LA GRAN DECISIÓN. La renovación de Guardiola se ha convertido poco menos que en cuestión de estado para el barcelonismo. Es tanto lo que ha ganado y tanto lo que representa, que sus dudas son angustias para los socios del club. Es difícil de entender que un barcelonista que se ha convertido en el mejor entrenador del mundo en su club de toda la vida no tenga claro seguir al frente de la mejor generación de futbolistas que nunca se han reunido en un mismo equipo. Y, sin embargo, así es, así lo confiesa.
Mi opinión es que Guardiola se debate entre sus propias convicciones. Le creo cuando habla de dudas, son dudas personales. Su cabeza le dice una cosa y el corazón, otra. Miren, desde el primer día dijo que un entrenador tiene un ciclo marcado al frente de un equipo, que los años desgastan el control del vestuario. Pep está convencido de que no es bueno estar más de tres o cuatro temporadas en el cargo. Pero, claro, el Barça, su club, su gente, le piden que siga. Luego está la situación de sus colaboradores técnicos, amigos casi todos, uno, amigo del alma, Tito Vilanova. También ha de pensar en ellos. Son dudas vitales que ha de resolver. Sobre las que le haya podido transmitir el equipo, la actitud de los jugadores en determinados momentos de la temporada, quedaron despejadas el domingo con el partidazo contra el Valencia. Si su estrategia era buscar una reacción, ésta fue fulminante. Pero el domingo, contra el Atlético, debe ser igual... Pep no quiere equivocarse consigo mismo, es su gran decisión.
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