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Cristiano celebra su primer gol ante el Celta

Ni disimulan

OPINIÓN

Carme Barceló

@CarmeBarcelo

Quedan tres días para conocer al campeón de Liga y algo más para saber quién se lleva la Copa y si esta Juve poderosa podrá hacerse con un triplete venciendo al Real Madrid. La esperanza es lo último que se pierde, máxime cuando una ve que los rivales que se enfrentan a los blancos, como fue el caso del Celta este miércoles, salen a competir y a luchar por el triunfo. Eso no se les puede negar por lo que espero e imagino que el Málaga se dejará la piel este domingo. Pero eso no será suficiente y en Balaídos tuvimos una prueba más. Semana tras semana se producen atropellos arbitrales y burocráticos que cada vez se alejan más de la casualidad y se convierten en sospechas. El rasero, la vara de medir e incluso la impunidad manifiesta por la que se mueven unos y otros en el césped y en los despachos me escandaliza. El señor Martínez Munuera, colegiado del Celta-Real Madrid, volvió a firmar un arbitraje desastroso. ¿Y a quién favoreció? Hasta un niño de teta sabe la respuesta. Que el nivel de los trencillas es muy deficiente es una realidad. Que en caso duda se tiende al más desprotegido, es cierto también. Y que esta temporada la balanza de despropósitos entre los dos grandes se decanta claramente hacia el Barça, también.
El barcelonismo tiene que convivir con presidentes de club que llaman “escoria” a Catalunya, abogados del Estado que consideran a Messi como “el capo de una estructura criminal”, árbitros que no ven que un balón entra más de medio metro en una portería, medios que miran hacia otro lado o minimizan informaciones sobre jugadores, presidentes y entornos y silencian a futbolistas que mandar callar a una afición rival, que repiten faltas con la tranquilidad de saber que viven en una bula arbitral permanente (léase Sergio Ramos, Casemiro o Cristiano), comités que se reúnen a toda velocidad y revistas que en mayo ya se preguntan quien podrá batir a CR7 en el podio del Balón de Oro y obvian a Buffon, Messi o Neymar. Y todo, sin esconderse. Se saben tan fuertes y tan protegidos que ni disimulan.

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