El Ministro del 800

El Ministro del 800

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Llegamos al hotel de Sabadell. Hemos quedado con el sevillano Kevin López. Entramos en el hall donde hay mucho ajetreo de atletas. Dentro de dos días es el mitin Internacional de pista cubierta. De repente, casi como una aparición mágica, entra la etíope Genzebe Dibaba. Tiene cara de gato negro y con ese vestido azul refulge como una esmeralda. A simple vista, parece una chica dulce y tranquila. Sólo cuando se pone de corto, una vez en la pista, parece un tiburón que atraviesa el océano. Al fondo, sentado en un sillón orejero se encuentra Kevin López. Nos saluda con la mano. Sonríe. Una sonrisa que le cae estupendamente. La luz dorada le hace un arco en su silueta. Con ese porte, recto y seguro de sí mismo, y esa cortina de gasa que tiene atrás, Kevin López parece un ministro que va a despachar los asuntos de su cartera. La cartera de ministro del 800.

Pero antes retrocedamos en el tiempo unos cuantos años. Al parecer, su padre le puso de nombre Kevin en honor a aquel motorista-malabarista- americano llamado, Kevin Schwantz.  Sus tíos debieron pensar en su momento: “Quillo, mira que estás loco, ponerle al chiquillo el nombre de un motorista”. Pero el padre de la criatura no iba tan mal encaminado. Porque muy pocos podían imaginar que, veinte años después, ese niño tomaría las curvas de una pista de atletismo con la misma electricidad, vigor y espectacularidad, que lo hacía aquel tejano chiflado del 500cc en un circuito. Pero mejor aún, sin moto. Él, para echar humo, no iba a necesitar quemar rueda de neumático. Sólo le basta servirse de sus zapatillas y hacer contacto con el tartán. Por eso, hoy, Kevin López, se ha ganado ese apodo ilustre de “pies calientes”, el más simpático y noble de todos los apodos que se conocen del atletismo de aquí, y que bien podría servir en una película de vaqueros para nombrar a un jefe indio Arapahoe.


Hay muchas circunstancias que convierten a Kevin López en un atleta muy especial que rompe moldes. Para empezar, es bajito. Un bajito en una prueba como el 800 que parece hecha a medida para torres: Ahí está el ejemplo del americano Solomon o el italiano Benedetti. Gente muy alta que tocan con la cabeza el techo de la pista cubierta.  “Yo llegué al 800 por casualidad. Supongo que era porque Reina era nuestro referente y todos queríamos ser Reina. ¿Y qué hacía Reina? Pues el 800. Es verdad que no es una distancia para pequeños. En teoría, si eres pequeño como yo, tienes las de perder. Sobre todo cuando llega el momento en que entras en contacto en la parte crítica de la prueba, hacia el final. Por los golpes, y eso. Pero mira quiero pensar que hay algo de ventaja en todo esto. Por ejemplo, si eres pequeño las zancadas pueden ser más cortas, y rápidas. Y así te puedes escabullir entre los atletas más altos. Algo de bueno tendrá”, -dice entre sonrisas-.


“Planteamos la preparación de la pista cubierta con las características de la preparación de un atleta de 1500 metros, no de un atleta de 800”

Mientras hablaba con Kevin López, reparé en su tobillo y me llevé una sorpresa. Por la forma en la que coge las curvas y con la autoridad con la que se posiciona, siempre me había imaginado que ese tobillo debería ser ancho y confeccionado con el mismo material con el que se hizo el ciborg de Terminator. Pero nada más lejos de la realidad. Sentado en ese sillón orejero, con las piernas cruzadas, y los pantalones subidos, el tobillo de Kevin es igual de estrecho y delgado que el de un canario. Nunca pensaría que un tobillo así pudiera tener todo ese poder. Pero lo tiene. Resulta que lo tiene. Porque ese tobillo es firme y resistente como la pica de un poste en mitad del mar.

Sobre las expectativas del Europeo que se celebrará este fin de semana en Belgrado, Kevin prefiere ser cauto y prudente. En ese sentido se nota que es uno de esos atletas experimentados que saben guardarse una carta bajo el brazo, por si acaso. Veremos si la suya es el As, “voy a tratar de hacer un buen papel”, afirma.

Sin embargo, insiste en que él nunca prepara con su entrenador (Paco Gil) la cubierta de una manera específica. “Nunca lo hemos hecho. Es más, planteamos la preparación de la pista cubierta con las características de la preparación de un atleta de 1500 metros, no de un atleta de 800. No hacemos series de 500 metros, ni de 600 metros, como sería lo normal para la distancia que practico. Tampoco hacemos un entreno con muchas series cortas, sin apenas recuperación. A pesar de eso, me siento bastante bien corriendo en la pista cubierta”.

