Excesos en el entrenamiento de running: 7 errores comunes

Excesos en el entrenamiento de running: 7 errores comunes

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Como si llevases dos enanos enganchados en las piernas, así se siente uno cuando se pasa de la raya o de listo con el entrenamiento. Si además lo aderezas con mala alimentación, estrés o descanso insuficiente, no querrás saber adonde te puede llevar tu insensatez, pero yo igualmente te lo cuento en este artículo.

Los diez mandamientos del runner lo dicen bien claro, “entrenarás con dos dedos de frente”. Parece evidente y al alcance incluso del mal entendedor pero no está claro que sea tan sencillo luchar contra la ambición, una característica definitoria del ser humano. Ella nos lleva a cosas tan infames como el doping o el sobreentrenamiento. Una sed insaciable de superación personal, o reconocimiento ajeno, o vete a saber qué nos destierra del raciocinio.

7 ERRORES EN EL PLANTEAMIENTO DE TU ENTRENAMIENTO DE RUNNING

Algunas premisas y planteamientos erróneos son causantes de esta autolesión. Algunos ejemplos:

  • Cuanto más entrene más correré. Falso, el punto más alto de forma es aquel en el cual se cruzan las curvas de intensidad de entrenamiento y asimilación. Si sobrepasas el límite de asimilación de entrenamientos para el que tu organismo está preparado, será como seguir echando gasolina a tu coche cuando ya está lleno: el excedente no entra, se derrama, y llegará un momento en el que o bien arderás (en el infierno probablemente) o te arruinarás al ir a pagar la cuenta. Igualmente válido para el exceso de competición.
  • Si no tengo sobrepeso, da más o menos igual lo que coma. Le dará igual a tu báscula, pero ni mucho menos a tu capacidad regenerativa, de recuperación, a la inflamación de tus tejidos tendinosos, etc. Algunos alimentos son más “confortables” que otros para según qué organismos, y la aplastante realidad nutricional acabará pasándote factura antes o después. Como base debemos plantear una dieta equilibrada y, si nos lo podemos permitir, investigar sobre posibles incompatibilidades alimentarias que pudiésemos sufrir.
  •  Es normal que duela. Que nadie se vaya fuera del contexto del running por favor ;-). El terreno del dolor es vasto y difícil de evaluar de una forma general, pero no debemos aceptar como premisa básica que vamos a sentir dolor, porque esto es running y no Muaythai (lucha tahilandesa). Por lo tanto si sientes dolor detente, descansa, investiga y pide opinión a un especialista (un chamán por ejemplo).
  • Los rodajes lentos son una pérdida de tiempo. Como bien dice mi señor padre, cubicar o acumular kilómetros a ritmo lento es fundamental para la asimilación de las sesiones intensas y para, no solo facilitar, sino permitir la regeneración de nuestro organismo y sus sufridos tejidos. El que piense lo contrario se equivoca, y aunque pueda “no equivocarse” durante un tiempo, acabará por fatigarse de forma muy acusada.
  • Compito peor de lo que entreno porque tengo mala suerte o me pongo nervioso. Ambas cosas son posibles pero poco probables. Los nervios pueden bloquear tus capacidades mentales mermando tu concentración o tu capacidad resolutiva, pero también aumenta la adrenalina y tu capacidad de sufrimiento; en pruebas cortas o tácticas sí podemos llegar a “aceptar barco como animal acuático”, pero a partir de los 5k los motivos más bien van a ser otros. Si el tornillo no aprieta es que se ha pasado de rosca.
  • Hay que acabar las series dándolo todo. Durante mucho tiempo puse en práctica la dramática costumbre de acabar la última serie o el último cambio de ritmo a tope o picándome con mis compañeros. Al margen de lo divertido que pudiera ser, lo único que me trajo fue cansancio y problemas. Hace falta temple y autocontrol para no caer en la tentación de no guardar esa fuerza extra que te queda y darte el gusto de reventar el crono o a un “oponente”, mas la recompensa es grande.
  • El entrenamiento es sagrado. Cuando estás obsesionado e inviertes mucho tiempo y esfuerzo en la mejora de tus prestaciones, no es plato de buen gusto perder un entrenamiento. Esto es totalmente entendible, pero en determinadas ocasiones conviene sacrificar algunas sesiones inclusive si están dentro de un plan perfectamente equilibrado. Los motivos pueden ser molestias, principios de lesión, o sencillamente que anoche tuviste despedida de soltera y has dormido dos miserables horas; descansa y mañana será otro día.

CAMINO A LA PERDICIÓN

Sea cual fuere el motivo del exceso de entrenamiento, el mazo te estará esperando pacientemente a la vuelta de la esquina. Y te hará más o menos daño en función de cuan grueso tengas el cuello, pero te lo hará. Si tienes un sistema inmunitario más frágil, te pondrás enfermo, si tu talón de aquiles es el estado anímico sufrirás un bajón de moral que podría degenerar en depresión, etc.

No es ninguna broma y realmente tenemos entre manos algo serio amigas y amigos. El exceso de entrenamiento te fatigará; necesitarás descansar varios días para recuperarte. Si el abuso orgánico continúa, puede llegar a afectar a tu sistema nervioso central, agotándolo. Aquí estaríamos hablando de sobreentrenamiento, entre cuyos síntomas se pueden contar la caída del rendimiento, apatía, incremento de la tensión arterial, falta de libido y apetito, irritabilidad, inmunodepresión, etc. Salir del agujero del sobreentrenamiento no te costará días sino meses, y volver a tu pico de forma aún más.

TÍRATE DEL TREN SUICIDA…

Si quieres dar lo mejor de ti, no te esfuerces tanto. Simplemente haz bien tus cálculos, porque hoy en día existen suficientes medios tanto tecnológicos como humanos que te permitirán ajustar de forma muy digna la intensidad que puede entender tu capacidad de asimilación.

Siempre hablamos de corredores y corredoras cuyos problemas giran en torno a pasarse de frenada, pero si consideras que ese no es tu problema debes valorar otras posibles fuentes del problema.

2 Comentarios

  1. Muchas gracias, por este artículo. Me parece clarividente y absolutamente necesario, para los corredores y corredoras habituales con planes de entreno, que nos obsesionamos con mejorar, cansados, con molestias que arrastramos y seguimos y no paramos. Lo necesitaba.

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