DESHOJANDO LA MARGARITA. Muchos en su lugar se irían. Lo ha ganado todo, la crisis no le afecta y, económicamente, tiene la vida resuelta. A todo eso, apenas dispone de tiempo para disfrutar de sus tres fantásticos hijos y de su excepcional mujer. Por si fuera poco, su vida va más mucho más allá del fútbol y tiene inquietudes culturales y políticas. Con este panorama cualquiera cogería los bártulos y se tomaría un año sabático. Sin embargo, Guardiola es distinto. Para lo bueno y para lo malo, es un ser especial. Lo ha demostrado. Su sentido de compromiso es una de sus mejores cualidades. Su compromiso por el club, por los jugadores, por los técnicos, por los aficionados y por su país... Pero Pep es un tipo tan comprometido como indeciso. Guardiola quiere irse pero a la vez quiere quedarse y eso le impide tomar la decisión más importante de su carrera como técnico. Por eso le dijo no a Zubizarreta cuando en realidad le quería decir que sí. Su vida es ahora un auténtico lío. Se iría por unos pero se quedaría por otros. Se pasa el día buscando argumentos para aceptar la renovación pero los encuentra para rechazarla. El conflicto interno no es fácil pero solo él puede resolverlo. El problema es el de siempre. Muchos culés entenderían su adiós pero a otros les parecería inadmisible. Una vez más la división entre el barcelonismo está presente en cualquier decisión que afecta al club, a sus directivos o a su entorno.
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