VERGONZOSO. Yo no voy a ser tan correcto y `light¿ como el presidente Rosell a la hora de hablar del problema arbitral. Yo creo que las verdades hay que decirlas cuando suceden sin caer en acusaciones partidistas ni tampoco en el victimismo. Me parece bien que el presidente siga la línea marcada por Guardiola, evitar las polémicas, pero me parece mal que diga que hablará a final de temporada cuando reconoce que “este año no pinta bien”. Con la libertad de la experiencia voy a decir mi verdad. Yo creo que más que perjudicar al Barça, lo que es evidente es que los árbitros están beneficiando al Real Madrid. Es vergonzoso que Pepe saliera de rositas de su famoso pisotón y es indignante que nadie haya movido un dedo para que el comportamiento antideportivo de Mourinho en el túnel del Camp Nou acabe con sanción.
LAMENTABLE. Vamos a ver, cómo puede ser que la actitud del técnico portugués sea ignorada por las partes implicadas. Esto solo pasa en el fútbol español. El árbitro, Teixeira Vitienes, fue tan cobarde que fue incapaz de redactar un anexo al acta del partido contando lo sucedido. El Comité Técnico de Árbitros tampoco tomó la iniciativa de denunciar la provocación. Y, por supuesto, el Comité de Competición ha mirado hacia otra parte como si actuar de oficio fuera un pecado. Tristemente hay que reconocer que la estrategia de Mourinho de presionar a los colegiados funciona. Tiene bula. Actúa con premeditación y alevosía. Sienta un precedente grave. De la misma manera que Guardiola está orgulloso del comportamiento modélico de su equipo, Mourinho exige todo lo contrario, que los jugadores presionen a los árbitros y los dejen en evidencia. La maldad gana a la bondad.
SORPRENDENTE. El discurso de Guardiola en la rueda de prensa de ayer lo hubiese podido dar en el paraninfo de cualquier universidad. Palabras sentidas, meditadas y responsables: “Como me voy a quejar de los árbitros cuando hay cinco millones de parados”. Ya verán cómo no pasará mucho tiempo sin que lo propongan para ser Doctor Honoris Causa. Pep es tan listo que lanza su mensaje a los jugadores a través de la prensa. Pero a veces quiere ser tan humilde que se pasa. Cuando le preguntaron anoche por enésima vez en torno a la deseada renovación, se puso serio: “He de sentir que quiero renovar, me he de ganar el derecho a seguir”. Si después de ganar trece títulos de dieciséis posibles todavía cree que aún se ha de ganar la renovación, vamos mal. Está bien que quiera tener el derecho a decidir, pero su continuidad se la ha ganado con creces y renovar ahora sería un gesto de complicidad cuando pide a todos el máximo esfuerzo.
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