La prioridad de Kevin es siempre la pista aire libre. Off course. Sobre todo este año, la cita del mundial al aire libre se celebrará en Londres, una de las catedrales de este deporte, que ya tiene todas las entradas vendidas desde hace meses. Exactamente como sucedió en los juegos de Rio donde el estadio padecía a diario de una flagrante alopecia en sus gradas… “Para mi estar en la final del mundial de Londres al aire libre sería un éxito mayor al de una medalla en un europeo de pista cubierta. Y quiero ir a por ello”. No obstante, a Kevin López se le da muy bien correr bajo techo y calefacción. Y con violines. Como demostró dos días después de esta entrevista, en su cita con la pista de Sabadell, donde hizo una carrera ejemplar, solo superado por el habilidoso Polaco Adam Kszczot, que muestra ahora un estado de forma sobresaliente; el claro favorito en Belgrado.


“No entiendo eso de que los atletas no estén localizados en los controles antidoping”.

En la prueba de Sabadell, el violinista, que no estaba en el tejado, sino a pie de pista, tuvo que aligerar sus dedos por el mástil del instrumento para tratar de seguir el ritmo del sevillano que impuso en la prueba con grandísima valentía desde el primer metro. Y el Polaco se tuvo que emplear a fondo para tratar de superarlo. Y es que Kevin no engaña. Él es un atleta entero que mantiene su palabra, que gusta por lo que hace, por lo que dice y con la gracia que lo dice. Él dijo en la entrevista que iba a salir a esa pista de Sabadell a quemarse a lo bonzo desde el primer metro. Y vaya si lo cumplió. Solo le faltó prenderse con gasolina (vídeo de la carrera). Ahí demostró porque es una de esas raras avis del atletismo español, que puede importar su arte más allá de la piel de toro. Ya sea en mítines o en la Diamond league. “Aunque tener un buen manager ayuda.”-señala-, “Pero al final has de correr, eso está claro.”

Kevin gusta a la afición. Porque además de buen atleta es un tipo que se moja con su deporte. Cuando habla del doping su cara de repente se apaga como una acelga mustia en una nevera. “Bua, yo es que no entiendo eso de que los atletas no estén localizados en los controles antidoping. Yo, macho, en mi casa se me rompió el timbre del portero electrónico, y para asegurarme me puse otro timbre en el cabecero de la cama por si me quedo dormido. De hecho, cada vez que alguien timbra, y estoy durmiendo, me pega un timbrazo que me quedo loco. Si tú quieres puedes hacer para estar localizado. Ahora, si tú no quieres que te localicen, y tienes faltas, será por algo…”.

El sevillano vivió el año pasado uno de esos momentos que parecen inevitables en la vida de todo atleta profesional, ese momento oscuro, tenebroso y amargo de la lesión. Esa experiencia que genera tanta inseguridad, pavor y soledad, y que hacen un agujero de dolor en el corazón de cualquier atleta que se tome en serio su deporte. Y en su caso, fue peor. A falta de una lesión fueron dos. Dos agujeros en el corazón. “La primera lesión me la hice en el Europeo de Ámsterdam. Y de una manera muy tonta. Estaba en el estadio, y cuando me llamaron a cámara, hice un progresivo de 150 metros para calentar, y ¡zas! me quedé clavado como una chincheta. Imposible seguir. Por un momento pensé, ¿Y si es de los nervios? Algo psicológico, no sé. Tuve esa esperanza. Pero una vez me revisaron el pie tenía una rotura de tres centímetros”. Y cuando Kevin vio en la pantallita esa rotura, su pie ya no estaba caliente. Sino frio y gélido como un témpano de hielo.

“En breve dejaré el 800 y daré el salto al 1500”.

Luego vino el otro hachazo de los Juegos de Rio, el que lo dejó perplejo y moribundo como atleta. “Antes de los juegos tuve el pie escayolado. Pensé que llegaría a tiempo para estar bien. Cuando me quitaron la escayola, iba todos los días a la clínica, incluso sábados y domingos…trataba de acelerar la recuperación para llegar a los juegos. Luego hice series de 200 metros con el pie vendado, y me vi bien, no sé. Y me dije, Kevin, tienes que intentarlo. No te puedes quedar en tu casa viendo por la televisión unos juegos que te pertenecen. Así que llamé a la Federación y dije: Voy. Pero una vez allí, la realidad se impuso, y los juegos se me cayeron encima como una plancha de acero. Tenía que intentarlo y así lo hice. No me engañé a mí mismo. Siempre he pensado que me repondría rápido de las lesiones, que al día siguiente ya correría. Pero las lesiones con escayola te dejan completamente parado, son las que te carcomen por dentro. Y las que realmente te matan. Y esa fue una.”

