Catalunya en la que la pena pasó de moda. A los 33 años, Mullera ya no se presta como un hombre herido.  “A los tres meses de estar parado, descubrí que debía ser yo el que pusiese la fecha final a mi carrera”.

Hoy, ejerce como uno de esos voluntarios capaz de cargar con su mochila y la del compañero en el Machupichu y no se cansa de explicar que es un buen hombre. Y en todo este viaje le acompaña la palabra y el estado de ánimo que se pusieron de acuerdo con él. Quizá sea la inocencia del verano o quizá sea la suya que actúa en defensa propia, porque ya pasó lo peor y ya rehízo su vida. “Estuve cuatro meses sin sacar las zapatillas del armario y hasta que empecé a entrenar con los veteranos del Lloret de fútbol no sabía que iba a ser de mi vida”. Pero entonces descubrió que el regreso era una cuestión de honor, “porque no me lo hubiera perdonado nunca no hacerlo. Aún tengo tiempo. Aún puedo correr por debajo de 8’30”. Aún me veo competitivo. Hasta los 36 años, que será la fecha de mi retirada, puedo estar ahí y cerrar esta vida de atleta como merezco y como se merece mi gente. Nadie tiene que hacerlo por mí”.


“He sabido ganar la batalla que tuve conmigo mismo”


Hoy, ya no es un hombre herido. “Al contrario. Soy una persona que tengo mi vida y que disfruta de su pequeño de nueve meses. He sabido ganar la batalla que tuve conmigo mismo, he rehecho mi vida y me he dejado de peleas”. Por eso no habla de culpas, sino de razones. “¿Qué si tuve que haber orinado en aquel bote? Pero es que aquella gente trató de entrar violentamente en mi casa e invadir mi intimidad cuando yo había estado a la hora y en el sitio en el que habíamos quedado para hacer el control”. Al final, el precio ha sido tan alto como un partido que se pierde en los descuentos. “Pero la vida a veces es así. Hay cosas que salen mejor y otras peor. He aprendido que uno no puede convencer a todo el mundo. Sé que hay gente a la que mi nombre no le ofrece confianza y sé que tengo enemigos. Pero ya no me preocupa. Prefiero quedarme con la gente que me ha apoyado todo este tiempo, es más rentable”.

Hoy, la vida, en realidad, también es una terapia. “No me oirá nunca decir que soy un mártir”. Y en este juego de contrastes no es tan fácil que él, Ángel Mullera, se olvide de ese pasado, “en el que ya preferí no luchar, no podía exponerme a ir al TAS, no ganar y perder un dinero que casi no tenía…” Su expediente es enorme en ese sentido. “He gastado 42.000 euros en abogados. Sólo para poder estar en los Juegos de Londres fueron 25.000 gracias a mi madre, que fue la que me dio el dinero. Pero llega un momento en el que tienes que cortar. Preferí con el dinero que tenía invertir en vida, hacerme una piscina en el patio de casa, vivir y olvidarme de los tribunales”. Un viaje difícil, pese a todo, porque no hay forma de retirarle a un hombre sus recuerdos. “Llegó ese momento en el que toqué suelo, pero una vez que nació mi hijo en septiembre de 2016 todo ha ido hacia arriba”. Los adjetivos se deslizan entonces a su favor. “Ha sido espectacular. He descubierto otras cosas. He disfrutado de mi trabajo a media jornada en la dirección deportiva de un polideportivo, donde no llegaba a los 1.000 euros…, pero no pasaba nada. El el dinero no me obsesiona. Me basta con unos ingresos porque mi mujer como profesora tiene un buen sueldo y tampoco necesitamos tanto”.


“No tengo dudas de que lo puedo lograr y volver a luchar otra vez por ser campeón de España”

Ángel Mullera entrenando junto a Jonathan Romeo , una de las grandes revelaciones de la temporada

Hoy, no hay manera de jubilarlo de la pista. “Tengo hambre y sé lo que puedo hacer”. Los años ya no le engañan. “He aprendido que sólo puedo doblar dos veces a la semana”. Pero la de conocerse también es una cultura que abre puertas y ventanas. “Tuve una pulbalgia durante estos años que me ayudó a regenerar la musculatura”. Así que hoy tal vez sea más joven que lo que señala su carnet de identidad en el que la confianza en sí mismo aflora como un monumento. Por eso habla de recuperar “desde ya” el tiempo perdido y, entre sus razones, está el cronómetro que no se ha olvidado de él.  “Me he quedado en un entrenamiento a ocho centésimas de hacer en los 3.000 obstáculos la mínima de 8’32″00 que pide la IAAF para el Mundial de Londres. No tengo dudas de que lo puedo lograr y volver a luchar otra vez por ser campeón de España. De hecho, iré al Nacional a ganar, aunque acepto que ahora mismo la gran referencia es Sebastián Martos. Pero mi ventaja es la de volver a estar ahí, la de volver a ser yo mismo sin prejuicios ni revancha de ningún tipo. Sólo la seguridad de que el final lo voy a decidir yo como imaginaba a los 13 años cuando empecé en el atletismo”.

@AlfredoVaronaA 

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