Si tuviera que elegir un símbolo del triunfo barcelonista en Wembley ante el Manchester United, Juanma Lillo no tendría dudas: ese símbolo se llamaría Pedro. Lo contó hace pocos días en la primera edición del Congrés del fútbol que organizaron el INEF de Catalunya y el Espanyol. Ante cientos de entrenadores y estudiantes, Lillo dijo que lo más memorable de esa final de Champions fue “ver a Pedro sujetarse en la izquierda con todo el ego desplazado lejos de sí mismo y sin querer tocar el balón, sabiendo que así se ayuda más al equipo, sin tocar el balón, que alguien que lo toca mucho. Pedro es el facilitador”. Este calificativo me hizo recordar a Laureano Ruiz, que dice siempre que Pedro es “el ventilador”.
Juanma Lillo ejemplifica con Pedro y su voluntad de no tocar el balón una realidad táctica que hace diferente al Barça y en la que me permito incluir a Villa. En el esquema táctico de Guardiola, ambos son piezas básicas porque son quienes estiran el equipo como si se tratara de la lona con la que se cubre la pista de Wimbledon cuando llueve. En este caso, Pedro y Villa son los encargados de estirar la lona para cubrir el máximo posible de césped. En Wembley, Pedro lo hizo a lo ancho (en banda izquierda) y Villa en profundidad (por el centro). Pedro tiraba de la lona hacia un extremo, quedándose ahí, no sólo sujetando a su lateral (y otorgándole toda la libertad de espacios a Iniesta) sino haciendo exageradamente ancho a su equipo, tensando la lona y, con ello, quebrando al Manchester. A su vez, Villa hizo lo mismo en vertical, desde el eje de los centrales rivales y hasta mediada la banda derecha. Sus movimientos generaron otra tensión añadida a la lona, sometida al empuje formidable de dos fuerzas imbatibles: la que la estiraba hacia la izquierda y la que lo hacía hacia el centro.
Esa lona tensa y estirada signficaba un rival descuartizado. Eran dos anclas que impedían al Manchester moverse con soltura y, al mismo tiempo, regalaban kilómetros cuadrados de espacio vacío a los tres artistas del medio campo: Xavi, Messi e Iniesta. Cuando Pedro y Villa estiran la lona, la Santísima Trinidad compone sinfonías deliciosas sobre el césped. Por esta razón, Lillo califica a Pedro como “el facilitador”, pues su sacrificio permanente facilita la vida futbolística a los escultores de prodigios. Y si Laureano Ruiz le tilda de “el ventilador” es porque el extremo canario es quien lanza todo el viento contra el rostro de los rivales.
Me ha parecido interesante, en estos días en que sólo se habla de millones de euros, recordar que una de las claves del gran éxito residió en dos jugadores que sabían que ayudaban más a su equipo sin tocar el balón y desplazando el ego lejos de sí mismos.
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