Mariajo: la casualidad no vive aquí

Mariajo: la casualidad no vive aquí

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Sergio Mateo (@sportmedia)
Hermana de atleta de élite e hija de atletas que pudieron ser de elite. Una historia venida de La Mancha a la que hoy le sobran dos segundos para ir al Mundial de Londres este verano y le faltan dos años para terminar Medicina.  

Yo no le daría más vueltas: la casualidad no existe. Todavía más si uno escucha a María José Perez, la atleta que ha alcanzado la mínima para los 3.000 obstáculos del Mundial muy cerca del Sena, en la Diamond de París, la ciudad donde hasta un ataque de pánico puede ser considerado un arte. La ciudad que eligió Mariajo, cuya partida de nacimiento en La Mancha es la primera que rompe con la casualidad. “Creo que a mi hermano y a mí nos sobran los motivos para ser atletas de elite. Mi madre ganaba todas las competiciones en el colegio, hasta el salto a la comba. Mi padre fue un buen atleta de cross hasta que se fue al servicio militar y empezó a fumar. Volvió y entonces se puso a trabajar. Pero es que mi tío Pascual también fue atleta y fue muy bueno en obstáculos. De hecho, ahora tiene una hija, mi prima, la pequeña Claudia, y está empeñado en que sea atleta”.

Y entonces volvemos a desconfiar de eso que se llama casualidad y que en el lenguaje de Mariajo sólo son años, los seis que lleva en Madrid, en los que aprendió que “es mejor vivir al día. Sólo me atrevo a visualizar la próxima carrera y ninguna más. Hasta que no veo que está inscrito mi nombre, hasta que no sé que voy a estar en la cámara de llamadas, a sentir esa adrenalina o ese miedo al ponerme el uniforme que es parecido al de los exámenes de Medicina cuando me siento en la silla. Pero aunque no sea muy mayor, tengo 25 años, ya he aprendido que todo se puede relativizar en la vida. Quizás porque tengo a Antonio, mi entrenador, o a Obdulia, mi psicóloga, que me han preparado para progresar o para que yo misma pueda sentirme orgullosa de mí. Hace seis años llegué a la Blume de Madrid y no se sabía que podía pasar. Hoy, me sobran dos segundos para participar en un Mundial y estoy en cuarto curso de Medicina. No sé si es mucho, pero sí sé que me ha costado mucho”.


“Al final, saltas los obstáculos y te dices a ti misma, ‘chica, tampoco es para tanto’ hasta que vuelve, eso sí,  el próximo día, la próxima carrera, donde todo empezará de nuevo”.


La casualidad tampoco se sintoniza con un libro de anatomía. “Los exámenes no se aprueban sin estudiar. Sería imposible. Son temarios tan densos que a veces me han tenido estudiando hasta la una o las dos de la madrugada y que, al final, me lo han hecho entender, ‘María José, para, para, tú no necesitas ir a curso por año,  tú no tienes prisa por hacer el MIR’, porque yo no quiero dejar el atletismo sin descubrir lo que pueda dar de sí “. Y eso sigue sin ser casualidad, sino dedicación, la posibilidad de escalar hasta la Torre Eiffel como solo ocurre en las peliculas para una joven venida de La Mancha. Pero es que ir al cine tampoco es una casualidad sino que es algo que una elige una tarde como ella eligió estudiar Medicina o como eligió saltar obstáculos en una pista de 400 metros, ¿cómo pensar de repente en la casualidad? ¿qué clase de trato tan absurdo sería ése?

Sergio Mateo (@sportmedia)

“No, no, a mí ya le digo que ni se me ocurre”, vuelve a decir ella, María José Pérez, que hoy, si nos dejamos llevar por la locura, podría ser la Brigitte Bardot de La Mancha. Hasta podríamos desbordar al mito y decir que Brigitte nunca hubiera hecho 9’40” en 3.000 obstaculos, ni un segundo menos. Pero Mariajo, sí,  y además hace exámenes de Medicina. “El día que entré en la Facultad me di aún más cuenta. De repente, sentí que, si no sabía organizarme bien, podía faltarme tiempo para vivir. Hoy, sorprendentemente, me queda hasta tiempo libre”. Y entonces recuerda que ella no es como las demás alumnas y hasta puede que sea hoy la única estudiante de Medicina de la Complutense que sepa quién es Emma Coburn, “que es la atleta norteamericana que fue bronce en los 3.000 obstáculos de los JJOO de Río y que me encanta como corre, la elegancia con la que lo hace y pasa los obstáculos, la seguridad de que viendo también se aprende”. Y eso vuelven a ser horas, nada de casualidad, la casualidad, en realidad, no existe en una pista de atletismo. El reloj es una orden y el sacrificio avisa de que “ni siquiera el miedo es razonable. Al final, saltas los obstáculos y te dices a ti misma, ‘chica, tampoco es para tanto’ hasta que vuelve, eso sí,  el próximo día, la próxima carrera, donde todo empezará de nuevo”.

Y entonces volverá ese profesor que volverá a preguntarle, “¿sale tu carrera por televisión?”, y seguirá sin ser casualidad, “porque también hay profesores a los que les gusta el atletismo”, la honestidad de este deporte que María José Pérez, la hermana de Chiqui, interpreta día a día. “Hasta que no vea una circular en la que aparece mi nombre para el Mundial de Londres no me lo creeré. No me quiero montar ideas en la cabeza. No quiero preparar carreras a las que no sé si voy a acudir“, insiste ella sola, a media tarde, desde su habitación, donde la independencia es sabia. “Al final, te das cuenta de que el tiempo pasa muy rápido”, insiste ella, una chica de 25 años, una atleta de 3.000 obstáculos que nunca dejará nada al azar desde que se levanta a las 8.30 de la mañana o desde que conoció a esa nutricionista que la convenció, “tú, que tienes problemas digestivos, has de respetar la hora de cada comida”. Y, sin querer, volvió a alejarse del azar, a perder el miedo al dorsal o a la página uno del libro de anatomía, tan denso como la agonía o como la vida que hoy regresó a la época de sus padres nacidos para correr. Y por eso Mariajo no es una casualidad sino un producto de esa familia que sueña con reunirla a ella y a su hermano mayor, Chiqui, el atleta de 10.000, en los Juegos de Tokio 2020, solo de pensarla una fotografía maravillosa.

@AlfredoVaronaA 

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