El 1.500 levanta a un muerto

El 1.500 levanta a un muerto

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Adel Mechaal Mundial de atletismo Londres 2017
| EFE
Por fin, el 1.500 español sale de la cárcel y uno de los nuestros, Adel Mechaal, recuerda que esta distancia es sagrada para nosotros.

En realidad,este texto lo debería escribir Mechaal. Pero como ahora estará con las piernas metidas en agua congelada para recuperar me comprometo a hacerlo por él. Y lo primero que haré será recordarle a un hombre que hoy tiene 60 años, que se llama Sebastián Coe y que tiene aspecto de caballero de la orden británica. Se diría que es un hombre vestido en almacenes Harrod’s y no  extrañaría que le cortasen el pelo en una de esas peluquerías de Londres en las que cobran 50 euros por el servicio. Pero de él, por encima del ejecutivo, uno siempre elegirá al mediofondista o al hijo de Peter, que, además, era su entrenador y que en aquel libro ‘Entrenamiento para corredores de fondo y mediofondo’ nos dejó, junto al doctor David Martín, verdaderas perlas. “Lo difícil no es entrenar,  sino organizar el entrenamiento”, decía y añadía que “si un plan de entrenamiento es bueno cada año debe ser más duro”.

En realidad, imagino que Mechaal sabrá que el nombre de Sebastián Coe es ley en el atletismo. Máxime para una generación como la mía que, a pesar de las limitaciones de aquella época,  tuvo la fortuna de verle casi siempre ganar o de empaparnos de su orgullo hasta los dientes. Tenía ese duelo con Steve Ovett con el que no se podía ni ver. Pero todo eso a los dos los hizo parecer aún más invencibles. No se entendía una carrera de 1.500 gobernada por un hombre negro o que no tuviese apellido anglosajón. Y en ese sentido Sebastián Coe  representaba todo, lo mejor y lo peor, la educación y el látigo, la sensación de que siempre se puede llegar a punto a los grandes campeonatos. Si no le admirabas a él me parece que no admirabas a nadie, querido Mechaal.


Yo era muy niño pero me acuerdo que empecé a familiarizarme peligrosamente con esa distancia, el 1.500. Máxime cuando vi como los prejuicios saltaban por los aires viendo a dos atletas españoles,  Abascal y González, capaces de plantar cara a Sebastián Coe y a todo el imperio británico. Jamás olvidará uno aquel podio de los JJOO de Los Ángeles 84, Coe, Cram, Abascal. Porque el 1.500 de mi infancia era eso, todos contra Sebastián Coe, todos incluidos los atletas españoles, esos viejos mitos de los ochenta criados en provincias. Aquel Abascal capaz de preparar unos Juegos en lo más arcaico de los Picos de Europa y de ser medallista en la distancia perfecta, la que no era ni corta ni larga. Tenía el punto exacto y lo tendrá siempre como bien sabe Mechaal.

Por eso adoramos el 1.500, que es como ese pariente rico de la familia que esta vez acaba de traernos a casa un finalista de un Mundial. Nada menos que tú, Adel Mechaal. En la época de  Cacho, Reyes Estévez, Higuero, Casado y hasta Andrés Díaz esto casi hubiera sido como un día más en la oficina. Pero hoy, acostumbrados a la austeridad de los últimos tiempos en el 1.500, es como si volviéramos a cantar bajo la lluvia o a recuperar las llaves del Museo del Prado. Porque entonces recordamos que si Abascal y González plantaron cara a Coe, paradigma de lo invencible, ahora tenemos todo el derecho a entregarte a ti, Adel Mechaal, toda nuestra confianza en la final. Sería maravilloso. Sería  como volver al pasado. Sería como recuperar un amor a medida que conocimos a partir de Sebastián Coe y que hoy, más de 30 años después, no sabemos abandonar.

Así de fieles somos.

@AlfredoVaronaA 

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