El '4' juega de '9'. En Can Barça, los números mienten. Desde hace casi más de treinta años, los niños que aspiran a jugar en el Barça aprenden el fútbol en la pizarra y a partir de números. Un maestro en chándal pasa las lecciones y, para cada nueva hornada, el primer día de clase toca aritmética: con el '1', el portero; con el '2', el lateral derecho; con el '3', el central; con el '4', el pívot. A esos niños se les explica con números lo que después interpretarán sobre el campo durante muchos años. Se empieza con un 3-2-1 en las categorías benjamines y se evoluciona al 3-4-3 en el fútbol de mayores.
Los dorsales señalan las posiciones sobre el campo y los números definen los roles y perfiles que tendrá quien ocupe cada plaza, las zonas que deberá cubrir y las acciones que le corresponde efectuar.
El '4' es el número matriz del Barça, a partir del que se explica su juego. El '4' empezó siendo Luis Milla y lo heredó Pep Guardiola. Después llegó el sucesor del heredero, Xavi Hernández, que ni siquiera necesitó lucirlo en la camiseta para serlo. Años más tarde, Frank Rijkaard lanzó su evolución al avanzar al 'jugador cerebro' quince metros por delante de la plaza tradicional de pivote. El mediocentro pasó a ser un jugador físico (Motta, Márquez, Edmilson, Touré) hasta que llegó Busquets como gran híbrido. El '4' se adelantó a la posición del '6' y los números adquirieron otra dimensión. El '4' de siempre pasó a dirigir las operaciones desde campo contrario y eso, en pies de Xavi, fue una de las claves de la excelencia actual.
Ahora ha llegado Cesc Fàbregas, heredero del sucesor del heredero, el nuevo '4' que ya no sólo puede jugar de '4' como Busquets, de '6' como Xavi o de '8' como Iniesta, sino de falso '9' como Messi, cuatro posiciones para el '4', impostura definitiva de los números blaugrana, cuadratura del círculo. En Can Barça mienten los números, pero no mienten los buenos futbolistas, que están ahí para lo que se tercie, sea para jugar un día con esmóking o al siguiente con el mono lleno de grasa.
La polivalencia no consiste en ser mediocre en todo, sino en conocer las necesidades de cada posición y adaptarse a las mismas como le enseñaron en la pizarra de La Masia. Guardiola, que fue educado en dicha escuela y sabe latín además de aritmética, es consciente que la siguiente vuelta de tuerca no podía consistir en variar un dibujo concreto (pasar del 4-3-3 al 3-4-3, por ejemplo), sino en otorgarle a cada número el máximo de significados posibles. En enriquecer los números reales con números imaginarios hasta convertirlos en números complejos, pero siempre impostores. Así es el fútbol que jugará el Barça esta temporada, donde el '4' hará de '9'. La única mentira que alberga dicho juego reside en los números.
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