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El tanto de André Gomes deja triplemente feliz a Luis Enrique

El orden del 3-4-3

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

Tras la debacle de París y las palabras de Sergio e Iniesta cuestionando la organización del equipo, Luis Enrique cambió el dibujo de su Barça para tratar de recuperar algunas esencias de antaño. El plan, apenas trabajado por exigencias de la competición, ha exhibido luces y sombras hecho que ha desatado las primeras críticas hacia un sistema de juego que lleva implícitas situaciones de riesgo. En ataque el Barça ha mejorado mucho. Ha conseguido jugar en campo contrario con las líneas más juntas (aunque justamente este domingo ante el Valencia el equipo se descosió demasiadas veces). Messi se sitúa en la punta más avanzada del rombo de medio campo, más próximo a la portería, tratando de aprovechar los pasillos interiores que provocan Rafinha (dando amplitud abierto a la derecha) y Suárez (aportando profundidad, con sus permanentes desmarques) y, también, acercándose a sus mejores compañeros de viaje, Neymar y Suárez por delante e Iniesta y Sergio, por detrás. Estas alianzas dan lucidez a la circulación del balón y, por supuesto, a las ocasiones de gol: en estos seis partidos el Barça ha promediado casi 14. Con Messi más centrado y como consecuencia, más marcado, ha lucido también la mejor versión regateadora de Neymar. Al brasileño, excepto ante el PSG, sólo le ha faltado el acierto de cara a gol.

El nuevo dibujo ha permitido, además, el regreso de Iniesta. Las lesiones le quitaron el ritmo y el sistema, su talento. Para un centrocampista cubrir el terreno entre área y área exige una capacidad física y mental que no posee don Andrés. Ni siquiera Sergio Busquets. Ambos, futbolistas excelentes, parecían normales y claro, los normales (Arda, Gomes, Rafinha, Denis…) vulgares. Eliminar espacios y juntarse alrededor del balón los ha devuelto al fútbol. Sin embargo, el equipo sufre sin balón. En estos mismos seis partidos ha encajado una media de casi siete oportunidades. Ter Stegen ha debido exhibirse. El problema, sin duda, no reside en esos tres hombres de la defensa sino en el orden utilizado para atacar porque tras la pérdida del balón la ubicación de los futbolistas del Barcelona es clave para la recuperación inmediata del balón. Con desorden táctico, con el abuso de rápidas transiciones o de balones largos buscando una verticalidad muchas veces precipitada, el equipo queda desarmado para la presión. Y, a partir de ahí, los equipos contrarios disfrutan de los segundos suficientes para dar los primeros pases que permiten contras casi siempre en igualdad numérica de efectivos. Miedo ante Munir y pánico ante Dybala/Higuaín (Juventus) o Ronaldo/Bale (Real Madrid). ¿Hay que renunciar al 3-4-3 en los partidos importantes? Tal vez el problema no sea de sistema sino de una mejor organización. Pues eso.

Los saques de banda

Pues será que sí. La temporada pasada Claudio Ranieri dio el golpe futbolístico del año ganando la Premier League con el Leicester. Además de Mahrez y Vardy, los foxes destacaron por el brutal aprovechamiento de los salvajes servicios de saque de banda de Christian Fuchs. Y ahí siguen, con Craig Shakespeare en cuartos de final de la Champions. La semana pasada ante el Sevilla, por ejemplo, marcaron el 2 a 0 con una jugada iniciada desde un servicio con las manos del propio Fuchs. El verano pasado Aaron Gunnarsson nos mostró, otra vez, el valor de un saque de banda. En la Eurocopa y con la selección de Islandia, se hartó de dar pases de gol a sus compañeros hasta caer en los cuartos de la competición. Fútbol primario, decían algunos…
El domingo Luis Suárez anotó el empate ante el Valencia gracias a un servicio de banda inteligente de Neymar idéntico al que lanzó Roberto Carlos en la final de la Champions de 2002 y que sirvió para que Raúl anotara uno de los tres goles del Real Madrid. Pues eso. Hubo mofa y escarnio cuando Benito Floro dio una conferencia a los entrenadores alicantinos tras ser despedido del Real Madrid en 1994. Decía que el 60%-70% de los goles tienen su origen en un saque de banda.
Será que sí. ¿O tal vez no?

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