El plusmarquista de la distancia tiene un bomba que soltar. Atención, ¡patapám!: “En breve dejaré el 800 y daré el salto al 1500”. Y se queda tan ancho. “De hecho, el año pasado estaba mejor para hacer un buen 1500 que para hacer el 800. Ahora con mi entrenador estamos pensando la transición a 1500, la daremos poco a poco. Pero somos prudentes. Porque de momento, en pista, cuando llego a los 1000 metros, mi cabeza aún no está mentalizada para hacer un click y avanzar esos metros que faltan para el 1500. Entiendo que es la transición natural que toca.”

Pero de momento, aunque nosotros digamos que Kevin López es el ministro del 800, hay muchos indicios para pensar que está muy lejos de ser un ministro, (por el tema de los privilegios, claro). “Ui, dice ministro…gran parte de la lesión que me hice vino originada por el estado de las pistas en las que entrenamos. Uno de los responsables del área de deporte me dijo, a ver Kevin, ¿Qué le pasa a las pistas? ¡Si están bien! Y yo les dije, ¿Están bien? Toca, toca, la pista está más duras que el mármol de Macael.”


¿Y en el futuro te ves cerca del atletismo? “Estaría un tiempo apartado…para desintoxicarme”.

“Ui, dice ministro…será en lo que mando y en el caso que nos hacen. Quita, quita, ministro. En las pistas donde entrenamos hay gente que va caminando y se mete en medio del entreno; y tienes que parar en seco, y así todo. Estamos cansados de decir que nos pongan un horario, que nosotros, el grupo con el que entreno, no queremos privilegios ni acaparar nada. Sólo pedimos un horario para entrenar decentemente. Y nada, nadie nos hace caso. Allí, nadie de la Federación Andaluza nunca nos ha echado un cable de nada. No tenemos ayudas de ningún tipo. Y así nos luce el pelo. Ahora parece que están arreglando la pista de la Cartuja, espero que la tengan pronto. Hay pistas en Sevilla que parecen que se han perdido para siempre. La famosa pista del mundial, está hecha una pena. En el 2009 se les ocurrió la brillante idea de hacer uno de esos espectáculos devastadores de motocross, y la dejaron fatal”. Y ahí se ha quedado: parece el fósil roto de una ballena.

Pero desde hace un tiempo a esta parte, Kevin dejó el ruido de Sevilla, y puso rumbo a la letanía de Huelva. Allí vive como Dios. “Mi chica es médica y le salió una plaza en un hospital de Huelva y para allá que fuimos. Yo soy un tipo muy tranquilo. Y Huelva para eso es ideal. Lo único que entreno solo, excepto cuando subo a Sevilla con el grupo de mi entrenador. Pero el resto del tiempo entreno solo, o con mi perrita, que es una máquina y me sigue cuando salgo a rodar”. Kevin se caracteriza por ser un gran defensor de los animales. Lo pueden comprobar. Cualquiera que pase por su muro de facebook, podrá ver, incluso, más publicaciones pidiendo la adopción de canes que de él hablando de sí mismo, algo inaudito en el gremio del ego deportivo. “Yo antes no era del partido animalista ni nada de eso. Pero fue tener a mis tres perros y crearme una conciencia. No puedo con el maltrato animal que se hace en Andalucía, me pone enfermo”.

¿Y en el futuro te ves cerca del atletismo? “Estaría un tiempo apartado…para desintoxicarme. Me encantaría entrenar a niños pequeños. Pero cuando lleguen a cadetes los llevaría a otro entrenador. Porque no quiero vivir como entrenador esas responsabilidades de campeonatos de España y demás. Es lo malo de este deporte, la competición y la angustia que genera. Quita, quita…Lo que no quiero para mí no lo voy a desear para los chiquillos. Si entreno es para ver que los nenes se lo pasen bien. Que vayan a una popular, y les den una camiseta, y a ser posible, una gorra para que se vayan muy contentos a casa”. Palabra de Kevin.

¿Y si fueras ministro de verdad?

“Ui, si yo fuera ministro cuantas cosas cambiaría. Pero, como ves, sólo soy un atleta”

Mario Torrecillas

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