La crioterapia, ¿Qué es y para qué sirve a un deportista?

La crioterapia, ¿Qué es y para qué sirve a un deportista?

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Os preguntaréis, ¿qué es la crioterapia? Pues bien, es sencillamente la aplicación de frío sobre el organismo con fines terapéuticos. Lo cierto es que la crioterapia es una técnica de recuperación muy antigua pero que a día de hoy siguen utilizando deportistas del más alto nivel, ya sea con la tradicional inmersión en agua y hielo, aplicación de geles helados, la criosauna, o las últimas tecnologías que controlan de forma activa la presión y la temperatura para optimizar el proceso de recuperación. Un ejemplo es el Game Ready que utilizó Leo Messi para recuperar una de sus lesiones.

¿Es la crioterapia un tratamiento realmente efectivo?

Están científicamente probados los efectos de la crioterapia. Por ejemplo y en lo que nos atañe, según el temario científico sobre crioterapia de la Universidad de Granada, afecta al metabolismo del tejido lesionado; disminuye la tempera tisular (del tejido orgánico) que va asociada a la disminución del metabolismo de dicho tejido. Esta disminución del metabolismo, facilita una reducción del daño, ya que existen determinados protagonistas de los procesos de inflamación y reparación, como la histamina y la colagenasa que disminuyen su actividad durante la crioterapia.

Estudios fisiológicos de medicina deportiva demostraron variaciones en los niveles de hemoglobina y oxigenación de los tejidos cuando se aplica la crioterapia, con lo cual su efectividad parece contrastada.

¿Qué sucede en nuestros músculos y en general en nuestro organismo para que su reacción frente el frío favorezca la recuperación? 

El frío tiene efecto analgésico, antiinflamatorio y vasoconstrictor.

  • Analgésico. Si te duele, con frío te duele menos, así de sencillo. Teniendo en cuenta siempre que hablamos de supuestos derivados de una actividad física; no vayas a ponerte hielo en la garganta porque estás acatarrado.
  • Antiinflamatorio. Aplicar frío nos puede ahorrar buena parte del consumo de fármacos antiinflamatorios que juegan en nuestra contra a nivel hepático, estomacal y renal. El frío utilizado de forma correcta en cuanto a tiempos y frecuencia, permite a nuestros músculos, tendones y ligamentos bajar la inflamación provocada por una lesión o un exceso de actividad.
  • Vasoconstrictor. Esto quiere decir que los vasos sanguíneos se contraen y ven reducido su diámetro. Así, la sangre contenida en los vasos de tus piernas será devuelta en gran medida hacia el torrente sanguíneo, y con ella la “carbonilla” (ácido láctico) generada durante el entrenamiento. Al dejar de aplicar frío, el cuerpo reacciona y riega de nuevo tu musculatura con sangre oxigenada y “fresca”, lista para recuperar tus fibras sin los obstáculos que había antes.

Hay que decir que existe un debate científico sobre si el uso de crioterapia como terapia antiinflamatoria podría alargar el periodo de recuperación de una lesión, si bien la balanza parece decantarse hacia la validez de sus beneficios.

Pero, ¡atención! La metodología es fundamental.

El frío no deja de ser un elemento contra el que nuestro organismo debe luchar, y si no se aplica de forma correcta y con las precauciones debidas, puede ser contraproducente o incluso peligroso; la crioterapia aumenta la tensión arterial y si padeces alguna enfermedad vascular, del corazón, reuma o hipotiroidismo, lanzarse a una piscina con cubitos de hielo no es lo más aconsejable.

Uso de la crioterapia en el deporte

Hay varios métodos y técnicas en función de los resultados que se busquen. Encontraremos propuestas de crioterapia para bajar peso, con fines estéticos (para la piel principalmente), etc. Nosotros nos centraremos en lo referente a la recuperación de la fatiga y las lesiones. Así, podemos aplicarnos frío con:

  • Bolsas de hielo y paquetes de gel. Las bolsas de hielo las podemos preparar en casa, siempre evitando el contacto directo del hielo con la piel para evitar irritaciones o quemaduras. Se aplican en zonas y lesiones puntuales y no como concepto de recuperación general. El tiempo de aplicación no debe superar los 20-30′ en el caso del hielo, y si hablamos del gel no más de 15′, ya que suele alcanzar una temperatura más baja. La frecuencia en la aplicación debe distanciarse un mínimo de dos horas. Esta es una modalidad accesible a cualquiera. En este artículo abordamos a fondo la aplicación de Hielo en lesiones: ¿Cuándo, cómo y cuánto?
  • Baños de agua helada. Se trata de la inmersión en agua con hielo. Necesitaremos un recipiente lo suficientemente grande como para sumergir el tren inferior; se suelen usar barriles o, si estás en casa y tienes bañera, esta es una buena opción. El tiempo de inmersión será obviamente inferior a un enfriamiento puntual, porque además el concepto es de recuperación general y no de tratamiento de una lesión; por tanto se recomienda entre 1′ y 3′ pudiendo variar en función de las características y aguante de cada individuo.
  • Criomasaje. Resultado de combinar el uso de bloques o piezas de hielo con masaje realizado con estos mismos. Esta técnica requiere de una persona cualificada que conozca la técnica y preste atención a los efectos del hielo sobre la piel.
  • Contrastes frío-calor. Es el resultado de combinar los baños de agua helada con baños de agua caliente. Muy eficaz en la reactivación sanguínea y usado popularmente en el tratamiento de inflamaciones y esguinces. Se alterna la inmersión en frío y caliente durante el mismo tiempo y tres o cuatro repeticiones; por ejemplo 1′ y 1′ durante 6′ u 8′, o 2′ y 2′ durante 12′ o 16′.
  • Criocinética. Consiste en simultanear la crioterapia y el ejercicio. Está dirigida a la recuperación de lesiones, y se lleva a cabo entumeciendo con frío la parte afectada (aplicando hielo unos 15′) y realizando los ejercicios pertinentes durante los 3 o 4′ que dura ese entumecimiento. De nuevo esta es una técnica que debe aplicar un fisioterapeuta o profesional competente.

En cualquier caso insistimos en que hay que ser prudente con los tiempos de aplicación, el contacto del frío con la piel y los baños en agua helada por el shock orgánico que suponen estos últimos. Prudencia y aprovechad estos días, que no hace falta comprar hielo 😉

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