Ya no es la crisis económica. Es el nuevo mapa geopolítico que se está dibujando en el mundo. Los países emergentes cobran fuerza
El mapa geopolítico del mundo está cambiando. La crisis económica ha agudizado la situación de inestabilidad y los organizadores de los grandes eventos deportivos buscan paraísos (fiscales) donde abrir nuevos mercados y sacar sus buenos réditos. Europa está vieja, gastada, paralizada... Es cara y hay poco donde rascar. Estados Unidos entraña todos los males del nuevo capitalismo y presenta más inconvenientes que ventajas. El CIO ha fijado su mirada en Asia y en los Emiratos Árabes, que parecen dispuestos a pagar lo que sea con tal de aparecer en el escaparate informativo durante quince días. Llegado el momento, maquillarán su realidad, si es preciso, y presentarán al mundo una postal desenfocada de la realidad, todo `glamour¿ y lujo. En ningún lugar está escrito que los Juegos no se puedan celebrar en regímenes dictatoriales. Ya se llevaron a cabo en Berlín 1936, Moscú 1980 y Pekín 2008. Ni siquiera la Carta Olímpica lo dice. En el CIO se frotan las manos ante el aluvión de dinero que puede entrar en sus arcas, cuestiones morales al margen.
Hace pocos días, Roma renunció a seguir en carrera por los Juegos de 2020. Mario Monti, su presidente, confirmó la medida por razones de austeridad. En enero se reunió con su homólogo inglés, David Cameron, que le puso al corriente de la situación que vive Londres, sede de los Juegos de 2012. Los presupuestos se han disparado... La noticia, que podría ser positiva para Madrid, también aspirante al 2020, no lo es porque pone de manifiesto el declíve de la vieja Europa y, sobre todo, las dificultades económicas de España. El CIO es un órgano muy conservador y a sus miembros les preocupa poderosamente la posibilidad de llevar los Juegos a una ciudad azotada por problemas. No quieren líos de ningún tipo. Por otra parte, es bueno y necesario que una ciudad como Madrid pretenda reactivarse bajo el paraguas de los Juegos, que generarán puestos de trabajo. El problema son las rivales: Tokio es la otra candidatura que presenta un perfil más clásico y heterogéneo. A partir de ahí, aparecen tres ciudades emergente como son Estambul, que lo intenta por quinta vez y se presenta como la cuna de un islamismo moderado e integrador, puerta de Asia y al alza; Bakú, capital de Azerbayan, que no pasa por ser la ciudad más cosmopolita del planeta y Doha, esta sí, rival de envergadura que cuenta con los pozos de petróleo como principal reclamo. ¿Convincente...? Su hándicap es que nunca ha llevado a una mujer a competir en los Juegos, pero eso se puede arreglar en Londres 2012 y en Río de Janeiro 2016.
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